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A martillazos


El pasado 15 de octubre se ha procedido a quitar “a martillazos” la placa que ornamentaba la casa natal de Francisco Largo Caballero, en el madrileñísimo barrio de Chamberí, coincidiendo para mayor escarnio con el 155 aniversario de su nacimiento, en la que constaba la inscripción: “A Francisco Largo Caballero, testimonio vivo de honestidad y entrega al servicio de todos los trabajadores”. Cumplían así con lo acordado por mayoría en el Pleno Municipal de 29 de septiembre, de retirar las calles, placas y monumentos erigidos en honor del líder histórico socialista junto con Indalecio Prieto, contando con los votos de toda la derecha (PP, Cs y Vox) a propuesta del partido de ultraderecha.

Lo hacían amparándose en el cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica, y tras un delirante tuit del ultraderechista partido, que indicaba “Derogad la Ley de Memoria Histórica. Primer aviso”. ¿Se podría llamar a esto amenaza de algo venidero?.

Hay que retroceder en el tiempo para recordar, que la placa obra del escultor de Pepe Noja, (autor también de la estatua en Nuevos Ministerios) instalada en la Plaza de Chamberí, lo fue por decisión unánime de las fuerzas políticas municipales madrileñas de entonces, (UCD 25 concejales, PSOE 25 concejales y PCE 9 concejales) el día 2 de abril de 1981, siendo alcalde Enrique Tierno Galván, en un concurrido acto institucional, para rememorar el lugar de nacimiento del insigne político.

Si se miran las crónicas de ese día, se puede advertir que al mismo acudieron una concurrida presencia de concejales y parlamentarios de los tres partidos, que ostentaban representación entonces en la corporación municipal madrileña, donde fue recordado como una gran figura de la política española, habiendo sido el homenajeado, concejal y primer teniente alcalde de Madrid, Ministro de Trabajo y más tarde Presidente de Gobierno de la II República, cerrando el alcalde Tierno Galván las intervenciones con un “…hoy es un día feliz, porque todos los partidos se unen para reconocer la tutela excepcional de Francisco Largo Caballero”.

¿Qué está pasando 39 años después para llegar a este punto?. Algunos querrán atribuir su efecto a la aplicación de la Ley de Memoria Histórica 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, que obliga, de acuerdo con lo dispuesto en su artículo 15 , a que todas las Administraciones Públicas a adoptar “las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura” (art. 15.1 ).

Nada más lejos de cumplir tanto el espíritu como la literalidad de la ley; se trata más bien de asentar la intolerancia, de ahondar la diferencia y de saldar cuentas con una Democracia en la que no creen y les incomoda. ¿Quién en su sano juicio puede justificar tamaña felonía a la luz del texto del referido artículo?.

¿Quién puede identificar a Largo Caballero, de larga trayectoria política y sindical en favor de la clase trabajadora, con el encuadre de esa descripción?. El político que hubo de exiliarse en Francia tras el triunfo armado de las fuerzas rebeldes contra la República. El hombre que con 74 años ingresó en el campo de concentración de Sachsenhausen, tras ser detenido y torturado por la Gestapo, sobreviviendo dos duros años, gracias a la solidaridad de sus compañeros de infortunio, principalmente españoles, que le cuidaron cuanto pudieron en todo ese tiempo, hasta su liberación por las tropas aliadas, y que murió un año después envejecido y maltrecho.

Aquel que tuvo un entierro en París multitudinario, efectuado con todos los honores en el Cementerio de Pére Lachaise, frente a los Mártires de la Comuna, hasta que posteriormente fue trasladado a Madrid, en un acto igualmente multitudinario que le aclamó, en una enorme concentración tras la restablecida Democracia, donde una respetuosa multitud acompañó su féretro hasta el Cementerio Civil, en el cual reposan actualmente sus restos.

¿Alguien puede explicarse como un acto decidido por un Ayuntamiento democrático, puede ser revocado por otra decisión tomada por la misma Corporación con representación elegida igualmente de forma democrática?.

No estamos pues en la reparación de unos hechos efectuados en tiempos de la Dictadura, que deba ser corregida Democráticamente. Afortunadamente la oposición (PSOE y Mas Madrid) ha anunciado que llevará el caso a los tribunales, como así lo ha notificado también el sindicato UGT. Nada más lejos, estamos ante un hecho injustificable y de marcada tendencia política, conducida por la extrema derecha y secundada por la derecha más moderada. La Justicia dirá la última palabra.

Confiemos que más pronto que tarde se repare el fuerte daño causado, al carecer de argumentos válidos que lo sustenten. No habrá martillos suficientes que puedan borrar, dañar o deformar nuestra Memoria, y el buen nombre de esta gran figura política española.

Secretaria Memoria Histórica y Mayores. Agrupación Socialista Rivas Vaciamadrid.