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Cataluña una oportunidad para la reconstitución: escenarios y disquisiciones


Pere Aragonès, candidato de ERC, en el inicio de la campaña del 14F. Pere Aragonès, candidato de ERC, en el inicio de la campaña del 14F.

La ruptura del independentismo, la pandemia y la crisis económica y social, exigen un cambio en la gobernanza

El meu somni lent

de la gran pau blanca

sota el cel clement.

Savaldor Espriu

Mi sueño lento

de la gran paz blanca

bajo el cielo clemente.

Cataluña amanece fría, bajo el sol de febrero y se aprecia una larga espera que conduce por fin a abrigar bajo su cielo a todos los hombres y mujeres, que viven, trabajan y se sienten felizmente miembros de un todo indisoluble, el pueblo, la ciudadanía soberana que se apiña en la igualdad y la fraternidad, que han hecho prospero a este territorio que se abre al Mediterráneo.

En el escenario electoral, intentan desde los postulados conservadores hacerse nuevamente con el bastón de mando del Palau de la Plaza de Sant Jaume. Son los mismos que hace algunos años se cobijaron bajo el manto de la corrupta Convergencia, reconvertidos en independentistas que defienden la vía de la unilateralidad, basada en una minoría en las urnas, (la suma de los partidos separatistas siempre ha estado por debajo del 50%). Los demás no importan, se les ningunean sus derechos, y ellos exigen hacer valer su superioridad etno-cultural, son JuntxCat, presidida desde Waterloo por el ex president, auto-expatriado, Carles Puigdemont, pero en esta ocasión encabeza la candidatura a las elecciones la outsider Laura Borrás como cabeza de cartel presidenciable; imputada por haber, presuntamente, adjudicado de manera irregular contratos públicos a un amigo (una eventual condena podría descabezar políticamente, otra vez a esta formación política). Cabe destacar que la candidata fue cuestionada por el propio Puigdemont y que no goza de su simpatía, y a su vez él mismo está pendiente del suplicatorio ante la Eurocámara para ser juzgado por la justicia española.

Aunque demoscópicamente no existen estudios que le otorguen alguna chance de encabezar la lista triunfadora, si es cierto que aspiran a formar parte nuevamente del Govern, aún después de las consecuencias que acarrearon con los recortes y el encubrimiento de la corrupción pujolista durante el mandato de Artur Mas, de la gobernanza ineficaz del gobierno del propio Puigdemont, que con excepción de la legislación para la ruptura, sólo aportó pobres resultados económicos, un aumento de la desigualdad y la mayor fractura social que ha vivido Cataluña en los últimos tiempo, su aspiración además, se ampara en el gobierno catalán más triste de la democracia, presidido por el figurante President Torras, que dejó en herencia una de las legislaturas más estériles que han existido a causa del desgobierno y la ineptitud.

En cualquier caso, los verdaderos aspirantes a hacerse con el sillón del Palacio de la Plaza Sant Jaume lo componen los integrantes de la lista de ERC, que encabeza Pere Aragonés, un afiliado desde el año 2000, que pertenece a una familia burguesa que se enriqueció durante el franquismo, un perfil simple, que alcanzó la primera magistratura catalana, un poco por casualidad.

ERC, Esquerra Republicana de Cataluña, intenta convertirse en la fuerza política más votada, con la pretensión de ocupar el espacio político, que durante casi cuatro décadas desempeñó CiU y de manera específica Convergencia Democrática. Su actual posicionamiento radica en el propósito de ampliar la base que pueda conducir al independentismo a alcanzar una mayoría simple por encima del 50% del electorado para poder legitimar sus pretensiones ideológicas, una cifra de votantes que no han logrado jamás, ni si quiera en las votaciones convocada por ellos mismos, al margen de la ley, donde la abstención alcanzó el 58%.

Lo cierto es por otra parte, que durante la última legislatura se ha consumado la ruptura de las fuerzas separatistas y la discrepancia, no ha sido debida a la diferencia ideológica, sino que se ha germinado en las ambiciones de liderazgo y en las estrategias a veces contrapuestas de las dos principales fuerzas rupturistas, con el propósito imposible de convertirse en un estado independiente; solo la CUP se aleja de las posiciones políticas de derechas y autonomistas, marcando distancias con el bloque JUNTxCat + ERC.

Lo cierto es que ERC, nunca abrazó el pensamiento de izquierda tradicionalmente entendido, se enmarca en una variante a media distancia entre la socialdemocracia y la democracia cristiana, pero de fuerte inclinación independentista a diferencia de JuntsxCat, que sí es abiertamente una fuerza conservadora.

En cualquier caso, una eventual alianza de estas dos fuerzas podría constituir una de las alternativas para hacerse con el nuevo Govern de la Generalitat, si la aritmética electoral les es favorable.

La otra alternativa se halla enmarcada dentro de las fuerzas no independentistas, pero estas otras organizaciones políticas, si están significadas ideológicamente. Unas, las ubicadas en el flanco de la derecha, concurren dividas en tres agrupaciones, lo que da como respuesta un pronóstico de resultados en forma de bomba de racimos que dejan una gran debacle para Ciudadanos, que fue el partido más votado en las anteriores elecciones y a causa de su hundimiento y de la deriva del PP con un liderazgo gris y débil, darán entrada a la ultraderecha decimonónica de VOX. Por el flanco de la Izquierda, se alza la gran opción política, para la regeneración de la gobernanza, para el restablecimiento de la igualdad y para la restauración de una prosperidad económica, el PSC-PSOE.

