El gatopardo y el coronavirus
«Nosotros fuimos los gatopardos, los leones. Quienes nos sustituyan serán chacalitos y hienas, y todos, gatopardos, chacales y ovejas, continuaremos creyéndonos la sal de la tierra»
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«Nosotros fuimos los gatopardos, los leones. Quienes nos sustituyan serán chacalitos y hienas, y todos, gatopardos, chacales y ovejas, continuaremos creyéndonos la sal de la tierra»
«La historia tiene ya el número de páginas suficientes para enseñarnos dos cosas: que jamás los poderosos coincidieron con los mejores, y que jamás la política (contra todas las apariencias) fue tejida por los políticos (meros canalizadores de la inercia histórica)»
La colmena, Camilo José Cela.
«Las injusticias se deben hacer todas a la vez a fin de que, por probarlas menos, hagan menos daño, mientras que los favores deben hacerse poco a poco con el objetivo de que se aprecien mejor»
El príncipe, Nicolás de Maquiavelo
Qué pena que Maquiavelo sea hoy en día sinónimo de astucia torticera y engaño doloso, cuando sus enseñanzas están llenas de sensatez y conocimiento real y verdadero de la naturaleza humana. Allá por 1553, ya fallecido el autor, en la Roma de los poderosos Medici, se publica este tratado de política y filosofía moderna en italiano, que se entienda bien, una obra polémica que defiende, y que define, el Estado moderno, mientras deja en pañales a los políticos que tenemos, ellos que siguen creyendo estar en principados acotados a los que no llega el clamor popular.
«¡Qué les importa a ellos la fealdad! A ellos les importa la tierra, las yuntas y una perra sumisa que les dé de comer». La casa de Bernarda Alba, Federico García Lorca
«Las dos provincias del bien y del mal que componen la doble naturaleza del hombre»
El extraño caso del Dr. Jekyll y el señor Hyde, R. L. Stevenson
«Si uno empieza por permitirse un asesinato pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente»
«Los hombres no sucumbimos a las grandes penas ni a las grandes alegrías, y es porque esas penas y esas alegrías vienen embozadas en una inmensa niebla de pequeños incidentes. Y la vida es esto, la niebla. La vida es una nebulosa»
Niebla, Miguel de Unamuno
«Un tumulto es un bulto que le sale a las multitudes»
«El camello tiene cara de cordero jorobado»
Greguerías, Ramón Gómez de la Serna1
Toda la sabiduría de este gran vanguardista y trasgresor cultural de la Generación de 1914 se concentra en el choque entre ingenio de artista y realidad para conseguir, mediante la simbiosis del humorismo y la metáfora, una greguería, más sinóptica aún si cabe que un haiku, pues solo consta de una frase, con el que comparte el deseo de provocar asombro y emoción; don Ramón hizo de la greguería algo con categoría de género literario que vino a enriquecer el acervo de la imaginería poética de principios de s. XX y que deberíamos rescatar en los albores de este amargado s. XXI. Una greguería es arte de vida que huele y transpira bullicio y algarabía. Todo eso que hemos perdido.
«Él era como el pastor de la leyenda: había acariciado de pequeña a la serpiente, la había alimentado, prestándola hasta el calor de su cuerpo, y al volver de la guerra asombrábase viéndola grande, Poderosa, embellecida por el tiempo, mientras ella se le enroscaba con un abrazo fatal, causándole la muerte con sus caricias»
Cañas y barro, Vicente Blasco Ibáñez
«Y el cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto»
El cuervo, Edgar Allan Poe
«Debiste haber traído muchas cosas, pensó. Pero ahora no es tiempo de pensar en lo que no hiciste. Piensa en lo que puedes hacer con lo que tienes aquí».
El viejo y el mar, Ernest Hemingway
«El respeto lo han inventado para llenar un vacío donde debiera estar el amor». Ana Karenina, León Tolstói
La entrega femenina, abierta y generosa, a un amor reprobado por la sociedad es uno de los grandes temas recurrentes de finales del s. XIX, que arranca en 1857 con Mme. Bovary y continua con Ana Karenina (1878), La Regenta (1884) y Effi Briest (1895), por poner otros ejemplos clásicos de unos amores adúlteros cuyo precio terminan pagando muy caro sus protagonistas, algo que parecía estar ya superado. Craso error, como sabemos. Me comentaba un amigo que durante el confinamiento había aumentado de forma abrumadora la cantidad de mujeres con pareja que se apuntaban a redes sociales de citas, lo cual bajó notablemente cuando la vida volvió a la ‘normalidad’, y él lo achacaba al aburrimiento de la vida marital y las horas de encierro en casa. Se le olvidó mencionar cuántos hombres hacen lo mismo sin que eso mismo le sonara raro.
