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La dramatización en el sistema educativo

Para comenzar, en cuanto a la historia de la dramatización en educación, es importante apuntar que la relación entre estas es bastante reciente. La dramatización o juego dramático se comenzó a utilizar como recurso educativo a principios del siglo XX. El maestro de escuela y estudioso Cadwell Cook (1917, en Pérez Gutiérrez, 2004) la utilizaba en clase, y explicó que lo hacía porque el juego es la mejor forma de aprendizaje, y porque el aprendizaje más significativo se hace mediante la práctica y no mediante la instrucción.

En los años treinta, después de la primera guerra mundial, famosos hombres del teatro empezaron a acudir a las escuelas para utilizar el teatro como medio pedagógico, y así comenzó la corriente llamada “theater in education” (TIE). En la misma época el Belgrade Theater de Coventry (Inglaterra) se convirtió en una de las sedes más importantes de esta corriente y fue el centro de formación de profesores-actores, que utilizaban las representaciones teatrales con el fin de plantear situaciones problemáticas a los alumnos, para reflexionar y pensar en cómo resolverlos.

La distinción entre teatro y dramatización en educación se produjo en Norteamérica, cuando la profesora Winifred Ward utilizó por primera vez en 1930 el concepto “creative dramatics” para referirse a las actividades lúdicas y expresivas que realizaba en clase mediante la dramatización. Así, en Norteamérica empezaron a surgir estudiosos de la dramatización como Geraldine Siks o Nellie McCaslin, quienes han influido mucho en los estudios de drama en educación. También en Europa empezaron a interesarse por la formación del profesorado en este terreno, dado al interés que empezó a tomar lo creativo en la práctica educativa. Así podemos nombrar autores como Peter Slade en Gran Bretaña, el autor de la influyente obra Child Drama (1954, en Pérez Gutiérrez, 2004) donde aboga por la utilización de la actividad dramática en cualquier tipo de asignatura, o Chancerel en Francia, quién impulsó el término de “Jeu dramatique” que ya hemos explicado.

Otra influyente autoridad en este terreno ha sido la profesora y teórica inglesa Dorothy Heathcote (1967, en Pérez Gutiérrez, 2004), para quien la dramatización consiste en que el alumno reflexione sobre una situación desde dentro de ella. Además, propicia un espacio de reflexión e interpretación colectiva y el debate de opiniones, mediante lo cual se puede realizar una reformulación colectiva de la situación que se ha planteado. Este concepto refuerza nuestra hipótesis de que los ejercicios dramáticos ayudarían en los procesos inferenciales a la hora de comprender e interpretar un texto.

¿Qué aporta al currículo? Como comprobaremos en las próximas líneas, la dramatización en educación es una potente herramienta para la educación en valores y la educación emocional. Además, es un elemento motivacional que nos permite también desarrollar la creatividad de los alumnos, por lo que puede aportar mucho al currículo de lengua y literatura castellana. A pesar de ello, no parece ser una metodología habitual en dicha materia, y se hace poca mención de ella tanto en la Ley Orgánica de Educación (LOE, 2006) como en la actual Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE, 2013).

Haciendo un repaso a lo largo de la historia de la dramatización en el currículo en Navarra, por ejemplo, cabe mencionar que esta llegó a ser una materia optativa de ESO cuando la LOGSE entró en vigor, y se aprobó la Orden Foral 513/1994 de 26 de diciembre. En dicha Orden Foral, se precisaban el concepto, el enfoque, los objetivos y los contenidos oficiales para las materias optativas de la ESO entre las que estaba la dramatización. Pero, como hemos explicado, la dramatización era algo nuevo para muchos profesores. Es por eso que Ignacio Aranguren, director de teatro, profesor con una larga experiencia en secundaria y ganador del Premio Príncipe de Viana 2016 por su amplia trayectoria en el teatro escolar, quiso ayudar a los docentes que se aventurasen a impartirla, escribiendo una magnífica guía didáctica que publicó el Gobierno de Navarra en 1996 (Aranguren et al., 1996).

