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Cosas de la política

En este último artículo del curso quisiera plantear unas reflexiones sobre lo que ha sucedido en esta primera mitad del año 2020.

Sin duda, la humanidad está ante un desafío que no conocíamos ni esperábamos. La repentina aparición de un virus, que empezó siendo una “gripe suave”, según las primeras informaciones llegadas de China, y que, posteriormente, se ha comprobado que es mucho más peligroso, está afectando a todo el planeta. Todos los países y las organizaciones multilaterales han visto alterados y desestabilizados sus sistemas económicos y políticos. 

España, evidentemente, no ha sido una excepción. Fuimos uno de los primeros países atacados cuando el virus empezó a expandirse. Se tuvo que actuar rápido, sin una guía que indicara el camino a seguir, y con un alud de casos graves, que desbordaron muy pronto las capacidades del sistema sanitario, especialmente en las Comunidades Autónomas gobernadas por partidos de derecha, que ya sufrieron, durante la crisis de 2008 los mayores recortes en sanidad y educación.

El gobierno del presidente Sánchez decretó y después ratificó, en varias ocasiones en el Congreso, el estado de alarma. Un estado de alarma que garantizaba la coordinación de las actuaciones en todo el territorio nacional.

El presidente y el ministro Salvador Illa reunieron semanalmente a los presidentes autonómicos y a los consejeros de salud respectivamente. Sus comparecencias en el Congreso y ante los medios de comunicación fueron innumerables así como las de los portavoces técnicos liderados por Fernando Simón.

Pero aquí, a diferencia de lo que pasó en otros muchos países, la oposición fue implacable en sus críticas y en su intento de desgastar al Gobierno, utilizando incluso noticias e imágenes falsas que aún hoy circulan por las redes.

Un caso paradigmático fue el de las continuas lecciones de cómo se debía afrontar la pandemia por parte del ‘president’ Torra y de sus asesores, en las que señalaban en cada ocasión los supuestos fallos que se cometían y la perfección con la que ellos, si fueran independientes, actuarían en esa situación.

Hoy las CC AA son las encargadas de gestionar la “nueva normalidad” y con sus propias competencias, pero, constatando la incapacidad de algunas de ellas, vemos cómo todas aquellas críticas aceradas, que hicieron recientemente al gobierno central, se vuelven en su contra.

Sinceramente, no me alegro en absoluto de que el Govern esté haciendo aguas por su gestión errática de esta fase. El resultado es demasiado grave. Estamos hablando de la salud de miles de personas. Por todo ello, creo que deberían aprender de sus errores y dejarse ayudar por aquellos que, a pesar de los problemas y de las muchas críticas interesadas, gestionaron la parte más grave de la crisis.

La política debe ser una actividad orientada a la prestación del servicio público, solucionando los problemas de la población y estableciendo puentes de diálogo y acuerdo que permitan conseguir esos objetivos.

Determinadas actitudes, críticas interesadas y falsedades sólo sirven para crear un caldo de cultivo propicio a las opciones populistas y radicales porque la ciudadanía acaba pensando que, al fin y al cabo, todo son “cosas de la política” y que no va con ellos.

Miembro del Comité Federal del PSOE, delegado especial del Estado en el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona y licenciado en Biología por la UAB. Fue alcalde de Terrassa entre 2002 y 2012, primer secretario del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC)entre 2011 y 2014, diputado del Parlament de Catalunya y miembro de la Comisión Ejecutiva Federal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). A lo largo de su carrera profesional ha desarrollado distintos cargos de dirección como presidente del consorcio Localret y presidente del Fons Català de Cooperació al Desenvolupament. En 2013 la Fundación City Mayors lo incluyó en la lista de los mejores alcaldes del mundo.