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Ítaca y la Educación Pública

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras,

lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones

ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón,

seres tales jamás hallarás en tu camino,

si tu pensar es elevado, si selecta

es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.  

Como en el poema de Constantino Cavafis, nuestro destino es Ítaca, es esa utopía en la que la Educación Pública sea una educación de las oportunidades para todos, la educación por la que la sociedad sea mejor y no por tener más, sino por ser más humana.

Cuando hablamos de Educación con mayúsculas, entendemos aquella en la que cada persona es capaz de comprender que su competidor es él mismo, no los demás. Que las cosas importantes no son las cosas materiales, sino hacerse fuerte mirando dentro de uno mismo, para poder afrontar los peligros que nos amenazan por fuera, como esta pandemia y la locura de un capitalismo atroz, que destroza la naturaleza y por tanto, al ser humano.

Los adolescentes que de pronto están en sus casas confinados tienen una mente dúctil y maleable, se adaptan a todas las situaciones, por muy complejas que nos parezcan. Y es ahí donde los profesores que hemos tratado de zarandear sus conciencias, viendo el mundo agresivo, competitivo, engañoso de internet, que da espaldas a la naturaleza y a la vida, donde estamos trabajando. Pero es una lucha en la que el consumismo serían los lestrigones del poema. Seres antropófagos que se comen a los humanos y contra los que la literatura, la filosofía o el arte se enfrentan día a día.

Es una lucha silenciosa, callada, porque en esta sociedad de los resultados inmediatos, no se valoran los grandes ideales, los valores, porque están lejos y su poder es como el viento que esparce semillas y no sabe cuándo ni dónde arraigarán. Yo he tenido profesores así, que me han despertado del sueño del día a día y me han hablado directo a la conciencia del ser, y a ellos, les debo mi lucha porque mis alumnos reciban lo mismo de mí. Esos profesores no tienen aplausos, ni los pretenden, porque saben que lo que hacen está por encima del reconocimiento, la filantropía no necesita aplausos. Nuestra labor no tiene datos precisos, aunque digamos que hay una gran tasa de fracaso escolar y es que luchamos contra Cíclopes y contra el mismísimo Poseidón que en nuestra sociedad sería el Capitalismo de las grandes corporaciones que no les importa destruir el único bien que tenemos: La vida.

Hoy nos vemos de repente, trabajando con nuestro alumnado a distancia, (el que puede, claro, porque en educación pública están todos los niveles socioeconómicos con más o menos recursos) utilizando ese avance magnífico de internet, que no puede sustituir nuestra presencia porque ¿quién puede educarse a distancia? En la infancia y en la adolescencia podemos pensar que el alumno entregando unas tareas, ¿va a poder conseguir los objetivos que nos proponemos? Ser persona, los valores éticos, aprender a convivir, a pensar en colectivo, explicar un concepto por internet es como dar un abrazo por gmail, lo importante, se pierde. Distinto es el alumno ya formado consciente de sí mismo y de su meta, ese sí puede luchar solo con Poseidón y los Cíclopes, y elaborar un texto y comprenderlo, pero ¿dónde está ese seguimiento necesario en las primeras etapas de la vida?, esas no pueden ser sustituidas por una máquina, o quizás sea la única posibilidad que nos queda, en esta jungla que nos devora. 

Si es así, seguiremos por ese camino, si lo único que nos queda es la educación por internet, continuaremos manteniendo la esperanza de que está sociedad comprenda la importancia de las relaciones interpersonales, de la socialización y la defensa de la naturaleza.

Seguimos con nuestra mirada puesta en Ítaca y hacia ella, caminaremos, a pesar de las tormentas, las pandemias y los virus. Esperando, de nuevo poder estar con nuestros alumnos y guiarles en el camino, que es el significado de la educación.

Doctora en Bellas Artes. Especialidades de pintura y escultura en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. En 2003 publica con la editorial Archiviana, el libro desarrollado a partir de su tesis: El pensamiento artístico, ciencia y religión en al-Ándalus.

Es profesora de Educación Secundaria destinada actualmente en el IES Néstor Almendros de Tomares.

Ha realizado numerosas exposiciones colectivas e individuales y ha sido seleccionada en varios certámenes de pintura, acuarela y escultura.

Entre las exposiciones colectivas destacan la celebrada con el Colectivo Surcos de poesía, titulada A la Deriva, inspirada en el tema de la inmigración y el Estrecho, celebrada en la Sala del Ayuntamiento de Coria del Río; en 2017 Invisibilizadas, celebrada en la sala Antiquarium de Sevilla y centrada plásticamente en todas aquellas causas y personas invisibilizadas por la sociedad apolínea de la ciudad de Sevilla; en 2018 la titulada, Mujer y Trabajo sobre los problemas que derivan de los conflictos de género en el trabajo; en 2019 Maculadas sin remedio, sobre la mujer y la permanencia de los estereotipos con el tema recurrente de la Virgen Inmaculada de Murillo y su celebración.

Destaca el premio de escultura a la Memoria de los represaliados por la dictadura de Franco, convocado por el ayuntamiento de Coria del Río.

Dibuja las ilustraciones del libro sobre Miguel Hernández La luz que no cesa, realizado el Colectivo Surcos y la Universidad de Sevilla.

Presenta junto con Pablo Coca, el videoarte Diálogos con una calavera, sobre el tema de Memoria Histórica, en la Casa de las Sirenas de Sevilla.

En 2019 publica con la editorial Aconcagua el libro novelado y documentado en archivos históricos, titulado Exiliado piel adentro. Historia de un médico republicano.