El paradigma Guillermo Tell
«¿Así que ha llegado a este punto, ¿la obediencia y el miedo huyen juntos?»
Guillermo Tell, 1804, Friedrich Schiller
- Publicado en Cultura
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
«¿Así que ha llegado a este punto, ¿la obediencia y el miedo huyen juntos?»
Guillermo Tell, 1804, Friedrich Schiller
Boquitas pintadas llenas de dientes «Juan Carlos! Sorpresas tengo...en todos estos años que separados vivimos...
¡Aprendí a cocinar! ¡Sí! Puedo prepararte lo que más te plazca, Juan Carlos
¿Me pides que hoy junto a ti me acueste?»
Boquitas pintadas, 1968, Manuel Puig
«Le gustaban, sin embargo, los lugares rebosantes de mujeres públicas, sus bailes, sus cafés, sus calles; le gustaba codearse con ellas, hablarles, tutearlas, aspirar sus perfumes violentos, sentirse cerca de ellas al fin y al cabo eran mujeres, mujeres de amor»
Bel Ami,1885, Guy de Maupassant
«La traición (...) se ríe de nosotros en la ventana; la traición avanza descaradamente en nuestra propia casa; la traición se cuelga las botas a la espalda para que las tablas del piso no crujan en la casa despojada. Pero nosotros queremos arrancar el piso para que se levante contra nuestra inocente rudeza y derramaremos sangre negra en esas botas que han aprendido a andar sin crujidos»
«Puedo mirar a la muerte, ya de frente y sin estremecerme, porque sé qué es la vida humana»
Suspiria de profundis, 1845, Thomas de Quincey
«La Casa Usher era un abismo de sombras y secretos oscuros, un lugar donde la realidad se desdibujaba y los límites entre la vida y la muerte se desvanecían»
La caída de la Casa Usher, 1839, Edgar Allan Poe
«¿Qué es un nombre en nuestro mundo revolucionado y revolucionario? Para los que no hacen nada, es como un número, para los que trabajan y luchan es como una enseña o una divisa.
El que me dieron, lo hice yo sola, con mi trabajo»
Historia de mi vida, 1855, George Sand,
«A quién dices tu secreto, das tu libertad, nunca lo olvides, Sara»
Caperucita en Manhattan, 1990, Carmen Martín Gaite
«Porque así (si estás casada) eres más libre y tienes un nombre. Puedes hacer lo que quieras, siempre que lo hagas con discreción»
Fortunata y Jacinta, 1887, Benito Pérez Galdós
«Algunos pensaban en él y rezaban por él. Mendel Singer, empero,
permanecía erguido junto a la puerta, enfadado con Dios»
Job. Novela de un hombre sencillo, 1930, Moses Joseph Roth
«Llevar un vientre entre las caderas es mero destino. Llevar una cabeza sobre
los hombros es una responsabilidad»
El siglo de las luces, 1962, Alejo Carpentier y Valmont
Ante aquello que he esperado con excesivas ansias, ante aquello que he
embellecido en demasía en mis sueños previos, lo único que puedo hacer es
huir»
Confesiones de una máscara, 1949, Yukio Mishima
«Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los
mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando
vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de
cera […]. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las
flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de
las chumberas»
La familia de Pascual Duarte, 1942, Camilo José Cela
«En la vastedad del espacio, Marte es un oasis de vida y esperanza, que nos recuerda la importancia de proteger nuestro planeta Tierra»
Crónicas marcianas, 1950, Ray Bradbury
«Hoy en día sufrimos y hacemos sufrir, matamos y morimos, realizamos
hazañas maravillosas y actos horrendos no ya para salvar el alma, sino para
salvar la piel. ¡Nos convertimos en héroes por algo bien mezquino»
La piel, 1949, Curzio Malaparte
«Se veían del brazo de un chico maduro, pero juvenil, respetable, pero deportista, yendo a los estrenos de teatros y a los conciertos del Palacio de la Música, con abrigo de astracán legítimo; sombrerito pequeño. Teniendo un círculo; seguras y rodeadas de consideración. Masaje en los pechos después de cada nuevo hijo. Dietas para adelgazar sin dejar de comer. Y el marido con Citröen»
«No le llamaban Machine solo porque daba las cartas deprisa, sino también porque era metódico»
El hombre del brazo de oro, 1949 , Nelson Algren
«Quien se miente y escucha sus propias mentiras llega a no distinguir ninguna verdad, ni en él, ni alrededor de él»
Los hermanos Karamazov, 1881, Fiodor Dostoievski
«Todo se había cumplido según la costumbre,
y no lograba comprender en qué me habían obligado»
Viento del este, viento del oeste, 1930, Pearl S. Bruck
«Solo podía mirar, horrorizado. Todos los niños reaccionan así la primera vez
que los tratan con injusticia. A lo único que piensan que tienen derecho cuando
se le acercan a uno de buena fe es a un trato justo»
Peter Pan, 1907, James Mathew Barrie
«¿Por qué habrían de pensar en la peste, que suprime el porvenir, los desplazamientos y las discusiones?
Se creían libres y nadie será libre en tanto haya calamidades…»
La peste, 1947, Albert Camus
«Todo hombre se parece a su dolor»
La condición humana, 1933, André Malraux
«Me temo que la vida se ha deteriorado, no quedan ya ocasiones para las finas agudezas con que hacía su carrera un hombre de estado. Salvo en negocios como el mío, en los que a veces se presenta una oportunidad, la sociedad se ha convertido en un gran desorden; todos quieren prosperar, es cierto, pero ¿cuál es el moyen de parvenir? Una mera imitación, y no muy elegante, de las artes del vendedor de jabones y el dueño de la fábrica de harina. Cuando pienso en estas cosas, mi querido Dyson, le confieso que me siento tentado a desesperar del siglo en que me ha tocado vivir»
Los tres impostores, 1895, Arthur Machen
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