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Obesidad e hígado graso: ¿cómo puede protegernos una microbiota intestinal saludable?


  • Escrito por Antonio J. Ruiz Alcaraz y cuatro más
  • Publicado en Sanitem
(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Hay que pagar un precio muy alto por estar obeso, de eso no cabe duda. De hecho, no es solo una cuestión de estética, sino que conlleva una peor calidad de vida y da lugar a numerosos problemas de salud. Así, es de sobra conocido que la obesidad está íntimamente relacionada con el desarrollo de diversas patologías como la diabetes de tipo 2, la enfermedad cardiovascular o el cáncer, entre muchas otras.

La enfermedad por hígado graso, considerada como la manifestación hepática del síndrome metabólico, es una patología hepática crónica altamente prevalente en la población general. Está presente hasta en un 25% de la población mundial y en un 80-90% de los individuos con obesidad. Ante estas cifras, se entiende que muchos expertos se refieran a ella como una “pandemia silenciosa”.

Esto no es un hecho desdeñable, ya que diversos estudios epidemiológicos han demostrado que su presencia se asocia de manera significativa con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares y de sufrir de cáncer (tanto en hígado como en otros tejidos).

Además, según estimaciones recientes, el hígado graso se va a convertir en la principal causa de trasplante hepático en las próximas décadas, superando claramente a las infecciones víricas o al alcoholismo.

La buena noticia es que la microbiota intestinal y sus posibles alteraciones tienen un alto impacto en esta y otras patologías de componente metabólico e inflamatorio. Por ello, el estudio de la microbiota intestinal de pacientes con hígado graso, unida a una apropiada intervención nutricional para modularla, podrían ser fundamentales para el éxito de las terapias actuales.

¿Cómo afecta la obesidad a nuestro hígado?

El hígado es un órgano esencial en el metabolismo del organismo. En especial para el metabolismo de carbohidratos y grasas. De ahí el gran impacto metabólico y patológico de problemas crónicos producidos en el hígado, como es el caso de la enfermedad por hígado graso.

La obesidad se caracteriza principalmente por un exceso de adiposidad que, a largo plazo, tiende a acumularse en diversos órganos como el propio hígado. Además, las personas obesas suelen presentar una inflamación crónica de baja intensidad, la cual, a su vez, puede repercutir de manera negativa en la función del hígado.

La obesidad también suele caracterizarse por alteraciones en la microbiota intestinal, es decir, en la población de bacterias presentes en nuestro tracto gastrointestinal. Y eso añade dificultades a la fisiología y función del hígado.

En el caso de los pacientes obesos con hígado graso, la mejor intervención para mejorar es una pérdida considerable de peso, de en torno al 10%. Esta pérdida de peso puede ser muy dificultosa para estos pacientes, sobre todo para aquellos con obesidad severa. Por ello, en estos casos se suele recurrir a un tratamiento quirúrgico denominado cirugía bariátrica.

La microbiota intestinal, clave para el desarrollo y progresión del hígado graso

La microbiota intestinal tiene una implicación importante en el mantenimiento de nuestra salud, con especial importancia en la regulación de nuestro metabolismo y del estado inflamatorio del organismo.

En los últimos años, diversos estudios han demostrado que los pacientes con hígado graso presentan alteraciones de la microbiota intestinal que incluyen un aumento importante de poblaciones bacterianas patógenas. Estas bacterias pueden producir compuestos tóxicos para el hígado, como el etanol, e inducir la producción de moléculas señalizadoras (citoquinas) proinflamatorias por parte del sistema inmunitario, o ciertos productos de su metabolismo (metabolitos).

La solución podría pasar por modular la microbiota intestinal. ¿Pero cómo? Las terapias con antibióticos funcionan, pero podrían conducir también a una reducción de la microbiota sana. Por el contrario, el consumo de prebióticos como la fibra y de probióticos como el yogur sí podría ayudar a prevenir o incluso tratar el hígado graso y otras enfermedades metabólicas relacionadas con la obesidad.The Conversation

Antonio J. Ruiz Alcaraz, Profesor de Inmunología de la Universidad de Murcia e investigador del Grupo de Inmunidad Innata del IMIB, Universidad de Murcia; Andrés Balaguer Román, Médico Interno Residente en Cirugía General y del Aparato Digestivo, Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca, Universidad Miguel Hernández; Bruno Ramos Molina, Investigador Principal IMIB y Profesor Colaborador Honorario de Bioquímica, Universidad de Murcia; Maria Antonia Martinez Sanchez, Estudiante Predoctoral Depto. de Bioquímica y Biología Molecular B e Inmunología. Nutricionista en el grupo de Obesidad y Metabolismo en el IMIB, Universidad de Murcia y María Dolores Frutos Bernal, Experta en Cirugía Bariátrica, profesora asociada, Universidad de Murcia

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation


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