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La velocidad a 30 km/h: una medida valiente y moderna


Dejé el Ayuntamiento de Bilbao a finales de 2011 tras una apasionante etapa de mi vida y en la que tuve el honor de encabezar dos veces la lista socialista para la alcaldía de mi querida villa natal. Y desde entonces, no he opinado apenas públicamente de lo que constituye eso que se llama actualidad municipal. Por varias razones. Entre otras porque está al frente del equipo socialista un compañero y amigo como Alfonso Gil con quien tanto he trabajado desde hace tiempo y que comparte conmigo la visión unamuniana de que el mundo es un Bilbao un poco más grande.

Sin embargo, me he decidido a escribir esta tribuna al hilo de un debate importante que está teniendo lugar en Bilbao en torno a la movilidad y la denominada “velocidad 30”. Y en particular, por la descarnada crítica que el PP ha lanzado contra una medida innovadora y que cuenta con el aval del resto de formaciones políticas en el seno del consistorio (PNV, PSE- EE (PSOE), EH-BILDU y ELKARREKIN-PODEMOS).

Confieso que las posiciones políticas del PP me resultan incomprensibles en tantos asuntos, pero cuando se trata del futuro de mi ciudad, me producen una perplejidad difícil de explicar. En concreto, el PP ha calificado la medida como “un despropósito”. Exige que se deje en paz a los ciudadanos y las ciudadanas. Y esto me lleva a alzar la voz y a trasladar una opinión que surge de la experiencia y de la razón.

Pero permítanme que antes comparta una historia para enmarcar la errática política del PP en la villa fundada por Don Diego López de Haro. Si hay algo que hoy por hoy es un caso claro de éxito y que ha supuesto un antes y un después para Bilbao, es la construcción y puesta en marcha del Museo Guggenheim. No parece que se necesiten muchas palabras para defender esto. Pues bien, el PP se opuso de manera frontal a esta iniciativa, hasta el extremo de que su candidata a la alcaldía en las elecciones de 1995 llegó a afirmar literalmente “Si soy alcaldesa, lo primero que haré será parar las obras del Guggenheim”.

Con estos antecedentes, no resulta en absoluto extraño que ahora utilicen una argumentación semejante contra una medida innovadora como la de reducir la velocidad en el seno del casco urbano. Medida avalada por entidades de todo tipo y particularmente, por la DGT que conduce un hombre con el prestigio y la valía de Pere Navarro.

Pere Navarro fue Director General de Tráfico primero con el ministro José Antonio Alonso y después con Rubalcaba, logrando en la política de movilidad un salto espectacular en España. Hubo una medida estrella que fue el denominado “carnet por puntos”, pero puso en marcha además toda una batería de medidas y, sobre todo, una reflexión profunda sobre las políticas asociadas al tráfico. Fundamentalmente, lo que se perseguía era reducir la mortalidad en nuestras carreteras y garantizar una mejora de la seguridad vial.

Y el éxito fue indudable. En la clasificación europea de siniestralidad vial, España pasó de tener 136 muertes por millón de habitantes en 2001, a 54 en 2010. De 5.500 muertes en 2001 a 2.478 en 2010. En 2010 hubo una sensible reducción en todos los indicadores 85.503 accidentes con víctimas, 2.478 muertos, 11.995 heridos graves y 108.350 leves.

En 2001 esas cifras eran las siguientes: 100.393 accidentes con víctimas, 5.517 fallecidos, 26.566 heridos graves y 123.033 heridos leves.

Y mientras el gobierno socialista trabajaba adoptando medidas, algunas de ellas muy impopulares, teníamos que asistir al bochornoso espectáculo del PP y en especial de José María Aznar, poniéndolas en cuestión. Supongo que todos recordarán aquella frase de “me va a decir Ud. cuantas copas de vino puedo o no puedo beber.

Y el gobierno del PP mantuvo una posición totalmente contraria a introducir el carnet por puntos que como quedó demostrado, fue una auténtica “bendición” para la ansiada reducción de la mortalidad en nuestras carreteras.

Según todas las estimaciones, la política de seguridad vial que realizó el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, salvó la vida a más de 9.500 personas en aquellos años.

Y el argumento de Aznar y del PP de entonces es idéntico al de ahora. Dejen Uds. tranquilos a la gente. Su política es un despropósito.

Pues bien, todo lo contrario. La medida de reducir la velocidad a 30 Km/H en ciudad tiene varias razones. Tal y como ha explicado el Ayuntamiento de Bilbao por boca de Alfonso Gil y como ha avalado la DGT con Pere Navarro. Podríamos avanzar tres argumentos sin ánimo de ser exhaustivos.

En primer lugar, a 30 Km/h el accidente sería de “chapa”, pero evitaríamos una víctima mortal. No olvidemos que en el momento presente se producen aproximadamente 500 fallecidos en accidentes en nuestras ciudades, según ha explicado la DGT.

En segundo lugar, la reducción de la velocidad supone una tranquilización del tráfico que permite hacer realidad la compatibilidad entre vehículo0s, bicicletas y peatones. Hay una especial atención a las personas mayores de 65 años y a quienes tienen reducida su movilidad o sus facultades sensoriales. Las ciudades parecían estar diseñadas para los vehículos y ahora se pretende una modalidad de usos diferente. Son nuevas ciudades más amables y habitables.

Y, en último término, hay un compromiso evidente con una política de reducción de emisiones y protección del medio ambiente. Esa crisis climática que tan en riesgo pone nuestras vidas.

Soy plenamente consciente de la dificultad de implantar esta clase de medidas en una ciudad como Bilbao o como cualquier otra. Pero cuanto antes tomemos conciencia de su bondad y lo pongamos en práctica será mejor.

Aún recuerdo las tremendas polémicas que se daban cuando el Ayuntamiento planteaba peatonalizar una calle. Recuerdo algunos casos tremendos que dieron lugar a debates intensos en el seno del pleno municipal. Pero una vez pasado ese periodo, no encontrabas a nadie dispuesto a defender una vuelta atrás.

Como ocurrió con el Museo Guggenheim, que contó también con su correspondiente plataforma en contra y cuyos impulsores se han evaporado en las oscuras brumas de las causas sin sentido.

Pero volviendo al origen de este artículo. La moderna política de movilidad en las ciudades ha cambiado su paradigma. Hasta ahora, la norma era 50 Km/h como regla general y la posibilidad de que el Ayuntamiento pudiera reducirla en algunas calles o tramos. Ahora es al revés, 30 Km/h como norma, con la posibilidad de que un Ayuntamiento pudiese elevarla en algunos tramos o calles.

Es falso el dilema coches vs peatones. Se trata de convivir en el mismo espacio con seguridad y de manera respetuosa. Se trata de atender a cuantas personas viven en una urbe.

El consistorio de Bilbao ha tomado una decisión. Y yo podría haber entendido que la discusión fuera si debe ser 30 km/h en toda la ciudad o hacer alguna excepción. Pero afirmar que esta medida valiente y moderna es un despropósito, califica al PP y les vuelve a situar ante el espejo de su propia historia y su oposición frontal al Museo Guggenheim y por ende al desarrollo de Bilbao.

Y concluyo como empecé. No suelo opinar en público de la gestión de quien me sucedió al frente del grupo socialista en Bilbao. Y no lo hago, entre otras razones porque las decisiones que toma se deben a su compromiso con la villa y con la mejora de la vida de quienes vivimos allí.

Abogado, licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto, y experto en Responsabilidad Civil, Derecho del Seguro, Derecho Penal y Derecho de la Circulación. Senador socialista en las Cortes Generales por Vizcaya.