Optimismo contra catastrofistas
Por primera vez en mucho tiempo, entramos en una coyuntura esperanzadora de la mano de una Europa que ha decidido no suicidarse, sino seguir apostando por sí misma como espacio de libertades y de colaboración solidaria. España ha hecho valer la importancia de su peso estratégico como vivero del europeísmo más sensato, sobre la base de pugnar por conseguir una Europa social que reequilibre las derivas neoliberales que tan dañinamente han golpeado al continente en las últimas décadas. Lo acontecido tiene más mérito, aún, por surgir en un contexto político interior agitado por la irresponsabilidad de alguno de los principales líderes de la oposición.
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