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Cuidar la vida en esta Navidad


Después de tanto interés en el control del estado de alarma, este ha quedado en un confuso potaje o purrusalda de descalificaciones tópicas, aderezado por la desconfianza y el morbo de las desavenencias internas en el seno del gobierno, demostrando una vez más que nuestra principal debilidad frente a la pandemia es la división política.

Parece que ahora, desde el reciente repunte de la pandemia en Europa y más tarde en España, la exigencia fuera actuar como si estás fiestas no existieran con el objetivo de salvar vidas y con la expectativa futura de salvar la Navidad del año 2021, o por el contrario actuar como si el repunte de la pandemia no se hubiera producido y lo fundamental fuese salvar económicamente esta Navidad. Vuelven pues de nuevo la soberbia y los maniqueos a la espera de la panacea vacunal, todo ello frente a la lección de humildad que ha supuesto esta ya larga y trágica pandemia.

Algunos, con el razonamiento retrospectivo tan habitual en esta pandemia, reprochan a las autoridades sanitarias que aprobaran un escenario de relajación regulada para las fiestas de Navidad y fin de año al igual que antes consideraron insuficientes las medidas de toque de queda y cierres perimetrales del estado de alarma con el confinamiento estricto como única alternativa.

Como si fuera posible volver a la agonía económica y política del confinamiento general y el mando único frente a la segunda o la tercera ola. Como si después no hubiera habido un periodo de control y confinamiento parcial y como si hubiera sido suficiente con mantener sin más las restricciones del estado de alarma, mirando para otro lado ante unas celebraciones tan tradicionales con componentes económicos sociales, culturales y afectivos, que trasciende lo religioso, y que posee su propia dinámica, como también la tiene la pandemia.

Otros, como han hecho a lo largo de toda la pandemia, no les sirve ni las restricciones del estado de alarma, de nuevo con el reproche del autoritarismo y al mismo tiempo contradictoriamente con la acusación al gobierno de lavarse las manos delegando la gestión en las CCAA, ni el consenso alcanzado para las fiestas de Navidad, que unos no votaron y ahora aplican y del que los otros pronto se descolgaron por un quitame allá esos allegados. En el fondo, porque siguen coqueteando con la primacía de la economía y la inmunidad de rebaño.

Pero todos parecen ignorar, o no quieren reconocer, que la tercera declaración del estado de alarma con el control de las CCAA y la coordinación del Ministerio de Sanidad ha resultado eficaz para doblegar la segunda ola de la pandemia, al igual que se demostró en la primera ola con mando único y en el conflictivo inicio de la segunda en la Comunidad de Madrid. Y, por tanto que al margen del confinamiento total, imposible de mantener a largo plazo, como de la inmunidad de rebaño, inalcanzable con apenas un diez por ciento de seroprevalencia, existe una estrategia alternativa de medidas de testeo, de control y de restricciones con resultados muy positivos frente a la pandemia.

Buena muestra de ello es la evolución hasta hace muy poco de la incidencia acumulada así como de los datos de presión hospitalaria, que han pasado en apenas dos meses de ser los más negativos a situarse entre los más positivos de Europa según dados del ECDC, todo gracias a medidas de restricción de la movilidad así como cierres y reducción de horarios y aforos en la hostelería, la cultura y los centros deportivos que como consecuencia extendieron, y en algunos casos aún mantienen, sus justas protestas y reivindicaciones por las principales ciudades del país. Ese y no otro era el escenario en que el Consejo Interterritorial se planteó regular las fiestas de Navidad en función del momento de la pandemia, consensuando la flexibilización del toque de queda, el cierre perimetral y los aforos en las viviendas, tan solo en las fechas más señaladas.

En estas mismas fechas, el resto de Europa escalaba rápidamente la segunda ola con datos cada día más negativos que ponían a prueba tanto las medidas de los partidarios del confinamientos duro como Francia como a aquellos hasta ese momento menos estrictos como Alemania. De hecho los países autodenominados frugales y los grandes países centroeuropeos, que miraron por encima del hombro al resto de Europa en la primera ola, ahora han reconocido su situación de descontrol y desconcierto ante la segunda ola y su ignorancia sobre el total del conjunto de factores que la ha provocado, entre los cuales la mayoría incluye el exceso de confianza.

