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EL PERIÓDICO
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La dura experiencia de 2020 y las previsiones económicas para 2021


Abril de 2020 fue el periodo más difícil para la economía mundial como consecuencia de la pandemia del Covid-19 desatada plenamente en dicho mes. A pesar de que en los meses de mayo y junio se logró detener la recesión, el resultado global fue de un descenso acusado de la actividad y del empleo en el segundo trimestre del año. Tras una clara recuperación en el tercer trimestre, los rebrotes de la pandemia sufridos a partir del verano han contribuido a frenar la senda de recuperación. De este modo, en el último trimestre del año han podido producirse nuevos descensos del nivel de actividad, que dificultarán la recuperación de la actividad global en 2021.

En 2020 se ha puesto de manifiesto la seria dificultad para subsistir de numerosos sectores y empresas, que han precisado de importantes ayudas para mantener la actividad. Las dificultades han sido mayores en general en el sector de los servicios, especialmente en los subsectores del turismo y de los viajes aéreos. A fines de 2021 podrían alcanzarse niveles de actividad equivalentes a los anteriores a la crisis, aunque en numerosos países todavía persistirán durante 2022 niveles inferiores a los de la etapa previa a la pandemia.

La intensidad del nuevo rebrote de la pandemia a fines de 2020 puede generar nuevos retrocesos de la actividad. De este modo el retorno hasta los niveles previos a la pandemia puede sufrir un nuevo retroceso

De acuerdo con las previsiones del Fondo Monetario Internacional, el PIB mundial, tras crecer a un ritmo del 2,8% en 2018, habrá retrocedido en un 4,4% en 2020, mientras que en 2021 puede tener lugar una recuperación del 5,2% en 2021. El descenso de la actividad en 2020 va a ser superior en los países de economías avanzadas (-5,8%) respecto de los países de economías emergentes (-3,3%). El comercio mundial habrá descendido en un 10,4% en 2020, previéndose una recuperación del mismo de un 8,3% en 2021.

Los procesos de vacunación intensivos en 2021 pueden aumentar la confianza general y rebajar las necesidades de ahorro precautorio. Esta evolución puede animar la demanda de consumo y permitir recuperaciones más acusadas de la economía, que se dejarán sentir sobre todo en 2022. La intensidad del nuevo rebrote de la pandemia a fines de 2020 puede generar nuevos retrocesos de la actividad. De este modo el retorno hasta los niveles previos a la pandemia puede sufrir un nuevo retroceso.

Los procesos de confinamiento asociados con la pandemia y la recesión consiguiente pueden revertir buena parte de los logros conseguidos en los últimos veinte años. Esta evolución acentuará las desigualdades y los niveles de pobreza. La política monetaria desarrollada por los bancos centrales, basada en la adquisición masiva de deuda pública y de bonos, se ha convertido en una auténtica barrera que está permitiendo mantener mayores niveles de actividad. Los tipos de interés continúan situados en niveles reducidos, presentando un nivel negativo el Euribor a doce meses. La pandemia ha provocado los mayores aumentos de deuda pública registrados después de la última guerra mundial.

En el periodo 2021-22 Europa vivirá bajo la sombra de la deflación. El mayor volumen de la deuda tendrá carácter interno, esto es, el principal acreedor será el respectivo banco central. El aumento del endeudamiento general, del déficit público y de la deuda pública llevará a replantearse la conveniencia o no de desarrollar políticas estabilizadoras. Deberá impedirse la repetición de los errores cometidos durante la crisis precedente de 2008-2011, de forma que sea posible ayudar a los sectores más necesitados, así como también habrá que llevar a cabo las inversiones asociadas con la transición energética precisa para conseguir una significativa descarbonización de las economías.

La economía española registró una etapa de crecimiento continuado entre 2014 y 2019, en cuya evolución desempeñó un papel importante el positivo comportamiento de las exportaciones. La aparición de un intenso brote del coronavirus Covid-19 en marzo de 2020 dio lugar a procesos de confinamiento obligatorio. Esta circunstancia contribuyó a reducir la actividad y el empleo, en especial en el turismo y otros servicios, que tienen un peso mayor en España que en el resto de países de la Eurozona.

El PIB de la economía española presentó variaciones trimestrales negativas en los dos primeros trimestres del año. A pesar de la fuerte recuperación de la actividad en el tercer trimestre de 2020, el nivel del PIB en dicho periodo era inferior en un 9% al correspondiente al cuarto trimestre de 2019. En el conjunto de los tres primeros trimestres de 2020 el PIB de la economía española descendió en un 11,5% respecto del mismo periodo de 2019. La demanda interna retrocedió en un 10,5%, lo que indica que la aportación del resto del mundo fue negativa en este periodo, reflejo de la amplitud internacional de la crisis de actividad y de empleo.

En 2020 ha destacado, entre otras medidas de cuantía elevada, la aprobación en la Unión Europea de un Fondo para la Recuperación de 750.000 millones de euros para apoyar a los estados miembros y sectores más afectados por la Covid-19. España puede recibir 72.000 millones en forma de transferencias sin obligación de devolución, junto a otra cifra equivalente en forma de créditos a tipos de interés muy reducidos. El nivel relativo del déficit público en España se habrá situado en torno al 12,4% del PIB en 2020, mientras que la deuda pública puede aumentar desde el 96,9% del PIB en 2019 hasta el 116% a fines de 2020. En este contexto destaca la aprobación de unos Presupuestos Generales del Estado para 2021 de carácter expansivo en los que el gasto público crecerá en un 17,5%.

Dicho aumento de gasto se cubrirá con un importante déficit, que posiblemente sea inferior al de 2020. El Estado y el sector privado podrán obtener, además, financiación en los mercados de capitales en condiciones muy favorables. De ese modo, el reto para 2021 será sobre todo el de emplear mejor las mayores disponibilidades de recursos, destacando la conveniencia de que los objetivos generales para el conjunto de la economía española no se supediten a los fuertes condicionales territoriales que la actual coyuntura política podría imponer.

Vocal del Consejo Superior de Estadística del INE. Doctor en CC. Económicas por la UCM (1977). Es Estadístico Superior del Estado, en situación de excedencia, y Economista Titulado del Banco de España, en situación de jubilación. Ha sido consejero de Economía de la Junta de Andalucía, presidente del Banco Hipotecario de España, presidente de Caja de Ahorros de Granada, presidente del Consejo Social de la Universidad de Granada y gerente de la Universidad de Alcalá de Henares. Actualmente es miembro de Economistas frente a la Crisis y de la Plataforma por una Banca Pública.