Quantcast
HEMEROTECA
             SUSCRÍBETE
ÚNETE ⮕

De peleas y divorcios


“- Nadie se ha muerto por un escarceo.

- Nuestro matrimonio.

- Eso es verdad.” R. de Niro. La gran boda

Estaba yo el otro día de vacaciones en un hotel escuchando unas noticias, absurdas como de costumbre o raras, según se mire, cuando una de ellas llamó mi distraída atención al entender a lo lejos el tema sobre el que disertaban: hablaban de los divorcios. La cosa tenía su gracia pues era un programa de esos de debate donde ninguno de los que están representan a los que deben estar, sin embargo están, nunca dicen nada que merezca la pena y supongo que la dieta que les dan por ir a cacarear al programa les incluye el derecho al pataleo y a pelear con el de enfrente más que a dialogar como gente civilizada. Esto es algo que todavía en España no se consigue hacer bien, no se sabe dialogar. Está claro que la frialdad europea hace mella en mi y me resulta grotesco tan poco control de las emociones y de la personalidad, esa exhibición del descaro y de la ordinariez es insoportable, sin dialéctica alguna, ¡deleznable!.

Está claro que en España estos temas todavía están recientes como aún lo están muchas cosas y por eso va todo como va, a capotazo limpio y siendo nuestros habitantes los más toreros del mundo, nuestra sociedad un a modo de plaza de toros. Y no vamos a caer en el topicazo de Sánchez Dragó de “si habla mal de España es que es español”. Está claro que yo no hablo mal de mi país -en muchos aspectos lo tengo idealizado y seguramente lo tendrán más idealizado aún mis hijos- simplemente lo veo con frialdad desde fuera como cuando se mira a un amor. Igual que miras las fases de aquel enamoramiento ciego, porque la ceguera nos hace no ver la realidad, no sentir, no ver con claridad lo que está pasando realmente a nuestro alrededor y sin embargo cuando tomamos una posición más lejana y una distancia realista podemos observar e inconscientemente comparar, quizás eso sea amar de verdad, aceptar algo con la realidad de por medio.

Yo he conocido en Francia terceras y cuartas generaciones de divorciados lo que quiere decir que es algo a lo que ya están más que acostumbrados, (suponiendo que uno se acostumbre a estas cosas) unido esto al carácter poco dado a lo emotivo, más bien frío, el resultado siempre será muy distinto del de los españoles y latinos que en temas de divorcios siempre es una batalla campal horrible, criminal. No nos queda na… Un amigo mío, conocidísimo abogado que ejerce su profesión entre Estados Unidos y España me dice que los juzgados de familia son mucho peor, mucho más crueles y salvajes que los juzgados de asesinos...¡ahí es nada! Le creo, porque yo misma he visto a alguna ex gritando como loca venganza, probablemente sin saber muy bien por qué. Y es que este tema ha sido lamentable y triste en España, a penas llevamos años de gente divorciada y los primeros en hacerlo fueron los paganinis del asunto, como en todo, claro está.

El programa de la tele en si, planteaba que ¿quién perdía más el hombre o la mujer en los divorcios?...no es tema que vaya a discutir ahora porque nos da para una novela, lo que sí haré es introducir un nuevo elemento que alguien en el programa apuntó muy sabiamente: el que paga los platos rotos es la nueva pareja. Cuánta razón tenía el experimentado tomador de la palabra. Así es, pero también lo son los hijos. La nueva pareja paga en sus carnes la catársis de lo que está sucediendo a su compañero o compañera con su respectivo o respectiva ex, y esto es además de horrible, injusto. La historia es clara y evidente.

Un hombre se divorcia y deja de ver a sus hijos, esto es completamente lógico porque va unido a la situación de divorcio, sino, no sería un divorcio, luego no hay que rasgarse las vestiduras, cuando uno se divorcia se supone que es porque no aguantas ¿a quién? Cuando hay un divorcio la vida nunca se podrá desarrollar con la normalidad de antes. Porque –ya sé que es una generalización- la mayoría de los niños están al cargo de uno de los tutores, osea uno se ocupa más que el otro yendo las cosas bien. Cuando viene el divorcio resulta que el que no se ocupa –que generalmente suele ser el hombre- le entran muchas ganas de ocuparse ¡vaya por Dios! Coincide con el cabreo máximo de la que sí se ha ocupado y ha pasado las de Caín más sola que la una, sorprendida ahora por la novelería masculina de que se quiere ocupar mucho de sus hijos y dice: ¡ahora te vas a enterar! Y se pone como una auténtica cerda a defender algo que en realidad –y aunque tenga un poco de razón- no le pertenece en exclusividad, pero es el instinto animal de decir: esto es mío y con esto manipulo. El bolsillo del hombre va a quedar esquilmado de por vida, cosa que tampoco es justa, pero su razón chulesca es así.

