Quantcast
HEMEROTECA
             SUSCRÍBETE
ÚNETE A EL OBRERO

Sindicalistas (pasado, presente y futuro)

Es bastante habitual escuchar de muchas personas, críticas, mofas, y numerosas descalificaciones, cuando se refieren a los llamados “liberados” del sindicalismo español, incluso por parte de los mismos trabajadores y trabajadoras que cobran sus Convenios, exigen sus Derechos, y acuden a ellos cuando tienen problemas en los Centros de Trabajo… No es nada inusual, aunque si profundamente injusto.

Durante muchos años de mi vida laboral (hoy ya jubilada) tuve esa responsabilidad, voluntariamente aceptada, que me acarreó muchos problemas en el ámbito de la empresa, personales en algunos momentos, y por supuesto una carrera profesional famélica, quedándome absolutamente relegada en las promociones, limitándose la empresa, a la dediqué más de 30 años de mi vida, a cumplir con lo que legalmente le era obligado y, pagándome ramplonamente lo que estrictamente dictaban los Convenios, mientras veía pasar de largo en promociones y retribuciones, a compañeros y compañeras que entraron a la vez conmigo en la empresa.

Siempre considerada sospechosa de escaqueo por mis superiores, con recelo por parte de muchos de mis compañeros y compañeras, que imaginaban mil ventajas, al observar mis ausencias en horas laborales.

Desconocían o no querían saber sobre las interminables reuniones, dentro y fuera de la empresa. Fuera para formarme, para poner en común estrategias, incluso asumiendo puestos de responsabilidad en el Sindicato para el desarrollo de las mismas. Dentro para mejorar nuestras condiciones de vida y salud laboral, para trasladar quejas, reclamaciones individuales y/o colectivas en mil y una reuniones con la dirección, con las jefaturas del departamento de personal, etc. Eso sí, cuando había algún problema rápidamente venían a trasladármelo.

Y así desde los inicios de la Transición, negociando el primer Convenio Sectorial de Seguros, hasta el final de mi vida laboral que fue en un Juzgado de lo Penal en Madrid, donde acabé siendo delegada de personal, por compromiso con mi Organización Sindical hasta el último día.

Todo esto había quedado atrás formando parte de mí pasado, tras 3 años de retiro por Jubilación, hasta que en el día de ayer tuve conocimiento de un detalle que me retrotrajo a mi “vena sindicalista”, haciéndome sentir orgullo de haber representado en algún momento a la clase trabajadora, a través de mi Sindicato, (incluso internacionalmente) y a pesar de todo.

Me llegó a través de uno de esos grupos de wasap, al que una sigue vinculada por nostalgia y afecto a los colegas con quien mantuve una estrecha relación. Allí observé, el grito de auxilio de una funcionaria, en tareas de servicios mínimos en un Juzgado de Instrucción en Madrid, por la falta de las más elementales medidas de seguridad para seguir ejerciendo sus labores, como era no disponer de guantes, puesto que la Administración de la CAM, no se los facilitaban, se lo trasladaban a aquellos y aquellas que por tener esas responsabilidades sindicales y “estar liberados”, necesariamente algo tendrían que hacer.

Lógicamente se les informó de todas las acciones que se estaban llevando a cabo, no solo ante las autoridades competentes en Justicia de Madrid, ante el CGPJ, ante el propio Ministerio de Justicia, siempre en defensa de la clase trabajadora a la que tan dignamente representan. Escritos con reclamaciones, comunicados con información de lo solicitado, de lo conseguido, y/o recomendaciones de que se podía hace...

Esto solo hubiera bastado para justificar su ausencia de la actividad ordinaria en sus Juzgados, pero el asunto no quedó solo ahí. Una queridísima compañera, siempre repleta de iniciativas y buen humor, siempre optimista, generosa y guasona, decidió que tendría que hacer más y, sin pensarlo dos veces, se fue a un gran supermercado, expuso a la cajera el problema, pidió autorización para llevarse más unidades de las razonables, saliendo del mismo con 9 cajas de guantes, para dotar (no solo a sus afiliados y afiliadas) de esas mínimas medidas de seguridad, sino a todos los y las funcionarias que prestaban sus servicios en los Juzgados de guardia de Madrid.

Tener conocimiento de esto, me hace ratificarme en el rearme de mis ideas, en el orgullo de “mis gentes”. Me ha hecho recordar tantas personas que he tenido ocasión de conocer a lo largo de todos esos años. Todo lo bueno y menos bueno vivido, pero sin lugar a duda me devolvió a la memoria, que lo mejor que pasó por mi vida lo encontré allí, entre ellos y ellas, con su generosidad, su atrevimiento, su asunción de riesgo, su “amnesia” ante las ingratitudes cotidianas, su gran sentido de la responsabilidad y, el cumplimiento cabal de la alta función que representan.

Hoy más dedicada a los avatares políticos de mi reducida población, sigo vislumbrando que a pesar de lo doloroso y fatigoso que es ser sindicalista, incluso ingrato y muchas veces desprestigiado, siguen siendo absolutamente imprescindible hoy, como lo fueron ayer y, como imagino lo serán mañana.

Gracias Ana, gracias UGT y ¡Salud!, siempre Salud.

Secretaria Memoria Histórica y Mayores. Agrupación Socialista Rivas Vaciamadrid.