Se estrena una nueva película dramática de Almodóvar pero… ¿de verdad ha abandonado el cineasta la comedia?
Desde hace años hay en Pedro Almodóvar (Calzada de la Calatrava, 1949) una peculiaridad narrativa recurrente: la ruptura del tono trágico con inesperadas salidas humorísticas, muy breves, pero impactantes. La dama burguesa que reprende a su hija monja por interrumpirla mientras falsifica cuadros del pintor surrealista Chagall en Todo sobre mi madre; la recepcionista que comenta con una amiga, por teléfono, la rotundidad de sus deposiciones fecales en Hable con ella; el padre y el hijo que acuden a una boutique de segunda mano para vender, resignados, todo lo que la madre ha abandonado al huir del hogar, en La piel que habito. Son, como diría el crítico Roland Barthes, el punctum del filme, ese detalle especial e inesperado que atrae la atención de la imagen y altera su campo temático y formal.
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