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EL PERIÓDICO
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Mal comienzo del nuevo año


Tras el horrible año que se ha vivido, la llegada del nuevo ha despertado muchas esperanzas con la llegada de las vacunas. Sin embargo, el comienzo no puede ser peor con la subida de los contagios, que determinan que los hospitales se empiezan a saturar, aunque con diferencias entre las Comunidades Autónomas. La economía sigue sufriendo el impacto de la pandemia y es difícil imaginar una salida del túnel con lo que supone el aumento del paro, el cierre de empresas y el funcionamiento de las que quedan en muchos casos a medio gas. Otras, no obstante, salen beneficiadas en esta situación, pero son las menos. Fundamentalmente son grandes cadenas multinacionales mientras que las pequeñas y medianas o han muerto ya o están a punto de hacerlo. Lo mismo se puede decir de los autónomos.

Los expertos nos anuncian una tercera ola de la pandemia si no se está ya en ella, de modo que sin ningún tipo de respiro se juntan las dos. Los sanitarios sufren un cansancio físico y psicológico sin tener tregua para el descanso. No se está contratando más personal sanitario necesario para que la fatiga no haga tanta mella en el colectivo que está trabajando intensivamente desde marzo. Este hecho también tiene sus diferencias entre las Autonomías, pero donde resulta realmente grave es en la Comunidad de Madrid. La gestión de la Comunidad más rica de España está siendo realmente catastrófica. Se ha gastado un dineral en construir un hospital innecesario en lugar de reforzar a los ya existentes y a la atención primaria.

Son muchos los sectores importantes en cuanto a producción y volumen de empleo que se encuentran en una situación agónica, como las líneas aéreas, las fábricas de automóviles y las comercializadoras, las agencias de viajes, hoteles, restaurantes, bares y el ocio nocturno, entre otros, que no saldrán adelante fácilmente

Se advierte que vamos a pasar dos meses muy malos hasta que la vacunación pueda tener efectos positivos para lograr la inmunización de gran parte de la población. Estos dos meses en los que hay que resistir la economía sufrirá más de lo que ha venido haciendo hasta ahora, que es mucho. A pesar de este panorama que pinta tan negro, por lo menos en el comienzo del año, observo que algunos colegas e instituciones importantes consideran que una vez vencida en gran parte la pandemia, que no sucederá hasta antes del verano, se estará ante una fuerte y rápida recuperación. Ojalá, pero las cosas no están tan claras ni siquiera con los fondos europeos y con el nuevo Presupuesto, que considero que es bastante adecuado para una situación de emergencia como la que tenemos.

La posible recuperación será posible en función de cómo evolucione la pandemia y los efectos negativos que pueda tener para la economía. Los análisis optimistas consideran que cuando vaya terminando esta pesadilla el consumo reprimido se reactivará con fuerza y será el motor que tire de la producción y el comercio. El problema principal para ello es que las empresas que han desaparecido ya no podrán ser resucitadas, y lo que habrá que hacer es dar oxígeno a las que se encuentran moribundas. Son muchos los sectores importantes en cuanto a producción y volumen de empleo que se encuentran en una situación agónica, como las líneas áreas, las fábricas de automóviles y las comercializadoras, las agencias de viaje, hoteles, restaurantes, bares y el ocio nocturno, entre otros, que no saldrán adelante fácilmente. A lo que hay que añadir el pequeño comercio. El consumo se encontrará limitado por el aumento del paro, el trabajo precario y la desigualdad.

Tras esta descripción se me tachará con razón de pesimista, pues lo que realmente hay que hacer, se dirá, es lo contario, esto es, ofrecer un rayo de esperanza en una situación tan nefasta como la que estamos viviendo. Trato de ser realista y no lanzar las campanas al vuelo como algunos hacen, pues lo peor es crear falsas esperanzas. Me gustaría equivocarme, pero aunque hubiera una recuperación, si se vuelven a hacer las cosas como antes no se resolverá nada. Mi única razón para ser optimista es que se hubiera aprendido la lección y que la crisis fuera una oportunidad para que tuviera lugar la destrucción creativa que dijera Schumpeter, lo que significa cambiar el modelo de producción y consumo actual para preservar a la naturaleza y el medio ambiente, lograr una sociedad más equitativa y en la que la ciencia ocupara un lugar prioritario.

Catedrático emérito Universidad Complutense.