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Vacaciones en tiempos del Covid


Este año las vacaciones no están siendo normales, habituales, y mucho menos relajadas. Decidimos descartar la playa, al observar las aglomeraciones que en ellas se producen, pues parece ser que muchas personas se empeñan en aparentar que no pasa nada, que la vida sigue con normalidad, ocupando su tiempo en rutinas que en nada se corresponden con los tiempos de Pandemia que estamos soportando.

Optamos pues por disfrutarlas haciendo turismo cultural, en una Comunidad del interior (había que consumir preferente en nuestro país) con mucha historia a sus espaldas, de pasados esplendores, de buen comer y mejor beber, donde el virus no parecía ser un problema por las cifras publicadas, a pesar de estar colindante con otras localidades que presentan mayor índice de casos, que no deja de mantener activa nuestra preocupación.

¿Se puede disfrutar estando pendiente siempre de la mascarilla, procurando mantener una prudente distancia en los paseos, buscando el sitio más apartado en el restaurante de turno, etc.?. Se intenta al menos.

Siempre pendientes de la limpieza, es circunstancia determinante para decidir alojamiento, máxime cuando se viaja con un menor. ¡Bien, acertamos en la elección!.

Permanentemente unidos al hidrogel, bien facilitados en las entradas de los lugares de visita, bien propio, actualizando nuestras manos de tanto en tanto con el que portamos en la mochila, las visitas a los servicios se convierte en toda una experiencia de equilibrio, para evitar cualquier roce con el “continente”.

Se supone que las vacaciones son para relajarse, ¿se puede estar relajado con todas estas precauciones? Se intenta al menos, lo importante es el encuentro familiar y el compartir unos días todos juntos.

Las visitas se planifican concienzudamente. Son pocos días y el tiempo debe dar para mucho. ¿Cómo serán los comportamientos en aquellos lugares, donde hemos de compartir espacio con un mayor número de personas?. Pues he de decir que sorprendentemente bien, planificado oportunamente, nos agrupan por unidades familiares y nos recuerdan que debemos guardar la distancia de seguridad, siempre la guía (cuando la visita es guiada) se esfuerza en elevar la voz, para ser escuchada a través de su mascarilla, escrupulosamente bien colocada.

Aquellas otras visitas que realizamos por nuestra cuenta, siempre pendiente del comportamiento de las personas, observando si portan mascarillas, evadiendo calles muy concurridas, eligiendo lugares exteriores, y acudiendo a los interiores solo cuando es necesariamente inevitable…

¿Y qué decir del baño en la piscina?. Mirando previamente por la ventana la afluencia del personal, ¡ahora parece que hay poca gente!, corremos para poder introducirnos en el agua a ser posible en soledad, huyendo cuando se comienza a concurrir.

¿Estamos exagerando?. Siempre nos pesa esa duda, pero finalmente resolvemos que vale ser cautelosos en excesos que infectados por defecto. Y así seguimos jornada tras jornada, tomando con precaución incluso la utilización de las terrazas, que en muchos casos se observan poco escrupulosos con las distancias mínimas, en un alarde (imagino) de querer recuperar en la bonanza de los días de agosto, lo perdido en meses anteriores, llegando a condicionar su utilización más por este detalle, que por las sugerencias gastronómicas, por muy atractivas que se nos presenten, por exceso de afluencia.

Creo que las Vacaciones del verano del 2020, pasarán a nuestro imaginario, como fechas diferentes, como hechos puntuales que siempre recordamos tristemente; el terriblemente famoso 23-F del golpe militar, las explosiones en los trenes del 11-M en Madrid, o cuando nos quedamos pegados al televisor viendo el ataque a las Torres gemelas de Nueva York el 11-S…

Quiero pensar que como aquellos luctuosos episodios, éste igualmente pasará, espero que más pronto que tarde, a pesar de que son muchas las voces que alertan, que hemos de aprender a convivir con este terrible virus, que tanto está afectando nuestras vidas.

Igualmente confío que vendrán otras fechas, otros veranos, donde todo esto que estamos viviendo en la actualidad, sea solo un mal recuerdo, para volver a la cotidianidad de las largas conversaciones en torno a una buena mesa, donde con familias y/o amigos, nos podamos abrazar, comer y beber, compartiendo platos, sin tener en cuenta todo aquello que hoy, nos es desaconsejado y tanto nos horroriza.

Secretaria Memoria Histórica y Mayores. Agrupación Socialista Rivas Vaciamadrid.