Pobreza mental sin pizca de gracia
No sé qué es lo que le ocurre a esta sociedad, que ha perdido la inteligencia en aras de un humor burdo que no llega a ninguna parte.
- Publicado en Opinión
No sé qué es lo que le ocurre a esta sociedad, que ha perdido la inteligencia en aras de un humor burdo que no llega a ninguna parte.
Las redes sociales, no cabe duda, son un pozo de inspiración para quienes, como servidora, gustan de asomarse a la realidad cotidiana, esta que aparece atravesada todos los días por la pandemia, sus cifras y sus consecuencias.
Estoy escribiendo este artículo en el Día Internacional de la Juventud, el día de aquello que se va, como dijo el poeta, para no volver.
A diario nos enfrentamos con compatriotas que pasan de ponerse la mascarilla; con quienes para ellos la distancia social no es de metro y medio, sino de medio metro; con grupos de más de diez personas, riendo y comiendo, como si no hubiera mañana. Todo a pesar del bombardeo agotador de los brotes y rebrotes…
Me sugiere este periódico que escriba un artículo de opinión sobre la situación del rey emérito Juan Carlos. Algo de veneno trae esta indicación porque es un tema espinoso donde los haya.
Extraño verano este de 2020, en el que, a pesar del calor, las caras han de permanecer emboscadas como si nos encontráramos en una mala película de atracadores de bancos o de cirujanos, que en ambos casos ocultar el rostro es necesario.
Nadie puede discutir que la realidad en la que vivimos ahora ha cambiado sustancialmente, y que el factor de la pandemia ha hecho aflorar problemas que antes de marzo de 2020 parecían afectar solo a ciertos sectores.
No todo el que miente es un mentiroso compulsivo. Las mentirijillas piadosas, o aquellas que decimos para salir de un marrón, nada tienen que ver con la compulsión de faltar a la verdad.
Las “ocurrencias” de la presidenta de la Comunidad de Madrid nos están dando mucha cuerda larga para los comentarios. Lo fueron las famosas fotos híbridas entre la Dolorosa y la niña gótica de “Ring”; también ocupó la primera plana la “D” del nombre del CoviD 19, por ubicarlo en diciembre; qué decir tiene la cascada de comentarios al respecto de la escultura en homenaje de las víctimas del virus, una especie de fantasma escatológico que parece ser duerme el sueño de los justos en el hueco de una escalera del palacio de la Puerta del Sol.
Durante tres meses hemos soportado montajes periodísticos, bulos, falsos informes para desembocar en un pandemónium jurídico en el que se quiere que los jueces y tribunales modifiquen el sentido del voto mayoritario, todo lo que sea con tal de apartar la atención en las causas reales y las consecuencias trágicas de esta pandemia.
Nunca en la vida de la democracia reciente española se ha constatado una inutilidad mayor que el voto a la derecha y a la ultraderecha en las últimas elecciones generales. No cabe la menor duda de que la inmensa mayoría de su electorado, tras ese ruido de caceroladas y de insultos, debe sentir la mayor de las frustraciones. La misma que siente un aficionado al fútbol cuando ve que su equipo es derrotado una y otra vez por la inoperancia y la vaguería de sus jugadores, que en vez de buscar la portería se dedican a hacer entradas sucias y a provocar faltas hasta que el árbitro termina por echarles del campo.
Ayer, en estos periplos míos por las redes sociales, subí un comentario respecto a que no me parece en absoluto ni oportuno ni justo atacar a la institución de la Guardia Civil al albur de los últimos acontecimientos. De igual manera, me parece una vileza instrumentalizarla para hacer nuevos posados en ese periplo que algunos consideran es lo conveniente en vez de apoyar y colaborar con el Gobierno.
En política hay líneas rojas, sobre todo las referentes a la educación en los órganos de representación. En política debe de existir un respeto entre adversarios, no solo porque la cortesía debe existir en todos los lugares, momentos y situaciones, sino porque diputados o concejales son la representación de sus votantes.
Cualquier doctrina manipulativa, ya tuve ocasión de explicarlo en los artículos sobre la propaganda nazi, utiliza cortinas de humo, que viene a ser la mano izquierda del prestidigitador (o la derecha, si es zurdo), para distraer la atención de lo esencial.
Tal vez no tendría que escribir estas palabras, tal vez.
Tal vez tendría que seguir demostrando la tolerancia y la paciencia de los compañeros y compañeras del Gobierno, tal vez. Pero hay momentos en la vida que el cuerpo te pide decir lo que piensas sin tapujos y lo voy a decir: ¡Basta ya!
Ayer lunes en el barrio de Salamanca de Madrid, se convocó una manifestación “espontánea” en boca del dirigente de VOX Santiago Abascal, lo que ya nos indica que estuvo más que programada.
La última felonía de la derecha, y uso esta palabra tan suya con conocimiento de causa, es el chantaje al gobierno de España, amenazando con no renovar el estado de alarma, aunque deja abierta la puerta de que si se explica a Casado personalmente el decreto, se lo pensará.
Si algo ha puesto de relieve esta situación de crisis es que aún nos falta bastante recorrido para ser una democracia consolidada.
Leo en un tuit de Pablo Casado su admiración por una ONG que se dedica a atender a los más necesitados. Valora enormemente la atención a los más desfavorecidos, a los mayores. Dicha ONG pervive gracias a las donaciones en su mayor parte.
Sin duda ninguna habrá un tiempo en el que tendremos que analizar lo que está sucediendo alrededor del hecho fundamental de la pandemia.
Era difícil, muy difícil encontrar un portavoz con más mala “baba” como decimos los castizos que Rafael Hernando, el anterior titular del Partido popular en el Congreso, era difícil. Pues bien, en Génova 13 lo han conseguido.
Vamos dando fin a esta sucesión de artículos con los cuatro últimos principios que Joseph Goebbels ideó para encumbrar el aparataje de propaganda que encumbró a uno de los mayores genocidas de la Humanidad, Adolf Hitler.
“La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”.
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