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La Espagna de los franceses: todo el monte no es orégano


Los políticos por sus intereses generalmente nos tienen absorbida la moral dándonos a todos mucho opio para que estemos distraídos y nos creamos que todo el monte es orégano. Lo digo, en concreto, con la mentira que nos dicen en España de lo que importa en Europa nuestro país, se diría que somos fundamentales, que sin nosotros no seguirían adelante. Y claro, esto es mentira.

El único interés que muestran fuera y ahora me centraré en lo que pueden llegar a pensar nuestra vecina Francia, con sus franceses de baguette y sus normas y restricciones, es aprender español. Da igual si es el español de España, si es de México o de Argentina, casi mejor estos últimos. Aprenden el español, pero ojo, lo aprenden “a la mesa” traducción literal, quiere decir, que aprender a traducir, a trasladar cualquier tema, idea o noticia que esté en español a su preciado francés escrito, pero en general desde el punto comunicativo de las lenguas, no lo hablan o no quieren hablarlo.

Los más avanzados que cursan estudios en español, tienen asignaturas como cultura, civilización colonial, versión y thème, todas materias para poder traducir. Normalmente las lecturas que se realizan son de autores latinoamericanos y la cultura y civilización que se estudia, también. Picasso es francés, como Cristophe Colomb también, que son las únicas referencias que dan en la primaria, la guerra de la independencia no se estudia en absoluto, Nadal es un chulillo que se dopa y donde esté Federer...Somos unos cabestros con los toros, hacemos unos siestones impresionantes y pasamos muchas horas divirtiéndonos constantemente. No terminan de comprender ni comprenderán jamás, el espíritu que hay detrás de hacer tanta vida en el exterior de nuestras casas, como tampoco comprenden que haya un rey que nadie sabe lo que pinta, -es normal yo tampoco lo entiendo- después de haber tenido una dictadura tan horrible, a partir de la cuál la mayoría de los españoles que se tuvieron que exiliar en tierras galas, perdieron el idioma español para sus generaciones. En Francia, nadie te va a hablar en español en ningún lugar, aunque se estudie como opción desde los 12 años. Es que los franceses son muy tímidos, esbozan y esgrimen (de esgrima, combate) ellos siempre que se ven desnudos ante la evidencia de que han estudiado ocho o nueve años de español; pues en realidad, no saben por donde se andan. Eso sí, pueden traducir a su lengua cualquier cosa, a su lengua, lo que significa con toda la idiosincrasia de una lengua, donde puede cambiar todo el espíritu de la noticia, si me apuras.

Solo alguna tienda Zara que es de gallegos colonizan cada ciudad y algunos productos de la huerta como berenjenas, pimientos, fresones y calabacines, colonizaron sus mercados, muy a su pesar, camión va camión viene. Hay melón español que es el mismo melón que en España compramos como melón francés. Ellos argumentan que el fresón que en su momento vino de Huelva no está mal, pero donde estén sus fresas que se quite todo, éstas las venden en seguida. Ni plátano canario, (los que hay por allí son de las miles de islas que tienen los franceses) ni tomates (que son de Marruecos). Los cantantes (para la gente joven), son todos latinos, se salva Enrique Iglesias (porque habla el francés) su padre que ya conquistó en su momento el terreno y Alejandro Sanz.

El tan traído y llevado aceite de oliva español, pues otra mentira, nunca he encontrado aceite español (salvo el Lidl) todo el aceite es griego y turco, no les hacemos falta para nada. En literatura lo tienen todo hecho, no va a venir Saramago a contar la Biblia en verso porque no le conocen en absoluto, a lo sumo algún autor de bestsellers catalán. Almodóvar es conocido, conocido, porque ellos tienen su propia opinión del cine que hace. Una cosa es hacer una exposición en París para cuatro esnobistas sobre el cine de Almodóvar y otra muy distinta que aquí se quiten el sombrero cuando pase él. (Ahora vengo que me ha dado un ataque de risa.)

