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Habilitados en razón

Soy muy consciente, de que esta larga y dolorosa pandemia ha habilitado aparentemente en razón a muchos ciudadanos en su indignación. Y muchos andan por ahí, cabalgando sus pasiones y emociones. Arrasando sin compasión, lo que pudiera quedar entre nosotros, de la herencia de las Luces, de la Ilustración.

Escribe Alain que no tenemos ningún poder sobre las pasiones, en tanto no conocemos sus verdaderas causas. Que el error, en todos estos casos, consiste en poner el pensamiento al servicio de las pasiones, y dejarse llevar por el miedo o la cólera, con una especie de salvaje entusiasmo. Nos recuerda que Spinoza dijo, que es imposible que el hombre no tenga pasiones, pero que el sabio forma en su alma tal extensión de pensamientos felices, que a su lado las pasiones son insignificantes. La pasión se soporta más difícilmente que la enfermedad, porque nuestra pasión nos parece resultado ineludible de nuestro carácter y de nuestras ideas, lo que le da el signo de una necesidad invencible. Y elimina toda esperanza, pues ni para odiar ni para amar, es preciso tener el objeto de nuestro odio o de nuestro amor ante los ojos; lo imaginamos e incluso lo transformamos, mediante una labor interior que es como una poesía. Todo nos lleva a él. Los hombres somos unos filósofos asombrosos. Y a algunos, lo que más nos sorprende, es que la razón no pueda dominar las pasiones. Cuando somos indulgentes con nosotros mismos y adoradores de impresiones, el mundo se nos echa encima. Casandra auguraba desgracias. Pero alguien dijo: “Desconfiad de las Casandras, almas yacentes. El verdadero hombre se sacude y hace el porvenir”.

Y Montaigne nos recordaba, que todas las pasiones que se dejan probar y digerir, son sólo mediocres. “Las cuitas leves hablan, las grandes son mudas” (Séneca “Hipólito”). Yo estoy poco expuesto a tales pasiones violentas. Mi aprehensión a ellas es dura por naturaleza, y las emboto y ofusco todos los días con el razonamiento. Los deseos en que interviene el cuerpo, están sujetos a saciedad. En cambio, las pasiones que pertenecen enteramente al alma, dan mucho más trabajo a la razón, pues no puede ser auxiliada más que por sus propios méritos, y estos apetitos no pueden ser saciados, de hecho se agudizan y aumentan con la satisfacción.

Pues eso, ¡ojo con los entusiasmos, las pasiones y las emociones desatadas!

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.