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EL PERIÓDICO
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Mentira y perversión democrática


Abascal se sentía perplejo al recibir el varapalo de Casado en lo político y en lo personal. Digamos de entrada que lo personal debería quedar a un lado en el debate parlamentario, y quizás en todos. La objetivación de los problemas y la propuesta de solución, deberían presidir las intervenciones, dialécticamente presentadas. La refutación no exime al diálogo.

No podemos asegurar que el súbito giro al centro del PP no sea postureo, más tarde desmentido por su gestión. Lo que sí parece es que, de ser verdad, “llega tarde” como le fue dicho. La política que ha de marcar el sentido de la gestión de una sociedad, no puede hacerse a saltos, y el sentido político de este PP ya está marcado por su trayectoria. ¿Será mentira esta nueva verdad? Habrá que verlo.

Viene a cuento, no sólo a cuenta de la reciente Moción de Censura, que como tengo dicho en redes se ha parecido más al shakesperiano cuento de ruido y furia contado por un idiota, y no se me encocoren, vayan al griego “idiôtês”. De este idiota, una de sus acepciones es la de ciudadano mediocre, ignorante, vulgar e inexperto, que si bien utilizado para la acometida, es fuente de la que señala Mauricio Ferraris como “la emisión de `bullshit, o sea, de paridas fuera de lugar”, es devuelto a toriles una vez cumplida su tarea, o ya no controla los derrotes.

De la mediocridad venimos asistiendo a la emisión de fuegos artificiales que pretenden incendiar el campo, y quizás, hartos de comer cohetería que amenazaba con incendiar sus sillones, de la otra parte ha salido el cuento lleno de furia de la que no sabemos aún si quedará sólo en ruido, como nos tememos.

¡Qué lejos queda este rigodón entre el salto ciego del que canta el que no sabe, y el avanzar que repta, de aquella definición de Richard Rorty!: “La que distingue al hombre civilizado del bárbaro es advertir la validez relativa de las propias convicciones y defenderlas, sin embargo, resueltamente”. La civilidad no empecé que la relativización de sí mismo, dando espacio al otro, merme la propia convicción argumentada, en tanto no se le demuestre lo contrario.

Al lado de la representación teatral, comedia bufa convertida en tragedia que tapa el latinajo de “vox” de un bofetón en su boca, me lleva también a escribir estas consideraciones el artículo de Daniel Innerarity publicado en El País, el pasado 10 de septiembre, con el título “La democracia y la verdad”.

Allí, Innerarity define la democracia como fruto de un proceso de aprendizaje de compatibilidad entre el respeto al valor de la verdad en la vida pública y la sospecha frente a quienes pretenden monopolizarla. No queda clara la anfibología, si se refiere a quienes pretenden monopolizar la vida pública o aquellos otros que buscan el monopolio de la verdad. Más bien creo que impulsados por la segunda pretenden el asalto a la primera. En cualquier democracia, aprovechándose de sus valores, existen minorías que pretenden el dominio de lo público con sus ideologías de cartón piedra, pero no están lejos del intento de monopolizar la verdad. La suya es una verdad abstracta, metafísica, alejada de la realidad, en tanto que la verdad política es la adecuación de la inteligencia al hecho que trata de comprender y transformar.

De alto valor descriptivo nos parece su aplicación al terreno de la moral. Dice Innerarity: “entre los comportamientos morales exigidos por la democracia está también aprender a presentar la posición propia como políticamente preferible, pero no como moralmente superior”. Convengamos que, en este caso, la conducta moral se encarna en la política como veracidad, una veracidad que consiste en hacer verosimil racionalmente su comprensión de la realidad.

Sin embargo, a nuestro juicio, nuestro autor señala hacia una desviación de la política cuando menciona unas afirmaciones de Cayetana Álvarez de Toledo cuando ésta dice “que con su cese no se está dirimiendo una batalla entre la moderación y la radicalidad porque su estilo belicoso no es un asunto de grado, sino el resultado de una determinada manera de entender la política”.

¡Acabáramos! En política es recomendable la moderación, que para llegar a la radicalidad hay tiempo. En toda moderación, “políticamente correcta”, puede estar presente el disimulo o, en su cara opuesta, el no saber estar institucional. No parece condenable ninguno de los dos extremos, siempre y cuando se objetiven los temas a tratar, y en su tratamiento estén presentes la coherencia del sujeto político y la racionalidad. No podeos decir aquí, por mucho que repudiemos el estilo de la Sra. Álvarez de Toledo, que en su conducta se haga visible el embuste. Bien puede estar lejos de que su razonamiento se adecúe a la realidad, y no sea consecuencia de una interpretación sesgada de la misma, pero en lo que dice y hace está ella misma y no miente. Mayores dosis de embuste y de postureo vemos en aquellos que durante años han venido cultivando la huerta de los venenos, y súbitamente cambian, separándose del hortelano.

De la afirmación de la Sra. Álvarez de Toledo se deduce que, para su ideología, la belicosidad “es el resultado de una determinada manera de entender la política”. Queda claro que, para los señores del PP, cuando hacen la ¡media vuelta, ar!, están haciendo un movimiento estratégico del que no te puedes fiar. Hay que tomar precauciones de asepsia cuando se haga precisa la negociación con ellos, cualquiera que fuere el tema a negociar. El histrionismo, la sobreactuación de Abascal, al dictado de libretos ajenos pero coincidentes con su verdad personal, hizo confundir en él persona y personaje. No podemos decir que se falsificara, pero sí que sobreactuó, y por ello fue desalojado del “cartel”. Lo mismo sucedió a Cayetana.