Cuando la LOE entró en vigor en 2006, la dramatización dejó de ser materia optativa y se limitó al área de lengua y literatura, en cuyo currículo (LOE, 2006) se refiere a ella solamente en el bloque de educación literaria. En dicho bloque se dice que tanto en primaria como en secundaria la dramatización puede ser una herramienta para la lectura e interpretación de textos literarios, mediante la que se favorecen las experiencias placenteras con la literatura y las recreaciones de textos. Se habla también de la dramatización como recurso para la mejora de la lectura expresiva.

En cuanto a la actual LOMCE, ley educativa que muchos han criticado por suponer un retroceso en materia cultural, creativa y artística, sorprende observar cómo se hace en esta más mención a la dramatización que en la LOE. Así pues, en el currículo de lengua castellana y literatura de todos los cursos de la ESO, se nombra tanto en el bloque de escuchar y comprender como en el de educación literaria.

En el primer bloque, uno de los criterios de evaluación es el de “reproducir situaciones reales o imaginarias de comunicación potenciando el desarrollo progresivo de las habilidades sociales, la expresión verbal y no verbal y la representación de realidades, sentimientos y emociones.” (LOMCE, 20133), objetivo que claramente se puede conseguir mediante el uso de la dramatización en clase. Además, en este mismo bloque de escuchar y comprender, uno de los estándares de aprendizaje evaluables es el que dice que el alumno “dramatiza e improvisa situaciones reales o imaginarias de comunicación”, lo que también está en total consonancia con las líneas de futuro y para la mejora de la comprensión lectora.

En el segundo bloque, el de la educación literaria, encontramos también en todos los cursos el estándar de aprendizaje evaluable que dice que el alumno “dramatiza fragmentos literarios breves desarrollando progresivamente la expresión corporal como la manifestación de sentimientos y emociones, respetando las producciones de los demás.” Aunque en la LOE también se habla de dramatizar en educación literaria, se refiere únicamente a la dramatización de textos teatrales. Lo que aquí nos parece interesante es que no se especifica el género literario, sino que se habla sólo de “fragmentos literarios”, además de que se matiza que la dramatización puede desarrollar la manifestación de sentimientos y emociones, que es una de las cosas que nosotros queremos demostrar mediante esta investigación.

Para acabar con este repaso al currículo, cabe decir que la LOMCE contempla una asignatura llamada “artes escénicas” en Bachillerato. En la introducción a esta materia, se insiste en que la dramatización no es sólo teatro, sino que es una manifestación humana que cohesiona socialmente, que desarrolla competencias comunicativas, expresivas y creativas y que no está encaminada hacia una dimensión profesional, sino que tiene el objetivo de proporcionar una formación integral al alumno.

Como decíamos, no cabe duda de que la dramatización eduque en valores, que es a día de hoy lo que más necesita la escuela según Núñez y Navarro (2007). El modelo de educación de hoy en día es un modelo basado en la competitividad y el individualismo, modelo que deja de lado la educación cívica y la educación en valores. Por eso, la educación actual debe recuperar esa dimensión relacional que necesita el ser humano y dar importancia al nivel social, emocional y al conocimiento corporal, tan castigado en la sociedad de hoy en día. En este sentido, la escuela debe mejorar las capacidades sociales del alumno y potenciar sus habilidades afectivo-emocionales y expresivas (Navarro, 2006).

Para dicho fin, la dramatización se nos presenta como recurso educativo idóneo. El drama constituye un “arte social”, ya que su forma de funcionar es el grupo, y es un medio perfecto para una buena educación emocional. Dramatizar supone verbalizar las experiencias y reflexionar, plantear cosas en torno a ellas y volver a experimentarlas. Además, esa atmósfera vivencial y motivacional de la expresión dramática da confianza al alumno y es, por eso, que comprende mucho mejor la realidad de la acción dramática. Es un espacio seguro para la exploración de ideas y sentimientos (Navarro, 2006).