«Billy se dejaba guiar por el miedo y por la falta de miedo. El miedo le decía cuándo debía detenerse. La falta de miedo le decía cuándo debía seguir adelante». Matadero 5 o La cruzada de los niños, Kurt Vonnegut
«Para poner a prueba la realidad, hemos de verla en la cuerda floja. Cuando las verdades se hacen acróbatas podemos juzgarlas».
El retrato de Dorian Grey, Oscar Wilde
…O cuando la imagen no se corresponde con lo que ves y los deseos son escuchados y llevados al extremo de la presunción exacerbada traspasada por la vanitas y el fin es la tragedia y la vuelta del decadentismo.
«Él ha legado un nombre a las edades que la virtud de amor tan solo adorne y que mil faltas maldecidas manchen»
El corsario, Lord Byron
«Si el mundo va mal era porque, quizá por distracción, nadie pretendió nunca que fuera bien» Casa desolada, Charles Dickens
«Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos». Rayuela, Julio Cortázar
He aquí la novela mágica inclasificable que puede ser leída y entendida de múltiples maneras. Para mí, su mejor cronopio, entendido por Cortázar como un dibujo fuera del margen, un poema sin rimas, aunque también tiene el diseño de un mandala con la esperanza de dar paz en la reflexión de sus múltiples lecturas.
«Por amor de Dios que no hagáis que el seguirme sea perseguirme, y que lo que alcancé por loco, que es el sustento, lo pierda por cuerdo». El licenciado Vidriera, Novelas ejemplares, Miguel de Cervantes Saavedra
«La vida volvía a ser solitaria para mí, como era algo que parecía no tener remedio, la tomé con resignación». Nada, Carmen Laforet
En la nada acogedora posguerra española, Andrea se enfrenta a sus 18 años a la vida asfixiante de su familia y a la libertad de la universidad de Barcelona. Una muchacha pasiva, casi infeliz, que posiblemente había leído en profundidad a Simone de Beauvoir desde la perspectiva de su autora de 23 años cargada de existencialismo y reflexión en soledad. La tristeza que destilan sus páginas se ha vuelto lema en estos tiempos de aislamiento e incertidumbre en una sociedad desvinculada y azotada por la melancolía de la inexistencia y la falta de asideros sólidos a los que agarrarse para no sentir la carencia absoluta del ser, que es una de las definiciones que da la RAE para el sustantivo ‘nada’.
«Así pues [los exploradores interestelares] dejaron un centinela, uno de los millones que deben de existir esparcidos por todo el universo, vigilando los mundos en los cuales vibra la promesa de la vida». El centinela, Arthur C. Clarke.
«HELMER: Nora, por ti hubiese trabajado con alegría día y noche, hubiese soportado penalidades y privaciones. Pero no hay nadie que sacrifique su honor por el ser amado.
NORA: Lo han hecho millares de mujeres». Casa de muñecas. Henrik Ibsen.
«Ante la vida no hay más que dos soluciones prácticas para el hombre sereno, o la abstención y la contemplación indiferente de todo, o la acción limitándose a un círculo pequeño. Es decir, que se puede tener el quijotismo contra una anomalía; pero tenerlo contra una regla general, es absurdo». El árbol de la ciencia, Pio Baroja.
«He tratado de mantener una mente abierta; y no son las cosas ordinarias de la vida las que pueden cerrarla, sino las cosas extrañas; las cosas extraordinarias, las cosas que lo hacen dudar a uno si son locura o realidad». Drácula, Bram Stoker.
El juego de los abalorios predice el coronavirus</p«Recuérdalo: se puede ser un lógico estricto o un gramático y, al mismo tiempo, estar colmado de fantasía y de música. Se puede ser músico o jugador de abalorios y, contemporáneamente, estar entregado por entero a la ley y a la regla». El juego de los abalorios, Herman Hesse
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