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EL PERIÓDICO
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Largo Caballero en el Ateneo


  • Escrito por José Antonio García Campo
  • Publicado en OPINIÓN
Largo Caballero (Archivo Biblioteca Nacional de Francia) Largo Caballero (Archivo Biblioteca Nacional de Francia)

El viernes 27 de noviembre de 2020 la Sección de Filosofía del Ateneo y la Agrupación Ateneísta Agustín Argüelles han homenajeado a Francisco Largo Caballero, en un acto impulsado por el Presidente de la Sección de Filosofía, Antonio Chazarra, y el Presidente de la Agrupación Ateneística Agustín Argüelles, José Antonio García Regueiro, y en el que intervinieron, además de los anteriores, Luis de Benito, Luis Miguel López Reillo, Almudena Asenjo, Carmen Barahona, Antonio García-Santesmases y Rafael Simancas.

El homenaje trae causa de un penoso acontecimiento del pasado 15 de octubre, día en el que como si hubiéramos retornado al 28 de marzo de 1939 cuando entraron las tropas franquistas en Madrid, unos operarios del Ayuntamiento, sin previo aviso, destruyeron y arrancaron a martillazos, en la madrileña plaza de Chamberí, la placa en recuerdo de Largo Caballero, Secretario General de UGT, dirigente del PSOE y Presidente del Gobierno de España entre 1936 y 1937 que fue detenido y encerrado por la Gestapo en 1943 en el campo de concentración nazi de Sachsenhausen.

Esta ventana intertemporal se originó tras un acuerdo unos días antes del PP, Ciudadanos y Vox, a propuesta de este último, por el que decidieron quitar las calles y estatuas en Madrid de Indalecio Prieto y Largo Caballero, relevantes dirigentes socialistas de nuestro país en la primera mitad del siglo XX.

Recordemos que la instalación de la placa fue aprobada por unanimidad en el Ayuntamiento hace 39 años, lo que debe llevarnos a pensar que la derecha del Consistorio ha involucionado de tal forma que se siente especialmente incómoda ante lo que simbolizan Indalecio Prieto y Largo Caballero, ambos destacados defensores de los derechos de los trabajadores que hicieron frente al golpe de Estado de 1936 contra la democracia, sublevación que ganó la guerra civil, no debe olvidarse, gracias al apoyo económico y militar de la Alemania nazi y la Italia fascista.

Durante la dictadura franquista al lado de la coacción se utilizó también la autoridad (poder justificado por creencias impuestas como el nacional catolicismo) y la manipulación (el poder sin que lo advierta el sometido). Precisamente el ataque a Indalecio Prieto y Largo Caballero, y a todo lo que simbolizan, nos descubre que una parte de la derecha busca recuperar mediante el poder simbólico lo perdido durante estos años de democracia, consciente de que ya no puede alcanzarlo mediante el ejercicio del poder coercitivo, autoritario y de manipulación.

No olvidemos, además, que como el poder de las formas simbólicas influye especialmente sobre los que han sido preparados para creer en ellas como cómplices activos, este acuerdo de la derecha busca también reactivar caracteres ideológicos latentes en una parte de su electorado y conseguir la adhesión del mismo. Ello explica que habiendo sido una iniciativa de VOX tanto el PP como Ciudadanos la hayan apoyado: temen perder los votos que se corresponden con una sociología franquista. Al captar el carácter ideológico de las formas simbólicas se pone de relieve unas estrategias políticas preocupantes pues priorizan la captación de un electorado de extrema derecha frente a los valores democráticos.

Con la retirada de la simbología franquista que se ha ido ejecutando desde la llegada de la democracia y con el impulso, desde 2007, de la Ley de la Memoria Histórica, el Estado ejerce legítimamente un poder de recuperación simbólica de lo democrático (Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura). En este camino, se espera que en breve una Ley de Memoria Democrática declare "nulos" los juicios del franquismo, elabore un censo nacional de víctimas, convierta el Valle de los Caídos en cementerio civil y dote al Estado de recursos para exhumar restos de víctimas.

De ahí la importancia de que en un lugar tan simbólico como el Ateneo de Madrid, foro de las libertades, se haya celebrado un homenaje a la figura de Largo Caballero y a todo lo que representa, esto es, simboliza: la defensa de la democracia incluso con la propia vida.

Felicito por ello a la Sección de Filosofía y la Agrupación Ateneísta Agustín Argüelles.