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¿El arte generado por la IA es realmente creativo? Depende de la presentación


  • Escrito por Leah Henrickson y Simone Natale
  • Publicado en H+ Prospectiva
(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)
Guy Bell Guy Bell

Ai-Da está sentada detrás de un escritorio, con el pincel en la mano. Mira a la persona que posa para ella y luego vuelve a mirar hacia abajo mientras echa otra mancha de pintura en el lienzo. Un retrato realista está tomando forma. Si no supieras que lo ha hecho un robot, este retrato podría pasar por la obra de un artista humano.

Ai-Da se presenta como el "primer robot que pinta como un artista", y en la Bienal de Venecia se inauguró una exposición de su obra titulada Leaping into the Metaverse.

Ai-Da realiza retratos de sujetos sentados utilizando una mano robótica unida a su figura femenina realista. También es capaz de hablar, respondiendo detalladamente a preguntas sobre su proceso artístico y su actitud hacia la tecnología. Incluso dio una charla TEDx sobre "La intersección del arte y la IA" (inteligencia artificial) en Oxford hace unos años. Aunque las palabras que pronuncia están programadas, los creadores de Ai-Da también han experimentado con la posibilidad de que escriba e interprete su propia poesía.

Pero, ¿cómo debemos interpretar la producción de Ai-Da? ¿Debemos considerar sus pinturas y poesías originales o creativas? ¿Son realmente obras de arte?

El arte es subjetivo

Lo que los debates sobre la IA y la creatividad suelen pasar por alto es el hecho de que la creatividad no es una cualidad absoluta que pueda definirse, medirse y reproducirse objetivamente. Cuando describimos un objeto -por ejemplo, el dibujo de un niño- como creativo, proyectamos en él nuestras propias suposiciones sobre la cultura.

De hecho, el arte nunca existe de forma aislada. Siempre necesita que alguien le dé la categoría de "arte". Y el criterio para determinar si algo es arte depende tanto de las expectativas individuales como de las concepciones culturales más amplias.

Si extendemos esta línea de pensamiento a la IA, se deduce que ninguna aplicación de IA o robot puede ser objetivamente "creativo". Siempre somos nosotros, los humanos, los que decidimos si lo que la IA ha creado es arte.

En nuestra reciente investigación, proponemos el concepto de "efecto Lovelace" para referirnos a cuándo y cómo máquinas como los robots y la IA se consideran originales y creativas. El efecto Lovelace -llamado así por la matemática del siglo XIX a la que se suele llamar la primera programadora de ordenadores, Ada Lovelace- desplaza el foco de atención de las capacidades tecnológicas de las máquinas a las reacciones y percepciones de esas máquinas por parte de los humanos.

El programador de una aplicación de IA o el diseñador de un robot no sólo utilizan medios técnicos para que el público vea su máquina como algo creativo. También lo hace a través de la presentación: cómo, dónde y por qué interactuamos con una tecnología; cómo hablamos de esa tecnología; y dónde sentimos que esa tecnología encaja en nuestros contextos personales y culturales.

En el ojo del espectador

Nuestra percepción de Ai-Da se basa en varios indicios que sugieren su condición de "humana" y "artista". Por ejemplo, la figura robótica de Ai-Da se parece mucho a la de un ser humano; incluso se la llama "ella", con un nombre que suena femenino y que sugiere no tan sutilmente una influencia de Ada Lovelace.

Esta feminidad se ve reforzada por el corte recto que enmarca su rostro (aunque en el pasado ha lucido otros peinados extravagantes), las cejas perfectamente arregladas y los labios pintados. De hecho, Ai-Da se parece mucho al extravagante personaje del título de la película de 2001 Amélie. Es una mujer que hemos visto antes, ya sea en el cine o en nuestra vida cotidiana.

Ai-Da también viste prendas convencionalmente "artísticas", como monos, patrones de tejidos mixtos y cortes excéntricos. Con esta vestimenta, produce cuadros que parecen haber sido realizados por un ser humano, y que a veces se enmarcan y exponen entre obras humanas.

También hablamos de ella como lo haríamos con un artista humano. Un artículo de The Guardian, por ejemplo, anuncia "el estreno mundial de su exposición individual en la Bienal de Venecia de 2022". Si no supiéramos que Ai-Da es un robot, podríamos apreciar su obra como la de cualquier otro artista.

Algunos pueden considerar que las pinturas producidas por robots proceden de ordenadores creativos, mientras que otros pueden ser más escépticos, dado que los robots actúan siguiendo claras instrucciones humanas. En cualquier caso, las atribuciones de creatividad nunca dependen únicamente de las configuraciones técnicas: ningún ordenador es objetivamente creativo. Más bien, las atribuciones de creatividad computacional se inspiran en gran medida en los contextos de recepción. En otras palabras, la belleza está realmente en el ojo del que mira.

Como muestra el efecto Lovelace, a través de determinadas señales sociales, el público es inducido a pensar en la producción como arte, en los sistemas como artistas y en los ordenadores como creativos. Al igual que los marcos que rodean las pinturas de Ai-Da, los marcos que utilizamos para hablar de los resultados de la IA indican si lo que estamos viendo puede llamarse arte o no. Pero, como ocurre con cualquier obra de arte, la apreciación de los resultados de la IA depende, en última instancia, de la propia interpretación.

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