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Alguna luz después de un año horrible. No enturbiemos la esperanza


  • Escrito por Gaspar Llamazares y Miguel Souto Bayarri. (Médicos)
  • Publicado en OPINIÓN

Partimos de un par de premisas que no parece que admitan dudas: que no se puede decir que el desenlace de las últimas crisis (la financiera de 2008 y la de la covid-19) se haya desarrollado de la misma manera; y que la gran diferencia entre ambas salidas ha consistido en que ahora contamos con una ayuda del programa europeo de recuperación y resiliencia, de 140.000 millones (el 11 por cien de nuestro PIB). La ayuda, como se puede ver, es de gran envergadura. Tanto que nos había costado una docena años enjugar un déficit público de tantos puntos del PIB. Los mismos años que han pasado entre la una y la otra. Suena lejos el tono amenazante de la troika, de cuando la comisión europea, el banco central europeo y el fondo monetario Internacional nos querían convencer, todos a una, de que nos había estallado la crisis en nuestras narices porque vivíamos por encima de nuestras posibilidades.

Otra buena noticia. En estos días, los anuncios de Pfizer, Moderna y Astra, la Big Pharma, aseguran que las vacunas ya están ahí. La noticia nos sirve para que al fin nos empecemos a sentir liberados del secuestro que hemos padecido durante casi un año de convivencia forzosa con el coronavirus. Ahora restan meses de negociaciones duras para que la iniciativa COVAX de la OMS para el reparto equitativo de las vacunas consiga los fondos necesarios para que se distribuyan en todos los países empobrecidos de Latinoamérica, África y Asia, condición indispensable para que podamos empezar a superar la pandemia. Por ahora, los países ricos se han asegurado un suministro que no deja nada para el resto. Veremos si no se olvidan una vez más del resto del mundo, porque la eficacia de todo el proceso depende en gran medida de que las vacunas lleguen a todas partes.

Como ejemplo de la soberbia verdadera de los países ricos, no podemos dejar de destacar que el gobierno español ha rechazado la propuesta de distintos países y organizaciones no gubernamentales de suspensión de los derechos a la propiedad intelectual de las vacunas. Son cosas que conviene contar, porque lo peor es la sensación de normalidad, las decisiones políticas camufladas que parece que nadie las ve. Una mala noticia.

Vivimos en un mundo en el que cada vez más los ricos viven a costa de los pobres. Incluso parece que muchas cosas que acontecen en ese ámbito están protagonizadas por condicionantes irracionales. Qué decir de nuevo de nuestra querida España? Pues empezando por cuestiones que deberían de ser fáciles de entender, con la disparatada protección de familias que son usuarias de la red de educación concertada y les parece que es justo que además de resultarle gratis, puedan elegir el colegio que quieran y cerrarlo también para quien ellos decidan. En nuestro país sabemos mucho de eso. Pues qué otra cosa es sino el despropósito de que muchos millones de ciudadanos les paguemos el colegio privado que ellos mismos elijan, mientras ellos deciden en última instancia sobre cómo van a educarse los hijos de las familias más humildes; educación a la carta para los ricos pagada por los pobres.

Y todavía hay quien se extraña de que la ley Celaa no haya sido una ley de consenso. Es bastante que sea una ley plural frente a la monolítica ley Wert, pero el consenso es muy difícil cuando para ello se impone el pie forzado de una doble red educativa clasista que mezcla conocimientos y creencias, y con la pretensión de mantenerse con financiación pública y sin ninguna regulación que garantice un mínimo de equidad. La buena noticia es que, además, se consolida la mayoría de investidura como mayoría presupuestaria y que pasan a la historia los presupuestos austericidas de Montoro. Con ello se dota la salida social a la pandemia y tiene lugar la incorporación de las medidas de reconstrucción de la Unión Europea, que no es poco.

La desigualdad es el principal problema del capitalismo en el mundo actual. Y lo peor es que en muchos casos el poder político se ha alejado de la clase trabajadora, agrandando el problema. Lo cierto es que en eso el estado social de las democracias europeas ha servido de una cierta protección contra el modelo a seguir de Estado roto que se ha querido implantar desde los Estados Unidos durante las últimas décadas. La clave es preguntarse qué tipo de democracia y de estado social perseguimos en la izquierda europea. Por ejemplo, cada vez hay un consenso mayor acerca de la amenaza que las High Tech representan para las democracias, y sin embargo no hay ningún atisbo de acuerdo sobre cómo responder a esa amenaza. En la aldea global de Occidente todos nos vestimos igual, vemos las mismas series en la televisión y usamos las mismas redes sociales. Pero las diferencias enseguida se perciben y los contenidos políticos son diferentes cuando los que se identifican son los intereses de clase. La democracia estadounidense ha demostrado, además, este último mes, su falta de solidez ante una situación de unos resultados que daban ganador con nitidez a Biden y una actitud de Trump más propia de un golpismo bananero que de una democracia occidental consolidada. Al presidente en ejercicio, al fin, le han obligado a tirar la toalla (aunque sin aceptar la derrota), no sin antes poner en duda el proceso desarrollado en su propio país de una manera inaudita, en donde simultáneamente están teniendo lugar diferentes procesos de evolución inversa: el país más tecnológico del mundo, y con un sistema de recuento de votos rudimentario y totalmente impropio que denota un cierto desprecio por la parafernalia democrática.

De modo que por un lado aparecen indicios de regreso a actitudes autoritarias; y por otro, aunque el nombramiento de Antony Blinken como secretario de Estado en el equipo de Biden puede ser una apuesta por el multilateralismo y la amistad con la UE, durante el trumpismo se han fortalecido posturas de unilateralidad en la política norteamericana. Lo que suscita algunas dudas fundamentales: qué sentido tiene plantearse hoy en día una alianza reforzada con los americanos? No sería más adecuado para los intereses de la UE alcanzar una mayor independencia de EEUU?

Pero volvamos a lo que estábamos. Ya hemos dicho que parece que tenemos vacunas y ayudas. Otra buena noticia es que salimos de una dura segunda ola pandémica sin haber tenido que volver al confinamiento total; lo malo es el saldo de enfermedad y muerte que aún tendremos que pagar. Esperamos que hayamos aprendido de la desescalada de la primera ola y no se nos ocurra precipitar ahora otra vez la salida. La navidad de 2020 puede ser una celebración distinta pero no nos podemos permitir que sea la antesala de una tercera ola en plena primera fase de la vacunación. No enturbiemos la esperanza. Ojalá prime la colaboración política y el civismo.

De todos estos escenarios hay alguna enseñanza que se puede dar a conocer: el siglo ha venido demasiado agresivo; pero menos mal que no estamos solos. También, que la UE, con sus democracias y su estado de derecho y social es hoy por hoy un modelo muy robusto y, por tanto, un polo de atracción para las gentes de países pobres. Incluso dos de los mayores receptores de ayudas europeas, las populistas Hungría (Orbán) y Polonia (Morawiecki), que prefieren ejercer de troyanos y torpedear en lo que pueden el espacio europeo, prefieren hacerlo desde la seguridad del espacio de confort, o sea, desde dentro. Fuera hace mucho frío. En definitiva, buenas y malas noticias.