Más recientemente , el incremento de la movilidad y la desescalada de las restricciones ha cambiado el panorama de la pandemia también en España, de tal modo que se ha frenado la antes rápida bajada de incidencia y de la presión hospitalaria, para primero ralentizarse y en los últimos días comenzar a repuntar de nuevo, no se sabe si todavía dentro de la segunda ola o anticipando ya la tercera ola que se esperaba para el mes de Enero. Es entonces cuando aparecen los primeros interrogantes sobre la oportunidad de acotar y hacer más estrictas las restricciones al objeto de que las fiestas no provoquen una más dura tercera ola, que además dificulte la ya compleja de los sí campaña de vacunación prevista a partir de los ultimos días de este mes de Diciembre.

El reciente pleno de debate parlamentario, por casualidad había coincidido oportunamente en este marco de repunte de la pandemia en España y en un contexto europeo mucho más duro. Sin embargo la bien llamada 'purrusalda' populista ha impedido el analizarlo en común y sobre todo compartir las diversas situaciones en las CCAA y contrastar ideas para coordinar la reconsideración de la respuesta. Después de tanto interés en el control del estado de alarma, este ha quedado en un confuso potaje de descalificaciones tópicas, aderezado por la desconfianza y el morbo de las desavenencias internas en el seno del gobierno, demostrando una vez más que nuestra principal debilidad frente a la pandemia es la división política y el clima de populismo, al margen de la tradicional marginación salud pública, los determinantes de la desigualdad social y los recortes en la sanidad pública.

Parece lógico que sea entonces el Consejo Interterritorial del SNS el que aborde la reconsideración de las medidas de flexibilización aprobadas para las fiestas navideñas, una vez que ha cambiado el escenario inicial de haber doblegado la segunda ola al surgimiento de un nuevo repunte, si bien en distinto grado entre las diferentes Comunidades Autónomas. Unas claramente en desescalada después de una durísima segunda ola, y otras en pleno incremento de la incidencia como ocurre hoy en comunidades como Madrid, Cataluña, Valencia o Baleares. Parece más que conveniente también que está reconsideración lo sea con el consenso de las CCAA al igual que en su momento lo fue el acuerdo de flexibilización. Pero sobre todo se trata de adecuar las medidas restrictivas a la realidad social y cultural de las fiestas navideñas. No vale ignorarlas ni tampoco el sálvese quien pueda como alternativa.

Por tanto, lo que no puede ocurrir es ni un diktat institucional que supuestamente todo lo puede ni dejarlo todo en manos de la responsabilidad ciudadana. El control del gobierno y las CCAA puede y debe ejercerse con respecto a una mayor limitación de la movilidad mediante los cierres perimetrales establecidos y en particular sobre el toque de queda, la apertura, los horarios y aforos de interiores con problemas de ventilación donde se relajan las normas sobre obligatoriedad de la mascarilla y el distanciamiento. El aire libre y las terrazas, con las mascarillas y el distanciamiento requerido, deberían ser el límite en el espacio público.

Las autoridades sanitarias también tienen mucho que decir, aunque sea menor su capacidad de control, con respecto a los encuentros y reuniones familiares típicos de estas fiestas, aunque la decisión final estará, como no puede ser de otra manera, en manos de la responsabilidad de los propios ciudadanos. Las recomendaciones deberían ser por eso claras pero al tiempo realistas. Las familias se van a reunir sí o sí, pero la recomendación es que deberían limitarse a la unidad de convivencia, el núcleo de relación o la burbuja habitual y con el mayor nivel de medidas de precaución posibles. Una unidad de convivencia que es también mucho más compleja en el siglo XXI que el mero núcleo familiar.

Por último, la práctica inexistencia de la gripe estacional durante estos últimos meses demuestra la utilidad de las medidas de aislamiento e higiene respiratoria, pero también la posible sustitución del virus estacional por el nuevo virus sars_ cov2. En este sentido, seguir planteando la panacea de la erradicación total del virus mediante la vacuna, supondría ignorar la ecología de los virus y por tanto la espectativa más realista de su contención mediante inmunidad de grupo, siempre y cuando prime la gratuidad y la solidaridad internacional. Escpor ello que el aprendizaje de la contención y el control de esta segunda ola y ahora ante la celebración de la Navidad, es útil no solo como lección de humildad, sino también como estrategia a seguir para compatibilizar la contención de la pandemia con la administración de las vacunas a lo largo del año 2021.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.