Zucman, los megaricos y los impuestos
La reducción de impuestos constituye uno de los caballos de batalla –quizás, el más relevante– en la política económica de los partidos conservadores, tanto del espectro de la derecha como de la ultraderecha. A esta propuesta se añade otra, de igual calado e íntimamente relacionada con la anterior: la flexibilización de los factores de producción, en especial el trabajo. Pero esa flexibilización abraza, a su vez, otros vectores: exigencias de mayores laxitudes normativas –tanto laborales como ambientales–, así como la defensa de las desregulaciones en el mercado de capitales, entre otros. La visión escolástica de un mercado aparentemente libre de intromisiones es la que domina esa doctrina económica, extendida a movimientos y partidos que la adquieren como guía para su actuación en políticas públicas. Todas estas proposiciones se han podido contrastar con la realidad económica, toda vez que dirigentes conservadores, llegados al poder, las pusieron en práctica: los casos, bien conocidos, de Ronald Reagan en Estados Unidos, y Margaret Thatcher en Gran Bretaña, son los ejemplos –y modelos– más divulgados. Los corolarios: un incremento meridiano de la desigualdad, aspecto demostrado empíricamente por los sólidos trabajos de Branko Milanovic y de Thomas Piketty; y la caída del crecimiento económico, con la implantación de las políticas neoliberales, tal y como se recogen en las contribuciones de Angus Maddison.
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