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Solas y borrachas

Parece que el Partido Popular se acaba de enterar de una de las consignas del movimiento feminista: “sola, borracha quiero llegar a casa”. Podríamos decir que nunca es tarde si la dicha es buena, pero no es el caso. El PP se ha dedicado a lanzar mensajes, tanto desde sus cargos como desde sus redes sociales, diciendo que es una vergüenza la consigna de la que hablamos. Parece que los salvaguardas de la moral ven un atentado flagrante que una mujer pueda volver a casa sana y salva independientemente de lo que haga con su vida. Podríamos caer en la tentación de sacar nombres propios que se asientan ahora como asesores en la Comunidad de Madrid, como Miguel Ángel Rodríguez, pero parece poco elegante. Lo que no puedo evitar es ironizar. Allá va: ¿quién le va a decir a una mujer cuántas copas de vino se puede o no se puede tomar? Déjala que se las tome tranquila. ¿Es que ella le dice a alguien cuántas hamburguesas se puede o no se puede tomar? Parece que el PP quiere decírselo.

Quien entienda que la consigna “sola, borracha quiero llegar a casa” es una incitación al alcoholismo es un terraplanista del sentido común. ¿A quién se le ocurre semejante despropósito? La respuesta es tan fácil como aterradora, a quienes no ven que una violación es una violación se dé en el contexto en el que se dé. Una violación es violación independientemente de la condición de la víctima. Las causas de una violación no radican en que la víctima esté borracha o lleve minifalda, radican en que los perpetradores de esa violación son machistas violadores. Las violaciones son violencia de género y el alcohol no es el factor determinante. Si esto no le queda claro al PP, le rogaría a Cayetana Álvarez de Toledo, quien se confiesa una feminista amazónica, que se lo explique a sus compañeros de partido. Porque si es feminista, comparte las premisas de este párrafo, y esa ayuda les vendría bien a sus compañeros de partido. Aunque si lo reflexionamos bien, el amazonismo cayetano es una interpretación libre y sui generis del feminismo. Hacer gala de medidas que coartan la libertad de expresión, intentar ridiculizar el consentimiento expreso en las relaciones sexuales y cosas de ese estilo no parecen muy feministas, pero son muy cayetanistas. Mejor que nos esperemos, señora Álvarez de Toledo, a que se lo expliquen las personas que conforman el Gobierno y la portavoz socialista, Adriana Lastra.

Me sorprende profundamente que esté escribiendo estas líneas a día 5 de marzo de 2020. Que una violación es una violación independientemente de lo que haga la víctima me parecía una cuestión obvia. Lamentablemente, parece que no es así. Este es un problema grave cuya solución es el feminismo. Quizá por eso, permítanme otra licencia más, me duele ver el nivel de tensión que hay dentro del feminismo. No tenía intención de entrar en este tema, así que saldré rápido. Yo creo que en estas cuestiones coinciden todas ustedes. Los hombres necesitamos que el feminismo nos siga formando, necesitamos de vosotras. El feminismo trae luz, lleven esa luz a las mentes que ven en el “sola, borracha quiero llegar a casa” un lema proalcohol.