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Luces y Sombras en la izquierda: Elecciones 26M

Las elecciones del pasado domingo dejan un sabor agridulce a todos aquellos que se consideran progresistas. Si bien el Partido Socialista ha demostrado su posición hegemónica al volver a ser el partido más votado dentro de la izquierda, Podemos ha perdido la mayor parte de sus ayuntamientos, además de retroceder en todas las comunidades autónomas.

Estas pérdidas son realmente importantes, teniendo en cuenta que, después del 28A, el pacto más probable era entre la formación morada y el PSOE. Estos malos resultados no tienen por qué impedir que este escenario se de en el gobierno central, sin embargo, la posición de Podemos a la hora de negociar va a ser más débil, podrán exigir menos ministerios, cosa que ha sido reconocida por el Secretario General de Podemos. Es posible que el PSOE ante esta debilidad pretenda gobernar en solitario con el apoyo de las distintas fuerzas políticas progresistas.

Pese a las pérdidas, los resultados del resto de fuerzas de izquierda son fundamentales para permitir gobiernos progresistas ya sea en solitario o en coalición. Por ejemplo, en Asturias, pese a que el Partido Socialista ha obtenido el 35% de los votos, necesita el 11% y el 6% que han cosechado tanto Podemos como Izquierda Unida. Otros ejemplos menos halagüeños para la izquierda podrían ser Castilla y León o Aragón, donde la llave del gobierno no la tendría una fuerza progresista, sino que estaría en manos de Ciudadanos. Por último, debemos destacar la victoria en las Islas Baleares, donde la izquierda conseguiría revalidad el gobierno, con el PSOE como lista más votada por primera vez en su historia.

Si bien se obtuvieron buenos resultados en la mayor parte de las comunidades y municipios, la jornada estuvo marcada por la derrota del progresismo en Madrid, donde Carmena y Gabilondo no podrán cumplir sus aspiraciones. Aunque a que los primeros sondeos y escrutinios daban una victoria ajustada, según fue avanzando la noche la alegría se desvaneció, dando paso a la tristeza y resignación.

Esta derrota ha proporcionado la prueba más visible de la autocritica que debe hacerse la izquierda en esta legislatura. Todos debemos preguntarnos por qué, en un territorio como Madrid, marcado por la corrupción, la desigualdad y los recortes sociales no arraigan los discursos progresistas y si los reaccionarios. Tanto el PSOE como el resto de fuerzas de izquierda, deben pensar en una nueva estrategia para conseguir que el discurso redistributivo y social sea hegemónico en las próximas elecciones tanto municipales como autonómicas.

Las luchas internas dentro de Podemos posibilitaron la presentación de candidaturas diferentes, lo que dividió el voto de los electores. Aunque podríamos considerar que toda la culpa es de la formación morada, el PSOE también ha perdido aproximadamente 25.000 votos respecto a las elecciones de 2015 por no conseguir concentrar el voto centrista ni movilizar a sus principales electores, esto pudo deberse a la desmovilización de los barrios más humildes en el sur de Madrid, a la fuga de votos a Mas Madrid por el denominado “voto útil” o a la escasa capacidad de persuasión de los candidatos presentados a la alcaldía.

Respecto a la comunidad, Gabilondo y Errejón, los dos candidatos más populares entre los madrileños aglutinaron el voto progresista, sin embargo, no fue suficiente, quedándose a escasos concejales de la victoria.

En cualquier caso, debemos reflexionar y buscar nuevos espacios de entendimiento, no solo en la capital de España sino en todo el territorio nacional, puesto que, ya sabemos que las candidaturas de derechas van a dejar sus diferencias a un lado para desplazar a sus verdaderos antagonistas.

La pregunta que debemos realizarnos es: ¿La izquierda está preparada para dejar atrás sus diferencias y luchar por un futuro común?