En esto tiene gracia cómo los roles hombre-mujer pasan a ser muy primarios, totalmente primarios. Por narices la custodia para la madre y la manutención para el padre. Sí, ya sé que hay excepciones. Los niños, que generalmente son las víctimas del asunto, pasan además y al estar en medio del fuego a ser pequeños verdugos manipuladores porque los padres se lo ponen a huevo para hacerles los seres más egoístas de la historia, unos consentidos, personas a falta de un buen tortazo, que sus padres se lo darían en circunstancias normales, pero que como son hijos de divorciados pues la cosa ya no fluye con naturalidad. En general, son niños víctimas que sufrirán mucho, muchísimo porque por más que les expliques las cosas siempre será para ellos difícil de asumir y la tristeza invadirá de una manera o de otra su vida. Es general que las madres con las hijas hagan un grupo de poder. La hija ve a ese señor como a su ex y no como a su padre. El padre en cuestión seguro que merece una pena grande porque le habrá hecho sufrir a su esposa, claro que sí, pero eso no tiene que ver nada con su condición de padre y su derecho a ver a sus hijas e hijos e intervenir en sus vidas como está mandao. He visto en psicología tanta manipulación de unos a otros que al final los niños manipulan también para que no se sientan mal: a su madre les dicen que su padre es malísimo y a su padre que con su madre en realidad no están bien. Mi amiga médico Sandra ha visto en su consulta muchas simulaciones de adolescentes que se las traen, hasta que descubres la verdad.

El horror con hache viene cuando ese hombre –que no sabe y un poco que no le da la gana- tiene que ocuparse de los niños los fines de semana. Generalmente no tiene costumbre y no es tarea fácil porque durante la semana trabajas y los finde te largan a las criaturas aun a sabiendas de que quizás no quieren ni venir a tu casa porque están cansados, les rompes el ritmo, habían quedado con sus amiguitos, tenían piano, o baloncesto...pero toca ir a casa de papá. Esto es muy importante para todos, toca, para la mamá que está al cargo porque descarga su mala conciencia y para el papá que está deseando verles aunque el asunto práctico sea chungo.

Una madre, empoderada los deja, pero a regañadientes, y lo hace pero con unas condiciones seguramente insólitas: que los recojan a las 6 y diez el viernes –con lo cual el pobre padre ni llega porque sale mas tarde del trabajo y hay atasco-, que los devuelva el sábado pero a las 7 y cuarenta y los vuelva a recoger el domingo pero después del desayuno y los traiga a la comida porque hay reunión familiar que lógicamente es más importante que estar con su padre...en fin un puteo inhumano, impropio de dos que un día tuvieron uno, dos o tres hijos y que son incapaces de entenderse: infame y de cárcel.

Una cosa a todas luces impropia y fuera de todo lugar de personas que tienen cultura, formación e inteligencia, cualidades que se pierden en la hoguera de la vanidad y del egoísmo. ¡Los divorciados siempre están a la gresca! Si no lo estuvieran y miraran por el verdadero bien de sus hijos no se divorciarían o llegarían a algún acuerdo de mejora, cederían en su bienestar, en el bien general de la familia, antes de llevar a la familia entera a las galeras. De modo, que una vez que se prefiere el divorcio, difícilmente irá mejor, -salvo en algunos casos límite-, e irá peor aún si se mete a terceras personas –como los abogados- a resolver lo que dos que han dormido juntos no son capaces de resolver ¡terrible! Los divorcios siempre los ganan los abogados y no van a mirar por ti, porque no son ni el padre ni la madre y se la repanflinfla. El hombre, agobiado completamente por la situación, encuentra una nueva pareja o relación, le endorsa o le endiña el problema al tercer elemento que es al que yo me refiero en este lío.

Este elemento debería mandar a todos a la porra desde el primer día y con eso tendría –con toda seguridad- el cielo ganado. Generalmente no es así y consuela a su hombre que puteado como nadie, con el bolsillo arruinado por la situación y la ex que ni de broma encuentra pareja porque está disfrutando su soltería y además tiene los niños, osea el poder y tiempo para conspirar con sus amigas que no la van dar buen consejo y la ponen más contra él- éste pide una mano de ayuda y de sostén, a su nueva pareja cosa que por naturaleza y excluyendo a las malas personas, lo haces sin pensarlo. La madre ocupada en su quehacer de crianza vive un estrés muy particular porque muchas veces al empoderarse el marido la coacciona y la tiene amenaza con eso de: como les pase algo a los niños te vas a enterar.

La nueva –a veces hay nuevo osea, nuevo marido para la madre pero es raro- terminas ocupándote de unos niños que no son tuyos, que no te pueden ni ver, y aunque te quieran mucho, su mamá ya se encargará de hacer que eso cambie. Si pones verde al marido que es el padre ¿cómo pretendes que tus hijos vayan de forma sana a su casa? Si el padre es un violento porque se estresa mucho pensando que va a perder a sus hijos y se vuelve caníbal, ¿cómo pretendes que tus hijos crezcan felices con una madre a la que no paras de criticar? La nueva o nuevo al final se queda sin fines de semana, con la casa invadida por gente que se cree dueña de su casa y tu como la chacha de todos. A su vez, esos niños quieren a su padre en exclusiva y no compartido con alguien que ocupa el lugar de su madre o de su padre con lo cual el rechazo se va haciendo enorme, muy grande. Un auténtico cisco de vidas.

