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Es la lucha de clases

  • Escrito por Marian Giménez / Antonio Ortiz
  • Publicado en OPINIÓN

Mi padre que nunca hablaba de su infancia en el Madrid de la posguerra, se expresaba a veces con una pena oscura y negra, una mirada cargada de lágrimas sin salir. El me contaba que su madre, mi abuela, murió de hambre, que su padre rebuscaba en la basura, para encontrar mondas de patata como alimento. Mi abuelo no era mendigo, trabajaba. Pero lo que sacaba en sus trabajos nunca fue suficiente.

Es una historia antigua y actual, es la lucha de clases en los barrios obreros de Madrid. La clase trabajadora depauperada y empobrecida, se esfuerza intensamente, como siempre ha sido para subsistir. Es la que saca adelante las castañas del fuego, si es que hay castañas.

El hambre y la necesidad, recorren Madrid, menos en los barrios selectos, donde hablando de comida, casi se pueden comer sopas en sus aceras y calles. No ocurre lo mismo por nombrar algunos en Aluche, Usera, Vallecas y nuestro barrio, Tetuán. Un hervidero de personas, con sus carritos y bolsas, circulan de un sitio para otro en busca de alimentos. Hoy toca en la parroquia, mañana en un mercado y pasado mañana en una asociación de barrio, como la nuestra, la Casa Vecinal de Tetuán. Piden comida y trabajo. Son trabajadores sin empleo. Los hay con empleo, pero tan mísero, que no se tiene ni para empezar. Y sí, es frecuente ver a gente rebuscando en los contenedores. Son imágenes habituales, como la de personas indigentes tiradas por las aceras, en recovecos mugrientos y entradas a locales, en otros tiempos comercios, que ahora están cerrados.

En todo este tiempo de pandemia, no se ha habilitado ni un solo espacio público que sirviera de comedor social. No disponemos de espacios que puedan ser utilizados, al menos temporalmente, para aquellos vecinos que no disponen de un techo donde poder protegerse. La orfandad de los servicios públicos es clamorosa. Es histórica, es endémica.

El Tetuán, pobre y de clase obrera habita un Sur, de un distrito que está al Norte. El sur abandonado, pero que también existe, como decía Mario Benedetti. Es generalizable. Hay indicadores que señalan la diferencia de vida en 10 años entre los barrios más ricos y los más pobres. La pandemia y sus consecuencias sociales van por clases , van por barrios.

Los Servicios Sociales y sus trabajadoras esenciales recortadas, no dan abasto. En Tetuán son claramente insuficientes, a pesar de que nos están diciendo una y otra vez que se ha contratado más personal. No llegan. Las listas de espera son obscenas. Como lo es vender a bombo y platillo una tarjeta monedero para las familias más desfavorecidas que tampoco llega. Un Servicio público abandonado, cuyo funcionamiento burocrático, lento y tardío lleva muchos años en cuestión. No entendemos nada. O quizás sí, lo entendemos todo, la falta de inversión pública y de dinero, dinero de nuestros impuestos, que no está en las necesidades reales de las personas. ¿Cómo es posible, que existan tantas ayudas fragmentadas? RMI, ayudas de emergencia, ayudas al alquiler, Ingreso Mínimo Vital. Es tal la telaraña, que tanta ayuda no deja ver el bosque de lo que en realidad se trata de solucionar. Un abandono en los barrios de las distintas administraciones. ¿No sería más sensato unificar una única ayuda, en forma de salario mínimamente digno, para poder vivir y tener cubiertas las necesidades básicas, hasta que se encontrase un trabajo? ¿No es más sencillo simplificar? Añadir la trampa perversa, de que si cobras una cosa no te pueden dar otra. Remiendos, parches infames.

Si abordamos planes de empleo y formación para estos barrios encontramos la nada. Tetuán, estaba lleno de pequeños talleres, tiendas de barrio, una pequeña industria que ha desaparecido por completo. Tanto hablar del comercio de barrio y no existe ningún plan para darle nueva forma y vida. El comercio de barrio se muere. La inexistencia de librerías, donde poder recrearte viendo libros, hablando con libreros y libreras es imposible. Pequeñas tiendas que te surtían de productos de droguería, mercería no se encuentran en Tetuán. Establecimientos uniformes de grandes cadenas de alimentación van sustituyendo a los mercados municipales de toda la vida.