El PSC, que aglutina una sólida tradición socialista, un partido nacional de Cataluña, pero no nacionalista, asentado en el respeto mutuo y en el seny catalán, podría encabezar un gobierno que acabara con el denominado “proces”. El PSC aliado con al menos una de las almas de en Comú-Podem, podría constituir la fuerza suficiente para negociar los apoyos necesarios para afrontar una nueva legislatura, que sin duda será difícil. Con una geometría variable esta posible alianza, podría sacar a los catalanes/as del hastío y del hundimiento progresivo, a la vez que podría intentar restaurar la ruptura social promovida por las fuerzas indepes.

Claro está que cabría preguntarse, si esas fuerzas alineadas en la derecha política permitirían un gobierno independentista o por el contrario facilitarían la alternativa a la fuerza más votada y opuesta a la vía independentista. De igual forma cabe interrogarse si en ERC predominará la razón, la igualdad y la justicia social o por el contrario continuará la obstinación en una salida rupturista, sin ninguna posibilidad práctica y efectiva, y por último si los Comunes, decidirán apostar por la izquierda o por la fantasía tripartita, ya que Esquerra, desde el supremacismo, en el fondo les considera, “traidores” …. ¿alimentarán la ilusión indepe o apostaran por una gobernanza que impulse el progreso y la justicia social?

El irrealismo independentista que condujo al fiasco de una independencia virtual que duró 30 segundos, comenzó a navegar a la deriva, vociferando desde lejanos púlpitos, hasta terminar de proyectar el epitafio de la secesión en Cataluña. El New York Times, exponía no hace mucho tiempo que “los más rebeldes ya no defienden en público la autodeterminación con tanto ahínco. Los más inteligentes, negocian. Y como si ello fuese poco la pandemia le quitó el último aliento al catalanismo separatista”.

Tres años de bloqueo político marcado por la incapacidad de afrontar los problemas reales de la sociedad catalana, por el enfrentamiento de los independentistas con el Gobierno y la Justicia, y de los partidos secesionistas entre ellos y de mirar para otro lado casi en todas las cuestionas salvo en una, el duelo por el fracaso del 1-O, unos comicios de ficción, con las mismas garantías jurídicas que un paisucho del tercer mundo y en el bando unionista, en el frente de la derecha, los que se apropian del constitucionalismo. Tres años de exabruptos y pataleos sin fondo alguno, marcados por la irrelevancia práctica de la victoria de Inés Arrimadas en las elecciones del 21D.

El próximo 14F el objetivo es evitar un nuevo Gobierno netamente independentista, como medida sanitaria para sacar a Cataluña del inmovilismo y el marasmo en el que se encuentra sumida y, en caso de que la aritmética no de por sí sola, la respuesta para poder cambiar, intentar facilitar acuerdos con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) para alejar del poder a los sectores secesionistas más duros que Carles Puigdemont sigue capitaneando desde su refugio en Bélgica, pero en cualquier caso, tras la debilidad interna y la nula estrategia y propuesta para la mejoría de la situación en Cataluña, que presenta ERC, haría falta una mayoría suficiente a la izquierda del tablero, para negociar desde una posición de fuerza, basada en la soberanía popular.

Sin embargo, la gran amenaza para las próximas elecciones, se encuentran en la desidia, el agotamiento de la ciudadanía, la frustración amarilla y como si eso fuera poco se añade el miedo al Covid 19, todo ello coloca a la cabeza la indecisión y pone como primer partido a la abstención. Con estos mimbres, el primer partido en las encuestas sigue siendo a quince días de los comicios, los indecisos del “no sabe-no contesta”. El último barómetro del CEO muestra un 36% de indecisos, sumado al 6,3% que asegura que no irá a votar y otro 9,3% que no contesta.

En suma, el sondeo prevé una participación del 68%, pero que podría ser menor, dejando como resultado una abstención histórica. Claro que, en las votaciones ficticias del 1 de octubre del 17, la participación fue de un 43% y según los indepes era suficientemente válida para declarar la independencia.

En cualquier caso, es imprescindible alertar a la ciudadanía, de la importancia radical que implica la necesidad, hoy más que nunca, de inducir a la participación ciudadana. En este punto cabria reflexionar, que los partidarios de la derecha son disciplinados y leales partidarios de ir a votar y los Indepes han demostrado que cuando quieren, movilizan a sus bases hasta la extenuación, así que el reto está en manos de los votantes progresistas, de la izquierda, de la juventud disconforme, de los trabajadores y de los autónomos ninguneados, en sus manos se encuentra la respuesta para el próximo día de San Valentín.

*Andrés Cascio Doctor, Psicólogo Social, Profesor Retirado de la Universidad de Barcelona. Conferenciante, Asesor para la vinculación académica Internacional. - Ha sido Experto Internacional de la O.E.A, y Catedrático de la Escuela de Especialización de la O.E.A. (Panamá) y director de Proyectos del Fondo Social Europeo. UE. Profesor de distintas Universidades y Escuelas de Negocios. Miembro del PSC, Comarques Gironines.

Doctor en Psicología Social, Profesor Retirado de la Universidad de Barcelona. Docente de distintas universidades de España y América Latina.

Conferenciante, Asesor para la vinculación académica Internacional. - Ha sido Experto Internacional de la O.E.A, y Catedrático de la Escuela de Especialización de la O.E.A. (Panamá) y director de Proyectos del Fondo Social Europeo. UE.