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Enrique Moles un químico español de brillante proyección internacional


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Enrique Moles Ormella (1883-1953) es uno de los científicos españoles más reconocidos internacionalmente en la primera mitad del siglo XX, pudiendo haber sido premio Nobel si la situación en España en esa época hubiera sido otra, pero sigue siendo incluso todavía alguien poco conocido en nuestro país, a pesar de que se hizo en 2013 el año Moles en un intento de remediarlo en el 130 aniversario de su nacimiento y en el de 60 de su muerte, posteriormente se realizó una exposición en la Universidad Complutense en el 2019 en el año internacional de la Tabla Periódica de los elementos. Incluso la mayor parte de los alumnos de Química desconocen los trabajos de precisión realizados por él y su proyección internacional cuando estudian la Tabla Periódica. La mayor prueba de ello es la sorprendente ausencia de sus referencias biográficas en los libros de bachillerato, que es el medio por el que el gran público lo llegaría a conocer.

La formación inicial de Enrique Moles fue realmente extraordinaria, se licenció en Farmacia en la Universidad de Barcelona en 1905, y realizó, nada menos que cuatro doctorados: Farmacia (Madrid, 1906); Ciencias Químicas (Leipzig, con Ostwald en 1910, especializándose en Química Física); Ciencias Físicas (Ginebra, 1916, con Guye, especializándose en Pesos Atómicos); y Ciencias Químicas (Madrid, 1922). Todo esto le permitió tener un gran número artículos científicos en español, francés o alemán en las principales revistas de su especialidad, lo que le permitió tener una gran experiencia investigadora en los últimos avances, lo que transmitió desde su cátedra desde 1927 en la Universidad Central y en sus anteriores puestos universitarios como Auxiliar.

En 1912 en una estancia de cuatro meses coincidió con Blas Cabrera en Zúrich ampliando estudios con Pierre Weiss, realizando una publicación conjunta. El Ministerio, con buen criterio, dada su experiencia en el extranjero, le hizo participar en muchos tribunales de oposición, lo que le permitió influir de manera sobresaliente en la renovación de la universidad española.

Respecto a la importancia de sus trabajos de investigación en España, fue Jefe de la Sección de Química Física en el Laboratorio de Investigaciones Físicas que dirigía Blas Cabrera desde 1912 y desde los años 30 en el Instituto Nacional de Física y Química (edificio Rockefeller). Como investigador se centró primero en la magnetoquímica, después trabajó sobre disolventes no acuosos, tanto orgánicos como inorgánicos; siendo lo esencial de su dedicación posterior el Sistema Periódico de los Elementos. Pero por lo que sería más reconocido internacionalmente fue por la determinación con elevada precisión de los pesos atómicos y moleculares por métodos fisicoquímicos (métodos gasométricos —densidades límites de los gases— en oposición a los entonces usuales gravimétricos), trabajos que inició en Ginebra con Guye. Moles se le puede considerar discípulo de José Casares Gil, y sería Blas Cabrera fue su principal defensor en la Academia de Ciencias en su ingreso en 1934.

En 1931 fue designado Secretario de la Comisión Internacional de Pesos Atómicos de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada, contribuyendo de manera destacada a la determinación con mayor precisión de los pesos atómicos de la Tabla periódica.

Desde el punto de vista organizativo revitalizó la Sociedad Española de Física y Química, siendo su presidente en 1929, manteniendo una intensa relación con la Unión Internacional de Química; fue el secretario general del IX Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC) celebrado en Madrid en 1934, que era el primero celebrado en el mundo desde 1912 (Consiguiendo reunir a científicos rusos y norteamericanos en un Congreso después de la primera guerra mundial). Es responsable también de que el elemento 74, antes denominado Tungsteno, pase a denominarse Wolframio en 1949, como lo propusieron inicialmente los hermanos Elhuyar.

En su actividad como profesor fue primero auxiliar en Barcelona de 1900-10 y en Madrid 1911-27, siendo catedrático de Química Inorgánica en la Universidad Central en el período de 1927-36. Fomentando él mismo en el aspecto docente las tesinas de licenciatura y los coloquios de química para los alumnos de doctorado, así como un aumento de la relación con la industria. Desde 1934 es miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Desde el punto de vista organizativo en la universidad asumió responsabilidades en los años 30 en el desarrollo de la recién creada Universidad Central (actual Complutense) siendo vicerrector con el equipo de Fernando de los Ríos en agosto de 1936, no dudando además en firmar un Manifiesto en defensa de la democracia junto con el rector José Gaos y otros destacados profesores tras el primer bombardeo sobre la población civil en Madrid el 31 de octubre de 1936 (publicado en El Socialista) y en 1938 fue el Director General de Pólvoras y Explosivos durante el levantamiento militar que provocó una cruenta guerra en nuestro país. En ausencia de Cabrera, exiliado, asumió la dirección del Instituto Nacional de Física y Química y mantuvo la publicación de los Anales de la Sociedad Española de Física y Química SEFQ para garantizar el intercambio de colecciones con otros países. Anteriormente en el período 1927-36 ejerció de diplomático científico en congresos y reuniones en el extranjero, tanto en Europa como en Hispanoamérica, en la plenitud de su reconocimiento como químico.

Por otro lado, realizó señaladas aportaciones a la historia de la ciencia (biografiando al botánico y químico Antonio Martí (1750-1832)), y utilizó medios de amplia difusión como la radio para tratar temas científicos con fines divulgativos.

Posteriormente cruzó la frontera, creyendo ingenuamente los mensajes de reconciliación y acogida del franquismo, siendo inmediatamente detenido y sometido a juicio, expulsado de su cátedra, condenado primero a doce años y luego a treinta, escribiendo incluso en la cárcel hasta cinco artículos científicos, saliendo por fin en libertad provisional en 1943, ya con sesenta años, pudiendo continuar sus investigaciones en los laboratorios privados del Instituto de Biología y Sueroterapia (IBYS). No pudo obtener la cancelación de los antecedentes penales hasta 1951 dos años antes de su fallecimiento. En 1952 publicó su último trabajo y al año siguiente otros tres que no tuvo tiempo de completar.

Por presiones internacionales consiguió permiso para impartir, después de diez años de aislamiento, diferentes conferencias en las Sociedades Químicas Nacionales de Bélgica, Dinamarca, Francia y Suiza, realizó su último viaje a la facultad de Farmacia y a la Universidad de la Habana en Cuba. Una prueba de su reconocimiento internacional fue que al marchar al exilio en febrero de 1939 tras la guerra civil, resultara acogido en Francia por Irene Joliot Curie (premio Nobel en 1935) donde pudo seguir con sus investigaciones en el Centro Nacional para la Investigación Científica hasta diciembre de 1941.

Su hijo Enrique Moles Conde, también farmacéutico, resultó ser su primer biógrafo, pero hasta 1980 no se presenta la primera tesis sobre Enrique Moles en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona por Raúl Berrojo. Y por fin en 2001, tras cincuenta años de su fallecimiento, ha tenido el reconocimiento de que el Premio Nacional de Investigación Química lleve su nombre (habiendo sido otorgados sólo nueve hasta la actualidad), existiendo además investigadores farmacéuticos que solicitan que se amplie el reconocimiento a su campo.

Quimico, Máster en Biotecnología y Profesor en Secundaria, FP y Universidad. Especializado en la formación del profesorado y en el diseño de los estudios en FP.

Investigador y divulgador de la historia del socialismo y del sindicalismo en educación. Realizando conferencias, exposiciones y publicaciones relacionadas sobre ellas.

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