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Los redictos

«Redicto: Dícese de aquella persona que padece una adicción severa a las Redes Sociales y plataformas de Internet de cualquier índole». Según diferentes estudios universitarios y periodísticos, se estima que aproximadamente el 25% de la población joven es "Redicto", es decir, adicta a las Redes. Esto supone un cuarto de la población adolescente. En total, teniendo en cuenta también a la población adulta, se estima que el 6% de la humanidad es adicta, en mayor o menor medida, a éstas páginas de socialización tan abundantes en Internet.

Nos enfrentamos, desde hace poco más de una década, a una pandemia de lo que llamaremos "Redicción". Una ola masiva de cientos de millones de fieles a Facebook, Twitter, Instagram, Tik Tok y demás plataformas del mismo tipo, está por engullir bajo sus oscuras y tenebrosas aguas nuestra sociedad, aquella isla tan vulnerable frente a las amenazas que suponen las adicciones. Porque, en efecto, los "redictos" no son, ni de lejos, los únicos seres humanos que basan su existencia en el consumo desmesurado de un producto. Existen alcohólicos, drogadictos de todo tipo - hablamos de drogas psicodélicas -, adictos a los videojuegos, ludópatas, etcétera.

Y es que nuestra débil especie decide evadirse de los problemas que la acechan, tanto como sociedad como individuo, mediante el consumo excesivo de estupefacientes o cualquier aparato que le permita aislarse de la indecente realidad a la que está expuesta. Este sistema que garna a las personas y exprime su vida para enriquecerse; ofrece a sus esclavos vías de evasión de la explotación a la que están sometidos con la intención de inhibir su capacidad de reflexión y crítica. Ante ésta situación tenemos, por un lado, hombres y mujeres, niños y niñas, que desean vivir esa "idílica" - acentúense las comillas - vida que nos muestran los Influencers, o tener esos cuerpos perfectos y rostros bellos que hacen de una persona un pedazo de carne cuya única función es la de mostrar su cuerpo y alejar su mente de la cultura. Por otro lado, tenemos personas con el cerebro atrofiado por el consumo de alcohol y drogas, que se han visto obligadas a su uso, de forma indirecta, por supuesto, y que con suerte consiguen, después de un duro tratamiento y proceso de abstinencia, salir hacia delante.

Pensemos por un instante en el tiempo que perdemos revisando nuestras redes sociales: intentando ganar seguidores, queriendo ser más bellos para ser virales, queriendo obtener más me gusta - porque, para ésta nueva sociedad de "redictos" que se está tragando la antigua civilización, lo valioso son los me gusta de una foto, o los seguidores de una cuenta de Instagram, no lo que las personas son en su esencia, tal es la bajeza moral de ésta amenaza social -, limitar las relaciones sociales a chatear, etcétera. ¿No vemos a diario en el metro o en el autobús a la mayoría de los pasajeros que nos acompañan pegados a la pantalla del móvil o la Tablet? Imaginen cuánto tiempo dedicarán a ese aparatito electrónico al día esas personas con las que vamos en el mismo transporte a trabajar.

Ésta indecente ingesta de redes, de me gusta, de seguidores, ésta repugnante necesidad de estar pegado a un teléfono móvil día y noche, nos destruye, aunque no seamos del todo conscientes. Nos separa los unos de los otros, nos aísla, nos envilece - sólo hay que pasar una hora en Twitter y leer los comentarios de los "todólogos" supremacistas intelectuales para entender esto último - y, en definitiva, borra de nuestro espíritu la poca esencia que, de por sí, le quedaba a nuestra indefensa y agonizante civilización.

Estudiante de Ciencias Políticas y Administración Pública en la UPV/EHU. Militante socialista desde el 2018.