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Movember: bigotes por la salud masculina


  • Escrito por Mencia Ruiz Gutiérrez Colosia
  • Publicado en Sanitem
(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)
shutterstock. Ivan_Shenets/Shutterstock shutterstock. Ivan_Shenets/Shutterstock

Cada mes de noviembre, miles de hombres de todo el mundo dejan crecer su bigote. Se trata de una forma de concienciación sobre la salud masculina que promueve la Fundación Movember, nombre derivado de la combinación de los términos “bigote” y “noviembre” en inglés (moustache + november). Este movimiento se originó en Australia en 2003 como forma de combatir el cáncer de próstata, uno de los tipos de cáncer más frecuentes en hombres, y más adelante el cáncer de testículos, el más diagnosticado en hombres jóvenes.

Actualmente es una fundación internacional que ha financiado 1250 proyectos no solo relacionados con problemas de salud típicamente masculinos, sino también con problemas de salud mental.

En esta última remesa, la Universidad Loyola colabora con la Universidad de Canberra en la evaluación de efectividad y sostenibilidad de quince proyectos relacionados con la salud mental en veteranos y trabajadores de primera línea: policías, bomberos, paramédicos etc. Todas ellas profesiones estresantes que han estado típicamente asociadas al género masculino.

Los hombres piden menos ayuda cuando sufren ansiedad y depresión

Estas profesiones se caracterizan por la exposición continuada a una variedad de factores desencadenantes de estrés como los turnos de trabajo, horarios prolongados, desempeño de funciones físicamente exigentes o ser testigo de forma recurrente del sufrimiento humano. Han estado típicamente asociadas al género masculino, concretamente al patrón de masculinidad patriarcal más tradicional, y a su vez el más estigmatizante en lo referente a la salud mental.

En ellas suele existir menor reconocimiento y aceptación del trauma, generalmente porque el contexto les empuja a sentirse invencibles, algo que les ayuda a afrontar los riesgos que entraña el ejercicio de su profesión.

También son personas con escasa iniciativa en la búsqueda de ayuda. En una revisión sistemática y metaanálisis que incluía estudios sobre prevalencia de trastorno mental y factores de riesgo en policías de todo el mundo, se encontró que el bajo apoyo social percibido (organización, compañeros), el estrés ocupacional y las estrategias de afrontamiento desadaptativas, como evitar hablar del problema, se asociaban a niveles más altos de trastorno de estrés postraumático.

Gorodenkoff/Shutterstock

 

No obstante, lo llamativo es que, al margen de la profesión, en la sociedad de hoy en día la tendencia se mantiene. Los hombres piden menos ayuda. Según el Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2020-2021 español, a pesar de que las mujeres, en todos los rangos de edad, presentan mayor prevalencia de trastornos mentales, especialmente de ansiedad y depresión, la tasa de suicidio es mayor en hombres. Concretamente, en jóvenes de 20 a 24 años el número es cuatro veces superior al de mujeres y cinco veces superior en personas de más de 75 años.

En el entorno universitario, las clínicas y servicios de psicología muestran datos que respaldan las diferencias asistenciales: 65 % de mujeres frente al 35 % de hombres de media. En concreto se registró un 64 % vs 36 % en la Clínica Universitaria de Psicología Loyola; 65 % vs 35 % en la Clínica Universitaria de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid; 67 % vs 33 % en un estudio pre y pospandemia de la clínica universitaria de la Universidad Autónoma de Madrid.

Los motivos han sido ampliamente debatidos: factores de personalidad, construcciones de género y menor autoconciencia de salud mental entre otros. Por ejemplo, en un estudio reciente desarrollado en Australia se encontró que la muestra presentaba un aprendizaje de rol adquirido durante la infancia, donde la expresión de emociones como el miedo, la angustia o la tristeza amenazaban el estatus de masculinidad.

Como esfuerzo por abordar esta problemática y generar mayor concienciación, desde Movember promueven cinco movimientos basados en comportamientos saludables que contribuyen al bienestar subjetivo físico y emocional:

  1. Estilo de vida saludable: vivir de forma que podamos mantener o mejorar la salud y calidad de vida. Esto incluye hábitos de ejercicio, dieta saludable, evitar el tabaco y el alcohol.

  2. Resiliencia: desarrollar hábitos positivos que nos permitan tener una salud mental más fuerte. Por ejemplo, realizar actividades que den propósito y significado a tu vida, además de aprender habilidades para la solución de problemas y el manejo de emociones.

  3. Red social: desarrollar redes de apoyo social y conservar las que ya tenemos. Pasar tiempo con aquellas personas que nos hacen sentir más positivos.

  4. Conciencia de salud: para desarrollar mayor autoconciencia de salud, utilizar herramientas y recursos psicoeducativos, sanitarios etc. a nuestro alcance, que permitan generar mayor conocimiento de nuestra salud física o mental. Aprender la importancia de identificar los cambios o factores de riesgo de forma temprana.

  5. Búsqueda de ayuda: cuando algo no está bien o exista un riesgo para la salud, tomar las acciones necesarias para buscar ayuda. Utilizar las herramientas y recursos disponibles para acceder a la ayuda continuada (médico de cabecera, centros de salud mental, servicios de psicología en universidades etc.) o específica para situaciones de crisis (servicios de emergencias, teléfono de la esperanza etc.). Hablar con un profesional o experto para expresar nuestras preocupaciones.

Lo que parece indiscutible es que tratar de ignorar el malestar psicológico en cualquiera de sus formas solo lleva a un incremento del estrés y al arraigo del problema. No necesitamos superhéroes, sino personas mentalmente sanas.The Conversation

Mencia Ruiz Gutiérrez Colosia, , Universidad Loyola Andalucía

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.