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Malos pronósticos de la OCDE para la economía española


La OCDE prevé una caída del PIB de España del 11.6% en 2020 y un aumento del 5% en 2021. Cifra, la de este año, realmente aterradora si bien ha suavizado esta caída frente a anteriores predicciones, aunque es la mayor caída de todos los países que forman parte de la OCDE. El hecho de estar a la cabeza de tan malos resultados conduce necesariamente a plantearse muchos interrogantes, pero que pueden resumirse en uno: ¿Por qué? Se puede buscar una primera respuesta en considerar que ello se debe a una mala gestión de la pandemia. A esto ya traté de responder en el artículo anterior “Los males de hoy son los errores de ayer”.

Hay, sin embargo, una cuestión fundamental y de fondo en lo que realmente es el problema principal, que no es otro que el modelo de crecimiento español. Este modelo se ha visto muy dañado muy gravemente como consecuencia de una pandemia que ha golpeado a nuestro país, al igual que Italia, más duramente que a otros. Las medidas tomadas en la primera ola fueron más estrictas que en otros países, lo que tuvo consecuencias muy negativas para la economía. La segunda ola está teniendo a su vez efectos perniciosos en la actividad económica. El verano supuso un respiro que ha servido para aliviar la caída, que de todas maneras es bastante profunda.

La característica principal del crecimiento es que se ha sustentado en la expansión de un modelo inmobiliario-financiero, altamente especulativo y corrupto. Esto ha creado una ficción de falsa bonanza

La característica principal del crecimiento es que se ha sustentado en la expansión de un modelo inmobiliario-financiero, altamente especulativo y corrupto. Esto ha creado una ficción de falsa bonanza por utilizar la expresión afortunada de Miguel Sebastián. La obtención de ganancias cómodas y rápidas ha desviado las inversiones hacia las finanzas, la construcción y la especulación frente a otras inversiones productivas y con una visión a largo plazo. El cortoplacismo es lo que ha predominado, guiado por las ansias de ganar mucho dinero en poco tiempo. En gran parte, esta forma de crecimiento tiene su origen en el gobierno de Aznar (1996-2004) al llevar a cabo la liberación del suelo que es lo que realmente potenció la compra de terrenos y la construcción desmesurada más allá de las necesidades básicas de la economía.

En suma, se llevó a cabo un crecimiento fundamentalmente basado en la extracción de valor y no en la creación de valor, tal como expone estos conceptos con gran acierto Mariana Mazzucato en su libro ‘El valor de las cosas’ (Taurus, 2019). Se ha dado prioridad a la inversión inmobiliaria y financiera sobre la inversión productiva creadora de valor. No es que no existan empresas creadoras de valor y que, además varias de ellas son exportadoras, y, por tanto, competidoras en un mercado global, pero desempeñan un papel secundario en las prioridades del sacrosanto mercado, y en las políticas económicas seguidas. La insuficiente inversión en I+D+i es un talón de Aquiles en un país que ha presumido de una modernización de su economía.

Si a esto se añade la importancia que desempeñan el turismo, sector de la hostelería, bares y restaurantes, se explica el batacazo que ha tenido lugar. Se sufre, además, una elevada dependencia energética de un combustible fósil, como es el petróleo, no habiéndose hecho, hasta ahora, una apuesta por energías renovables que vayan sustituyendo a la energía hegemónica, que permitan disminuir la dependencia y que favorezca un avance en la lucha contra el cambio climático.

En el conjunto de la estructura económica conviven grandes empresas, en la mayoría de los casos multinacionales, con pequeñas y medias, que se basan las primeras en una alta productividad y las segundas en el trabajo intensivo y no en el capital, lo que conduce a una baja productividad. Estas últimas son las que predominan en el tejido empresarial español. Por último, señalar las desigualdades que hay entre las Comunidades Autónomas, que generan una falta de cohesión territorial muy preocupante. De modo que la pandemia ha maltratado a una economía con pocas fortalezas y muchas debilidades.

Artículo original publicado en elsiglodeuropa.es

Catedrático emérito Universidad Complutense.