Existen calles, como Marqués de Viana, donde cohabitan burdeles con casas de apuestas. En estos días se han dado noticias de la situación que se está viviendo. ¿El destino de los barrios obreros es este? En Marqués de Viana, se propuso no hace mucho tiempo, un proyecto de revitalización. Queríamos que fuese una calle de la cultura, de librerías con un mercadillo que promoviera actividades culturales y con otra ordenación urbana, muy distinta a la actual, donde los coches son los amos, las motos, las reinas de las aceras y las terrazas de los bares multiplicadas por doquier a lo largo y ancho de la calle. En definitiva, toda una configuración de elementos comiéndose el espacio público.

Son barrios con mucho potencial. Se han propuesto iniciativas, medidas que nunca son escuchadas Hablemos por ejemplo de las basuras. La inmundicia que se acumula en nuestras calles, sucias y abandonadas, requiere de personal contratado que limpie a diario. Limpieza llama a limpieza. Es una buena fuente de trabajo y empleabilidad. Esos contratos municipales blindados y sin modificación ni penalización alguna por su inoperancia, dejan las calles de los barrios obreros, en la más completa desatención. Tetuán de los colchones, lo llamamos con sordina y regodeo, para denunciar los numerosos colchones abandonados a su suerte, bien sujetando muros, contenedores y árboles según pille el lugar.

A pocos metros de este lugar, llegamos al desaguisado del Paseo de la Dirección. Hemos perdido ya la cuenta de los modificados que se han hecho en este entorno y probablemente de los que se harán. Un bochorno de gestión, de todos los gobiernos municipales a lo largo de sus respectivas legislaturas. Solares municipales en la más absoluta dejadez, sin saber nada de los plazos y del inicio de las obras prometidas y acordadas: Vivienda pública, escuela infantil, polideportivo. Solares y calles del Paseo, convertidas en basureros, escombreras y restos de obras. Antes del yermo desolado y destruido, crecían en este Paseo árboles singulares: almendros, laureles, fresnos, moreras, higueras.

Unas abominables grúas para ricos, dominan el erial del Paseo de la Dirección. Las torres Skiline, el proyecto de los traficantes de suelo público, nos observan amenazantes. Nos dicen que tendrán piscina y huertos urbanos. Viviendas de lujo. En otros espacios, el suelo será convertido en torres de oficinas, ahora que parece muy moderno y adecuado el teletrabajo. Unas torres y un paseo conectado sin duda con la otra operación indecente, la operación Nuevo Norte de Chamartín. El Norte y el centro de operaciones financieras, ajenas y con una distancia abismal de lo que se necesita en nuestros barrios. Cemento, grandes cristaleras, edificios y torres que destruyen árboles y vegetación, casas cuya arquitectura y construcción debiera estar protegida. Todo un escenario de destrucción masiva.

Nada para el deporte de barrio. Nos hemos enterado recientemente que el Polideportivo que iba a ser construido en Bellas Vistas, uno de los barrios más pobres de Madrid, se retrasa. No sabemos cuando se iniciarán las obras. Tetuán de la espera a perpetuidad. Tetuán al que nunca llega lo prometido y negociado.

Nada para los jóvenes y su emancipación, nada de vivienda pública, nada de equipamientos prometidos y confirmados, nada de cines, nada de cultura, nada de planes de empleo, nada de un centro de urgencias que evite el colapso de las urgencias del hospital La Paz. Nada de residencias públicas para mayores o de más centros de día para ellos.

La Nada. Pero miles de personas, de los barrios de clase trabajadora expulsados de su territorio. No son las legiones romanas las que nos invaden. Es el capital y su codicia.

La derecha sabe perfectamente a donde va y se muestra siempre organizada. Con alternativas.

Para los de su clase.