Como expresa Mantovani (2002, en Núñez y Navarro, 2007), los valores se aprenden mejor si se viven, se sienten y se ven; por eso, el aprendizaje debe ser vivencial. Y según Navarro (2006), el drama es un aprendizaje vivencial fuertemente motivacional. Dice la autora que, en la nueva cultura del individualismo lo que prima es el juego individual, cosa que trae problemas sociales en los adolescentes de hoy en día. En este sentido, la dramatización se nos presenta como una herramienta que contribuye a bajar a un mismo nivel a los participantes de la comunidad escolar (sobre todo a profesores y alumnos) y construir un espacio que facilite la socialización de los participantes, mejorando de esta forma la comunicación entre ellos, lo que facilitará el aprendizaje significativo de los alumnos (Núñez y Navarro, 2007).

Además de esto, la dramatización nos da la posibilidad de llevar a cabo un aprendizaje transversal incluyendo valores como la convivencia, la igualdad o la solidaridad además de cultivar dimensiones filosóficas como la muerte, la enfermedad, o el sentido de vivir. En resumen, es necesaria en la escuela actual una educación en habilidades y actuaciones de colaboración que promueva comportamientos de construcción social para la educación en valores y la educación emocional (Núñez y Navarro, 2007).

Volviendo a la idea inicial de que la dramatización es también un elemento motivacional, podemos decir que es así porque se relaciona con el juego. La tendencia a jugar se presenta en todas las edades del ser humano, tanto en la adolescencia como en la edad adulta.

El juego permite experimentar las ideas de una forma diferente y la dramatización abre un espacio para la exploración de esas ideas. Por tanto, es una forma de entender conceptos abstractos desde vivencias particulares. Además, en el juego no hay obstáculos motivacionales ya que no hay posibles consecuencias que nos frustran, por lo que podemos ir mucho más allá sin el miedo de ser juzgados. Dicho esto, el juego se presenta como un aprendizaje donde el alumno experimenta los conceptos en diversas situaciones, y lo motiva, estimula y concentra. Por eso, la dramatización es un poderoso medio para la expresión y el aprendizaje creativo y crea un espacio donde el estudiante se siente seguro Otro aspecto importante que la dramatización aporta al currículo educativo es el relacionado con el desarrollo de la creatividad. La creatividad es un elemento necesario para desarrollarse como persona, que es el fin de toda educación. Mediante la creatividad se desarrollan los conceptos de una manera relevante, activando la mente y desarrollando las potencialidades de cada uno. Por ello, debería impregnar todo el currículo escolar, aunque parece que la escuela actual presta poca atención a su desarrollo (Núñez y Navarro, 2007).

Con el fin de ampliar el uso que se le da a la creatividad, Núñez y Navarro (2007) afirman que podemos utilizar lenguajes artísticos como recurso educativo o herramienta para el aprendizaje. En este sentido, la dramatización se nos presenta como el lenguaje artístico perfecto para dicho fin, puesto que es un conjunto de lenguajes (como son la música, la literatura, el juego, la expresión corporal, la improvisación) y ofrece la construcción compartida de ambientes, ideas y roles. Es un lenguaje creativo complejo ya que requiere la creación de nuevas respuestas y situaciones. Además, supone la herramienta idónea para que el alumno pueda expresarse y fomentar su creatividad sin tener la presión de un objetivo final, como es el caso del teatro (Cervera, 1981). Para acabar con las aportaciones al currículo que nos da la dramatización, cabe mencionar que en el sistema educativo y el modelo de enseñanza actual se hace mención constante a las inteligencias múltiples de Gardner. Según López et al. (2009), mediante la dramatización se trabajan al menos cuatro de ellas: la plástico-musical, la lingüístico- literaria, la dramática y la sonoro-musical. Con esta última idea podemos comprobar que la dramatización se presenta como un recurso educativo muy completo y que no hace más que facilitar el camino hacia el aprendizaje integral de nuestros alumnos y alumnas.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.