Es de suponer que no haya controversia en la necesidad de la denominación de estas elecciones próximas como las “elecciones Maricarmen”, con la etiqueta impuesta por la fuerza de la realidad del desahucio de la anciana de Sáinz de Baranda, reinterpretada y revisada la salida de la casa de siempre de Maricarmen por la visión empresarial, quién sabe si rehumanizada, por los propietarios del inmueble. Antes del desahucio la posibilidad de comicios era remota, al albur del instinto del presidente Sánchez, entre el rapto y la intuición, muchas veces demostrado como capaz de puntuar en el marcador de los éxitos.