Pero nuestra invisible presencia pasa por nuestra presencia en las tiendas Dutti-Free o tiendas de venta internacional. Allí se pelean los perfumistas americanos contra los invencibles franceses que son los que ocupan la mayoría de las repisas y stand. Las marcas que ganan de tabaco no son españolas, ni las bebidas, ni los chocolates, ni los perfumes -nosotros teníamos la casa Gal, Joya, Maja- de la misma antigüedad que los franceses que han debido de morir en la noche de los tiempos. Batallan por un huequito en las estanterías Jesús del Pozo, Roberto Verino y los Vittorio y Lucino que nadie sabe que son sevillanos o que crean en Sevilla. La línea de maquillaje, ya sabemos que son franceses o americanos, han conseguido dar al traste con la inglesa Max factor –que está paulatinamente desapareciendo- y Margaret Astor que creo que era española.

De España nada, aunque sean Dutti-Frees canarios con su trasiego de extranjeros. Algo de turroncillo, pero para los franceses es muy ordinario, nada que ver con sus macarrons que son top classe y si les gusta, siempre dirán que ellos tienen otra cosa muy parecida, ¡para qué alabar al vecino!.Las patatas fritas son invento francés (aunque lo inventaran los belgas), los bocadillos de toda la vida –que en Francia les llaman sandwich- pues no sabemos hacerlos porque están secos y no llevan salsas. En cocina poco hay que enseñarles, ¡quién como la cocina francesa con sus cuisiniers! Todo lo demás es requeteordinario y con mucha grasa. ¿Cómo un niño puede merendar algo salado? Es que en España estamos locos. También chillamos mucho como los italianos o como las madres marroquíes, chillamos, chillamos pero no tenemos disciplina ninguna. (eso es para las madres).

El jamón serrano tiene buena acogida pero tampoco lo encuentras en cualquier lugar. El buen chorizo –muchos se creen que se dice y se escribe cogizó, pues ellos mismos, solitos, solitos lo hacen también. Hay que ver la que te entra después...pero eso da igual, este es el país de la gastroenteritis, de puro cerdo que digo yo. La paella está establecida como una comida más, puede uno decir “fíjate como estamos presentes los españoles” pues no, no estamos presentes porque muchos ni saben que es un plato espagnol. La paella, como el taboulé ha sido incorporado a la cotidianeidad de los supermercados que no a la del francés de la calle, demostrando a poder ser con ello, que aquí conviven todas las razas. No saben que donde sí han convivido muchas razas es en Hispania y por ello nuestra lengua es extraordinaria.

Una de las sensaciones horribles por ejemplo, es que le añaden a la paella: chorizo. Es decir, nunca han comido una paella pero les suena y la venden en Carrefour de aquella manera, con chorizo y mejillones todo mezclado, ¡qué asco! Cuando les dices que la paella no es así te miran como diciendo “esta quiere destacar”. En general, no hay nada que descubrirles porque ellos tienen de todo, en un país donde hay que estar reafirmando continuamente con el pronombre personal yo, (je) para todo. Yo quiero esto, yo aterrizo, yo, yo, yo...no me extraña que estén mal de la psiquis y del sentimiento de superioridad. Este despliegue de heroísmo y protagonismo mundial, ya se sabe que ha caído para ellos, pero se resisten a reconocerlo. No se puede vivir de las rentas, siempre. Lo que fue, no tiene por qué seguir siendo. No son todos los ciudadanos Robespierre ni Rousseau, también hay paletos y de los buenos.

Los más liberales que he conocido –algunos aristócratas o profesionales que hablan idiomas y que por comercio tienen que relacionarse con otros países- son los que han aplaudido todo lo que escribo de las diferencias entre nuestros países. Otros dicen, llevas razón somos así, tal como nos describes: egocéntricos que no queremos a nadie, pero les sienta como una puñalada trapera y me miran con recelo.

El resumen –porque podría seguir páginas y páginas- y esto ya lo leerán en un nuevo libro- es que España ni pinta, ni nada, es invisible y bien que se encargan de que lo sea, dando informaciones de nuestro país a cual más rocambolesca y tergiversadas. Una pena, pero todo se puede cambiar y cambiará, al menos aquí estamos luchando por cambiar las cosas.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.