Se anuncian nuevamente cataclismos con el sistema público de pensiones. Está quebrado, se afirma. El tema constituye un desafío para la economía y para las administraciones públicas, teniendo en cuenta que en 2050 las personas mayores de 65 años serán unos 15 millones. Ello puede representar un gasto en esa fecha, 2050, del orden del 16% del PIB, según las previsiones de AIREF. Hoy, esa cifra no llega al 13% en España, mientras en otros países, actualmente, está en el 15% (Austria) o 16% (Italia). Esos países “aguantan” el sistema, sin quiebras, con cuatro puntos más sobre PIB que en el caso de España. Con estos datos, parece normal que en 2050 se necesiten más recursos para cubrir las pensiones; pero no es sensato advertir –como se viene haciendo desde hace más de treinta años– que el sistema va a una quiebra inexorable. O ya está en ella. Los esquemas ideológicos marcan ese diagnóstico, y persiguen incidir en la necesidad de planes privados de pensiones. Máxime cuando se está trabajando con indicadores de futuro muy inestables. Veamos.