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Mi abuela se leyó tres veces "El Quijote"

Practica la muerte. Decir esto es decirle a alguien que ensaye su libertad. Una persona que ha aprendido cómo morir, ha olvidado cómo ser un esclavo. Séneca

Nos morimos y no hemos aprendido a hablar de ello. Ponernos de espaldas a la muerte, es una manera de olvidarse de la vida. Saber vivir es escribir el mejor libro del mundo. Cada párrafo, cada coma, cada punto… tiene sentido en sí mismo. Las interrogaciones son las dudas de nuestra existencia y las exclamaciones nos salvan de la impasibilidad. Capítulos enteros que cuentan nuestra historia, la querida, la deseada y la sobrevenida. Capítulos que se entienden y que no, pero ahí están, desafiando a lo previsible.

El mejor libro tiene el mejor punto final. Quien lo lea, podrá disfrutarlo y si así lo considera, incorporar algunas partes al suyo propio. La Humanidad debería ser una gran biblioteca, llena de sabiduría y de memoria.

Despedir a alguien a quien quieres, asumir que terminó antes que tú, es doloroso. Humanamente doloroso. El duelo tiene sentido. Sobre todo, si quien se va no lo hace de acuerdo con el orden que tenemos estipulado.

La muerte es la última expresión de la vida. Si en la vida tenemos capacidad y derecho para decidir hacia dónde nos dirigimos, esa misma capacidad y derecho debe permanece en nuestra muerte. ¿Por qué tenemos miedo a desear una buena muerte? ¿Será que no hay garantías para una vida digna?

Nuestra sociedad tiende a conseguir la longevidad productiva a toda costa y desprecia lo que no es productivo. Este desprecio incluye a las personas, sean de la edad que sean. Pasan a ser una carga económica carente de interés. Se invisibilizan. Se les da la espalda: “Aporta o aparta”. Los recursos son escasos y están destinados a la contención de la indignidad, no a cultivar dignidad. Enterramos en burocracia, pretendemos que no se note que nos morimos y pasamos páginas sin ni siquiera leerlas.

¿Se imaginan el cambio que se produciría en la sociedad si rescatásemos el Sentido de la Vida?

No hace un año que se murió mi abuela. Supo agarrarse a la vida y recibir la muerte. Se hubiera ido antes, porque estaba sin estar. Vivía sin vivir. Y no le merecía la pena. Los últimos días de hospital, tenía que tomar medicación que no podía tragar, tenía que responder cuando no podía hablar, tenía que sujetar el vaso cuando no tenía fuerza, y tuvo que revivir médicamente, porque no la podían dejar morir. A las pocas horas, murió. No hubiera sido necesario hacerlo así.

El acto de amor es dejar marchar. Es nuestra vida. Brindo por la Muerte Digna. Brindo por la Eutanasia. Brindo por la Vida.

Mi abuela se leyó tres veces “El Quijote”. En su recuerdo:

“Busco en la muerte la vida,

salud en la enfermedad,

en la prisión libertad,

en lo cerrado salida

y en el traidor lealtad.

Pero mi suerte, de quien

jamás espero algún bien,

con el cielo ha estatuido

que, pues lo imposible pido,

lo posible aún no me den” (Fragmento D. Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes)

Psicóloga.

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