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Desmemorias de África. Annual, 1921-2021


Carga del río Igan del Regimiento Cazadores de Alcántara 14º de Caballería en 1921, durante la Guerra del Rif. Cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau. / Wikipedia Carga del río Igan del Regimiento Cazadores de Alcántara 14º de Caballería en 1921, durante la Guerra del Rif. Cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau. / Wikipedia

A pesar de ser un acontecimiento clave de nuestra historia, un siglo después del Desastre de Annual el luto en el que se sumió España tras la debacle del ejército en Marruecos durante la Guerra del Rif ha desaparecido de la memoria del país.

Entre 1881 y 1914, en un período conocido por los historiadores como el Nuevo Imperialismo, las potencias europeas decidieron invadir, ocupar, dividir y colonizar la mayor parte de África. Aunque hubo continuas tensiones entre el Reino Unido y Francia durante la colonización del continente, en abril de 1904 ambos firmaron unos acuerdos para repartirse Egipto, que se sometió a la influencia inglesa, y Marruecos que correspondió a los franceses. La Declaración del 8 de abril de 1904, origen de la entente cordial anglo-francesa, reservaba a España un papel en la costa mediterránea de Marruecos, en la zona entre Ceuta y Melilla.

Este reconocimiento de los intereses españoles nacía de la desconfianza mutua: los franceses no deseaban que Inglaterra, que ya poseía Gibraltar, se hiciera con el control de las dos orillas del Estrecho, y los ingleses preferían no tener a Francia asentada frente al Peñón. España no llegó a Marruecos por mérito ni por voluntad propios, sino precisamente porque era una potencia pequeña y ninguna de las grandes estaba dispuesta a que otra rival controlara el lado sur del estrecho de Gibraltar y pudiese bloquear la entrada al Mediterráneo.

Intentando recuperarse de la crisis del 98, la política exterior española abandonó una larga etapa de aislamiento e inició una experiencia colonial en el norte de Marruecos de carácter subsidiario y dependiente del entendimiento anglo-francés de 1904. El desarrollo de ese tratado presidió la Conferencia de Algeciras de 1906 y el Tratado de Fez de 1912, mediante el cual el sultán de Marruecos cedió la soberanía de su país a Francia, convirtiendo su país en un protectorado.

España entró en el protectorado porque ni molestaba, ni preocupaba, ni pintaba nada y caminaba atada al ronzal francés. El llamado Protectorado español de Marruecos fue en realidad una especie de "subprotectorado", una cesión a España por parte de Francia de la administración colonial de una franja del norte del país, que representaba apenas un 5% del territorio marroquí, unos 20 000 km² que incluían la región montañosa del Rif.

El protectorado consistía en dos territorios geográficamente disjuntos del actual Marruecos: la zona norte, que incluía las regiones del Rif y Yebala, tenía frontera en el norte con las ciudades de Ceuta y Melilla y con las Plazas de Soberanía; la zona sur, Cabo Juby, lindaba con la colonia española del Sahara español al sur, y al norte con el protectorado francés con el río Draa como frontera. Fuente.

Las dos principales ciudades del protectorado en el norte de Marruecos, Ceuta y Melilla, estaban separadas por la bahía de Alhucemas y muy mal comunicadas, porque había pocos caminos pavimentados. El territorio era la sede de las cabilas rifeñas, unas tribus indómitas que sólo reconocían la autoridad religiosa del sultán, pero no la política y, por tanto, rechazaron el acuerdo ya que consideraban que Fez no tenía poder sobre el Rif.

Por eso, años más tarde, cuando el ejército español intentó adentrarse en su protectorado norte, se desencadenó la Guerra del Rif (1919-1926) entre España y las cabilas (tribus) de Jibala Gomara y Rif, las cuales, bajo el liderazgo de Abdelkrim el Jatabi (1882-1963), un antiguo traductor al servicio de España, se unieron para hacer frente a España formando un nuevo país, la República del Rif, que por primera vez unía a las cabilas rifeñas bajo una estructura de estado moderna, con una asamblea y un gobierno con sede en Axdir.

Divisiones de la Zona Norte del Protectorado español, organizadas en regiones y cabilas y con las localidades más importantes. Fuente.

En enero de 1920 se nombró al general Manuel Fernández Silvestre para el mando de la Comandancia General de Melilla. Silvestre tiene cincuenta años, es el general más joven del Ejército español y posee una larga hoja de servicios cargada de hechos heroicos de armas en Cuba. El rey Alfonso XIII tiene una especial predilección por ese general, en el que admira, y es notorio, su carácter impetuoso y su valor casi legendario. Por ello, le ha tenido durante un largo tiempo de ayudante de campo.

El nuevo comandante general de Melilla estaba obsesionado por la conquista de la Bahía de Alhucemas. Entre mayo de 1920 y junio de 1921, Silvestre protagonizó un espectacular progreso, rápido e incruento: avanzó 130 km sobre el Rif en un total de veinticuatro operaciones, estableciendo cuarenta y seis nuevas posiciones con muy pocas bajas. El 12 de marzo de 1921 completó su avance desde Melilla. Todos en España creían que se alcanzaría en breve la bahía de Alhucemas, pacificándose definitivamente el territorio. Pero tal ilusión pronto se derrumbó de manera cruenta.

