"El partido que en España ha figurado a la cabeza de la revolución es el llamado progresista. ¿Cuáles son sus principios y sistemas, cuál su situación? [...] Guerra a todas las ideas antiguas, guerra a todos los hechos [...]. En España han sido necesarias tres revoluciones: la de 1812, de 1820 y 1834. A la tercera ha triunfado, pero mintiéndose en cierto modo a sí misma, escudándose con el trono, aprovechándose de una guerra de sucesión e identificando su causa con una dinastía [...]. El partido progresista, en 1840, sintiéndose débil, buscó un apoyo, identificó su suerte con la de un soldado: error fatal, casi siempre sin remedio. La fuerza vive de la fuerza, y muere a manos de la fuerza, y cuando ella se ha entronizado, las doctrinas de un partido han cesado de ejercer acción vital, sus sistemas han caducado: en llegando a este punto, no suele haber otro recurso que abrazarse con el ídolo para vivir o morir con él. Espartero era sin duda de escasa comprensión política; pero aun así y todo, era una necesidad para el partido que le había decretado ovaciones y encumbrádole a la Regencia.