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CCOO ante la muerte del tirano


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El franquismo se encontraba en un proceso de descomposición, allá por 1975. El dictador estaba a las puertas de la muerte, pero la dictadura no estaba dispuesta a morir así como así. En estos días en los que conmemoramos la aprobación de la Constitución con viene recordar.

A Nicolás Sartorius, al que le cayeron 19 años de cárcel por formar parte de la cúpula de las CCOO detenida en 1972 y juzgada en el Proceso 1001, le gusta decir que los trabajadores fueron los costaleros de la democracia y que el dictador murió en la cama, pero la dictadura murió en las calles.

Tiene toda la razón el Marqués, como le llaman algunos en las CCOO, más por su elegancia, su serenidad y su buen criterio, que por razones de índole señorial derivadas de su pertenencia a una familia de la nobleza que ha dado, sin embargo, grandes y poderosos sindicalistas y abogados como Nicolás, o Jaime Sartorius, para muchos, más que primos, hermanos unidos en la defensa de los derechos de los trabajadores y trabajadoras de este país.

En aquel 1975, marcado por los efectos de la crisis del petróleo, que hacía crecer el número de parados y disparaba las tasas de inflación en torno al 20%, las CCOO, recién ganadas las elecciones sindicales, reforzaron su presencia en el sindicalismo vertical y se lanzaron a la convocatoria de asambleas que, tras la muerte del dictador, desembocaron en huelgas generalizadas a partir de diciembre y que se prolongaron a lo largo del 76. La Galerna de Huelgas que recuerda también con frecuencia Sartorius.

Sectores como la industria, los transportes, el comercio, o la enseñanza, se vieron afectados. Entre 1975 y 1977 los procesos de huelga fueron los más grandes vividos por el país desde la guerra civil. Empresas como Chrysler, METRO, Standard, Telefónica, EMT, se lanzaron a la huelga en este periodo.

Recuerdo aquel periodo porque yo hacía la mili, entre frecuentes acuartelamientos, el miedo a la Marcha Verde y la militarización a la que condujo la huelga de los transportes. Aquello hizo que algunos soldaditos tuvieran que empuñar el volante de algún autobús militarizado y llevarse por delante alguna que otra farola.

La Coordinadora de Organizaciones Sindicales (COS), integrada por UGT, CCOO y USO, intentaba organizar el descontento y las movilizaciones que exigían aumentos salariales y derechos laborales y políticos para frenar los efectos de la crisis sobre la clase trabajadora. Una crisis que producía despidos, cierres de empresas, expedientes y aumento del desempleo.

Eran tiempos de semanas enteras de huelga, fondos de solidaridad en los barrios, cajas de resistencia en las empresas, o en los sectores. Se trataba de defender a las familias en huelga que más lo necesitaban y, en casos de largos conflictos, a todos los trabajadores de la empresa.

El dinero salía de recaudaciones en empresas cercanas, o del sector, de colectas en las iglesias del barrio, o entre el vecindario. La policía tenía instrucciones de detener a diestro y siniestro para que los jueces aplicaran fianzas sustitutorias del ingreso en prisión, imponiendo multas sin cesar, de forma que no hubiera caja de resistencia capaz de aguantar tamaña sangría.

En semejantes situaciones los dirigentes más comprometidos optaban por ingresar en prisión y no consumir esos fondos de solidaridad. El resultado de los procesos de movilización fue la consecución de algunas de las reivindicaciones y, en muchos casos, la readmisión de los despedidos.

Las CCOO salieron reforzadas frente a la autoridad y en su capacidad organizativa. También contribuyó a este resultado el que, en lo político, la Junta Democrática, vertebrada en torno al PCE y la Plataforma Democrática, organizada en torno al PSOE, confluyeran en la denominada Platajunta. Un proceso que se vio acompañado de la caída del Presidente del Gobierno Arias Navarro y su sustitución por Adolfo Suárez.

El Régimen estaba al borde del colapso, el sindicato vertical se encontraba en un proceso de descomposición y los trabajadores confiaban cada vez más en las Comisiones Obreras. Era momento de tomar decisiones. La democracia llegaría pronto y, con ella, la libertad sindical, la legalización de los partidos y de los sindicatos.

Las CCOO, de forma cada vez más imperiosa, necesitaban superar la fase de movimiento sociopolítico, para afrontar su futuro, como organización sindical. Esta decisión conduciría a la constitución de la Unión Sindical de Madrid Región de las CCOO. Pero eso será ya otro capítulo.

Maestro en la Educación de Adultos, escritor y articulista en diferentes medios de comunicación. Fue Secretario General de CCOO de Madrid entre los años 2000 y 2013, años duros de corrupción y miseria política antisindical. Durante los cuatro años siguientes fue Secretario de Formación de la Confederación Sindical de CCOO.

Patrono de las Fundaciones Ateneo 1º de Mayo y de la Abogados de Atocha. Ha publicado varios libros, entre los que se encuentran El Madrid del Primero de Mayo, el poemario La Tierra de nos Nadie, o Cuentos en la Tierra de los Nadie. Ha sido ganador de más de veinte premios de poesía y cuento, en diferentes lugares de España y América Latina.

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