Crece el resentimiento cada vez más y el problema psicológico y el malestar sin saber por qué, culpabilizando a quien no tiene culpa de nada, es muy frecuente. Esto no termina aquí, tú cocinas peor que su mamá, su mamá es mucho más guapa que tú, tú no los conoces y tienes que aguantar todo, como si potrean las paredes, da igual porque su papá para un rato que va a estar con ellos...no va a castigarlos...tú estás ese viernes y ese sábado que te gustaría estar por ahí con tu pareja, pendiente de lamentos y malos rollos que en realidad te tendrían que importar un bledo, pero te hacen partícipe. Claro que te implicas, y claro que haces matemáticas, lectura y todo lo necesario por agradar y colaborar en la marcha de algo que en realidad no tiene nada que ver ni contigo, ni con tu lío ni con nada porque nadie te respeta, ni lo hará probablemente hasta que no pasen cien años o hasta que nos los denuncies a todos por invasión de la intimidad y acoso sin precedentes. Por supuesto la mamá de los niños llama cuando le da la real gana y se cree con jurisdicción en tu casa por el hecho de que están sus hijos, éstos sientan igualmente sus reales porque está su padre que es toda una autoridad y tú  eres una bruja.

-¡María te llaman al teléfono, es Ana la mujer de tu padre!, es que son tan amigas... Pues no, eso no se oye nunca. La nueva está –como no se plante- para solucionar la papeleta de los fines de semana y aguantar historias de las que como no andes lista te caen las culpas, fijo. Dalo por hecho. No puedes influir en ellos para nada porque no te dejan, ni transmitirles nada, ni hacer nada porque no son nada tuyo y para eso tienen una madre y un padre, y ojito con lo que haces o dices! ¡Nunca digas la verdad ni a su padre! ¡No te pases ni media! Tengo que decir al respecto que sí conozco el caso de una jovencita que hizo buenas migas con la nueva mujer de su padre. El final es que como también acabaron divorciándose, Alicia, se fue a vivir con su madrastra y dejó a su madre y a su padre. ¡Pues muy bien! Y todavía siguen juntas, de hecho trabajan juntas, la “madrastra” trajo a la hija de su exmarido a su trabajo, las dos son editoras y comparten casa. No tienen ninguna intención de cambiar su situación, se van de viaje...lo pasan bomba. Afirman tener una relación sincera como de madre e hija y de auténtica amistad, lo que yo entiendo como buenas relaciones de seres humanos. Los divorcios convierten a los protagonistas en monstruitos.

Yo creo que cuando alguien se determina a divorciarse me parece absurdo e hipócrita pretender creer o pensar que se va a mejorar en algo, o que se va a continuar siendo dueño de alguien, menos de unos hijos, de esos mucho menos. He visto monopolizarlos y manipularlos hasta límites de no poder dejar el psiquiatra y eso es una canallada probablemente con responsabilidad de los adultos que llevan mal sus problemas y los vuelcan despiadadamente en los hijos que a su vez se convierten en asesinos de las vidas y las almas de los demás porque se tienen que defender. Con el divorcio, se mejora un conflicto –si lo hay- de pareja, pero poco más.

En verdad, esto, a veces ya es algo, sobre todo cuando el problema es de gravedad, aunque con los años y la sabiduría yo siempre diría: intente usted arreglarlo y no se divorcie, al menos cuando hay todavía hijos en etapa de crecimiento evidente. Te alejas del problema, pero vienen otros. No se soluciona nada, más bien al contrario, los problemas se reproducen, de no ser que se pertenezca a las excepciones. He visto a muchos hombres discutiendo con diferentes parejas por lo mismo, quiero decir a un hombre que ha tenido cinco mujeres y que con todas discute por lo mismo y viceversa. El fallo está en él o en ella. El diálogo y el consenso parafraseando a mi buen Zapatero, es lo suyo.

Lo de los fines de semana me parece un desastre absoluto para todo el mundo, fuera de su rutina los niños que a medida que tienen su ambiente, sus cumples y sus amiguitos que pasan a primer plano, es absurdo pretender llevarles a casa de nadie aunque sea la de su padre o de su madre con nueva pareja a pasar un suplicio.

Algunos logran encontrar un equilibrio. Los casos que he visto en este sentido, es porque uno de los dos ha sido muy muy generoso, ha sido bueno o buena con todo, ha cedido, ha evitado conflictos y en efecto, se puede lograr un equilibrio. Cuando se es padre o madre nadie espera este tipo de sacrificio llegado el momento, pero hay que hacerlo por el bien de esos hijos y tu responsabilidad.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.