Los secos afluentes de las cuencas del Kebir y del Kert marcan en dirección a la bahía de Alhucemas una serie de barrancos que Silvestre rebasó imprudentemente sin asegurar la retaguardia, adentrándose en la cabila de Tensaman y ocupando en mayo el aduar de Annual, un lugar desolado y sin agua a 50 kilómetros de Melilla y 30 de Alhucemas, batido por todas partes a tiro de fusil, donde incompresiblemente Silvestre estableció su cuartel general y concentró unos cinco mil hombres. Desde allí el general esperaba realizar el avance final sobre Alhucemas.

El 1 de junio de 1921 Silvestre ordenó ocupar la posición de Monte Abarrán, última barrera sobre Alhucemas desde donde se domina el territorio costero de la temible cabila de Beni Urriaguel. La ocupación de esta estratégica posición duró pocas horas al desertar las unidades indígenas que arrebataron al destacamento peninsular la batería artillera. A pesar de su escasa entidad, la caída de Monte Abarrán sacudió a toda la línea española como una descarga y hundió la moral de Silvestre, quien se sentía obsesivamente culpable de ser el primer general español que perdía cañones en África.

A los pocos días, con la idea de defender el campamento de Annual por el lado sur, se estableció una nueva posición en Igueriben. La posición es asediada y cae en poder del ejército rifeño el 21 de julio, salvándose solo once de los trescientos cincuenta soldados de la guarnición. Tras estos sucesos, los rifeños se dirigen a Annual. El 22 de julio la débil posición española acogía a unos cinco mil hombres. Sobre ellos iban a lanzarse unos dieciocho mil rifeños.

Annual era indefendible, así que a primeras horas de la mañana del 22 de julio se dio la orden de retirada, que comenzó a las 11:00 horas. A esas horas, las alturas del norte, que dominaban los caminos de huida ya habían sido tomadas por los rifeños. La gran mayoría de las fuerzas indígenas que las defendían se pasaron al enemigo, matando a sus oficiales españoles. Cuando las tropas españolas abandonaron el campamento, comenzaron a recibir disparos. En ese momento comenzó el caos: muchos oficiales escaparon ajenos a su deber y la retirada ordenada no tardó en convertirse en una desbandada general bajo el fuego de los rifeños. El camino entre Annual y Melilla quedó salpicado por miles de cadáveres: entre 8.000 y 13.000.

Muchos supervivientes de Annual se refugiaron en el cuartel de Monte Arruit, el lugar donde se vivió con mayor dramatismo el desastre de Annual. Allí, los supervivientes de Annual y los soldados que guarnecían el cuartel, en total unos 3.000, fueron cercados desde el 29 de julio hasta el 9 de agosto, a la espera de que las tropas de Melilla les auxiliaran. Finalmente, las tropas españolas se rindieron, pero los asediadores no cumplieron las condiciones de la rendición y fueron asesinados, algunos decapitados y muchos mutilados, una vez que entregaron sus armas.

El bochornoso y trágico escándalo del verano de 1921 entre las posiciones de Annual y Monte Arruit, que acabó con la muerte a manos rifeñas de entre 8.000 y 13.000 soldados mal dirigidos, peor pertrechados y abandonados a su suerte en una trampa mortal, explica mucho de lo que acontecería después y retrata una época crucial en la vida política de España. Este documental muestra los detalles de la batalla y sus consecuencias militares y políticas.

Es imposible entender el cisma que partió en dos al ejército español, cuyas consecuencias se mostrarían en toda su crudeza con el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, sin comprender las implicaciones del Desastre de Annual. Las campañas de Marruecos y su escandalosa ineficiencia, corrupción y pésima gestión pusieron contra las cuerdas al rey Alfonso XIII, empujaron el golpe de Estado y la dictadura del general Primo de Rivera antes de que se acabara con la rebelión de las harkas rifeñas con el Desembarco de Alhucemas (1926).

Pero los dados ya estaban lanzados, el rey, protector de Silvestre, estaba desprestigiado ante la opinión pública y rechazado por la clase política y el ejército quedaría marcado para siempre con una nueva generación de militares, los llamados africanistas, que acabaron rebelándose contra la Segunda República e iniciando la Guerra Civil. Francisco Franco, uno de esos africanistas, reclutó a cerca de 100.000 marroquíes para combatir a los españoles que defendían la Constitución de 1931. La mayoría eran rifeños. Y emplearon en la Guerra Civil la misma violencia que usaban y sufrían desde hacía décadas.

Hoy, cien años después de Annual, conviene recordar el drama de nuestro fallido intento colonial, uno de los últimos estertores de la perdida gloria imperial, que acabó como una vana ilusión y una pesadilla para los españoles que tuvieron que vivir y morir en África.

Catedrático de Universidad de Biología Vegetal de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid.

En la Universidad de Alcalá ha sido Secretario General, Secretario del Consejo Social, Vicerrector de Investigación y Director del Departamento de Biología Vegetal.

Actualmente es Director del Real Jardín Botánico de la Universidad de Alcalá. Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

En el PSOE federal es actualmente miembro del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía y responsable del Grupo de Biodiversidad.

En relación con la energía, sus libros más conocidos son El fracking ¡vaya timo! y Fracking, el espectro que sobrevuela Europa. En relación con las ciudades, Tratado de Ecología Urbana.