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EL PERIÓDICO
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José Manuel Roca

Profesor jubilado de la Universidad Complutense.

Últimos libros publicados: Perdidos. España sin pulso y sin rumbo (Madrid, La linterna sorda, 2015) y, con Ramón Cotarelo: La Antitransición. La derecha neofranquista y el saqueo de España (Valencia, Tirant, 2015).

“Colonos”

Qué equivocado estaba yo, lo admito, en el asunto de “los colonos” en Cataluña. Obnubilado por las caravanas de pioneros en las películas del Oeste, me había despistado tal denominación, que reemplaza a la antigua, más clasista pero igual de despectiva, de “xarnegos”, pero leyendo lo que dicen los nacionalistas estoy obligado a cambiar de opinión.

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Carta abierta al diputado Pablo Iglesias

Señoría: Perplejo me hallo ante el grito “Viva Cataluña libre y soberana” lanzado al aire barcelonés en la última Diada, efecto, sin duda, del clima político imperante, de la emoción del evento y de la devota lectura de “Victus”, novelesca versión de la ficción nacionalista de los hechos de 1714.

  • Publicado en Opinión

El “procés” y sus fantasmas

Ahíto estoy del “procés”, nombre de reminiscencias kafkianas, que algún fontanero de la Generalitat ha escogido para designar la operación de separar, de modo unilateral, Cataluña de España. Aunque por el procedimiento con que se va a consumar la secesión -la “desconexión”- más bien parece obra de un electricista.

  • Publicado en Opinión

Malestar en Cataluña. El oasis catalán y el resto del mundo

Hay malestar en Cataluña. Eso está fuera de discusión, pero ¿a qué responde ese malestar? Los nacionalistas señalan la causa, la relación con España, sin vincularla con los cambios generados por la globalización, de los cuales lo que acontece en España y en Cataluña es la manifestación doméstica de una lógica mundial.

¡El obrero!

¿El obrero? ¿Un diario digital que se llama “El obrero”? Sí, el obrero, o sea el trabajador, treballador, trabalhador, traballador, obrer, worker, arbeiter, ouvrier, operaio, langilea, “currante” o “currelante”, como cantaba Carlos Cano en una célebre murga, en la que quería obsequiar a los caciques con un pico y una pala para ponerlos a “currelar”.

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