En semejantes sobreactuaciones de personas que llevan el uniforme en la piel, una parte de le derecha española se vio representada. Decían y actuaban tal y como esa derecha quería ver y escuchar, y no los postureos que los imitaban. Por esa razón VOX crecía mientras C´s y PP mermaban, y lo santos sillones corrían peligro. Cayetana defendía “su derecho a decir la verdad”, su verdad, pero en la votación de la Moción de Censura se volvió a colocar la librea y votó con en Sr. Casado.

Una es la verdad de la derecha, su verdad posesiva como todo lo suyo. Por eso, para imponerla, se identificaba con estos dos personajes de refuerzo: Cayetana y Santiago y rompe España. El Sr. Casado y su PP, a las órdenes del Sr. Aznar, había adoptado la “moral del camaleón” al tomar emprestadas las espinas del “puercoespín”: Si tu te vas hacia la ultraderecha yo te sigo, porque te necesito para que seas las patas de mi sillón y para que no me arrebates el asiento desde abajo. La fábula de la rana y el escorpión resultaba en mixtura de venenos: ¿Quién era la rana? ¿Quién el escorpión? ¿Quién cabalgaba en quién? ¿Quién soportaba a quién? Este escorpión no tenía por misión picar a la rana, sino l malvado gobierno. Esta rana, habitante de la charca y el fango, tenía por encomienda trasladar al escorpión hasta los aledaños de las bancadas de la izquierda. Pero, héteme aquí que en plana travesía se dijo la rana: éste, si llega, me quita el sitio como dueña de la charca, y se dio la vuelta, y mostró al escorpión su verdadera cara de alacrán, y lo picó. Lo malo es que los dos estaban en plana travesía del cenagal, y lo que puede suceder está por venir.

¿Veremos surgir un PP más dialogante y negociador, tal y como pretenden tantos votantes suyos, y tanto dirigente centrado y sensato? ¿Tendrá cintura el Sr. Casado y su PP, para plantarle cara al Sr. Aznar, y adoptar ese nuevo talante? ¿Se le romperán las vértebras de tanta torsión? ¿Deberá el PP buscar otro líder con más cintura? Ante el peligro de una metamorfosis kafkiana, han roto en la pista sus disfraces, pero revistiéndose de otro que no es el suyo. No son gentes dadas a la comprensión de las razones del otro, a pensar en el bien común, del que el otro es parte, a ceder posicionamientos para conseguir acuerdos. Imponen sus opiniones como verdades axiomáticas. Mucho tendrían que cambiar.

Dice Innerarity, y dice con verdad, que “la verdad en política es una aspiración compartida, no una propiedad privada o un arma arrojadiza”. Yo diría más: la verdad se sustantiva en el político cuando su dedicación a transformar la realidad al servicio de la mayoría, es reconocida por esa mayoría como aquel en quien se puede confiar. Dicho de otro mod: el soporte de la acción política es su veracidad no fabricada como artificio, y se la da la opinión pública, consciente de estar asistiendo a hechos verdaderos. Una democracia no puede subsistir sin veracidad en la ética política y sin el apoyo en una ética civil que en ello participa. No hay en ella verdades absolutas, sino aquellas que se van haciendo en la realidad que se construye, y en ella se evidencia.

Mucho me temo que este giro apresurado de veleta, que ha dado el PP del Sr. Casado, suponga sólo un desnorte. No porque no sea una buena dirección la de retornar al centro derecha, que sin duda lo es, sino porque debe ser seguida de una gestión que los encamine, y en este caso, el componente adherido de su herencia pesa demasiado, más que cualquier oportunismo. Mientras tanto, el monstruo que han parido y amamantado seguirá engordando con todos aquellos que, en la derecha española, se den cuenta de la impostura.

¿Por qué la mentira se hace a veces con los mandos de la política, y muchos entonces se bajan de ese autobús? Porque su compromiso con el bien común se vuelve particular y sirve a intereses ajenos a la propia política, y entonces tiene que vestir la “doble casaca” de que hablaba Galdós, y tiene que aparentar que sirve a unos intereses colectivos, porque en ellos le va el voto, mientras dobla el espinazo ante otros. Total, estamos hablando de mentiras en librea. La máscara llega a ser persona que ya no se la puede arrancar.

Tienen su maestro admirado: Mr. Trump, al que el Washigton Post del 2/10/2020 ha encontrado un crecimiento exponencial en la fabricación de las mentiras: 10.000 en 827 días, ¡12, 09 diarias!, 20.000 en tres años y medio, ¡el doble en poco más de un año. Y 1000 de ellas sobre la pandemia. Es evidente el proverbio: Cuando cabalgas sobre el tigre ya no te puedes bajar de él. Mr. Trump se ha parapetado tras un muro de mentiras, como pretendía parapetar a los EE.UU. con otro muro de hormigón armado, y lo de armado hay que pensarlo. ¡Y le votan y jalean, oiga, mientras se abre paso a codazos! ¿Nos parece inverosímil que los seres vayan como en reata tras un flautista de Hameling, dejándose el cerebro nel perchero? Haberlos ahílos. Ojo con el de la flauta.

Periodista y escritor. Presidente de la Agrupación para el Estudio de las Religiones y Vicepresidente de la Sección de Filosofía del Ateneo de Madrid.