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Ortografía en la universidad: no es solo cuestión de imagen


  • Escrito por Alberto Escalante Varona
  • Publicado en Educación
(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)
Shutterstock / Andrey_Popov Shutterstock / Andrey_Popov

La ortografía continúa siendo el caballo de batalla para el profesorado. No solo en las etapas de Primaria y Secundaria, sino cada vez más en la Educación Superior. Diversos estudios prueban lo que el profesorado percibe día a día en el aula universitaria: que las faltas ortográficas son cada vez más abundantes en las pruebas escritas. Y es una carencia muy difícil de revertir en el alumnado ya adulto.

Esta falta de competencia ortográfica no concuerda con los altos índices de alfabetización y escolarización de nuestro país. Aun así, puede explicarse por un escaso hábito lector del alumnado universitario.

La pérdida del hábito lector

El objetivo de la educación lectora es que el alumnado adquiera estrategias de decodificación del texto y desarrolle su capacidad de interpretación de lo leído.

La lectura, además, fija visualmente en nuestra mente la ortografía de las palabras y permite asimilar su significado dentro del texto completo.

Varios estudios demuestran que el alumnado de Primaria desarrolla una costumbre lectora adecuada, tanto en horas de lectura como en gusto por esta actividad.

Pero esto empeora gradualmente y con rapidez durante la Secundaria y el Bachillerato. Esta falta de práctica lectora continúa en la Universidad, y repercute en una peor competencia lectora.

Aunque el currículo educativo establece como un objetivo principal el fomento de la lectura, esto no se traduce siempre en una práctica académica que luego se traslade a la vida cotidiana del alumnado.

La importancia de la ortografía

¿Por qué se le da tanta importancia a la enseñanza de las normas ortográficas? Los motivos pueden resumirse en los siguientes aspectos:

  1. Son un instrumento comunicativo. La norma ortográfica es panhispánica y da coherencia y unidad a todas las variantes del español escrito en todo el mundo. Esto nos permite hacernos entender y comprender a cualquier hispanohablante.

  2. Son un instrumento de imagen. Garantizan una buena percepción de nuestra persona ante aquellos con quienes nos comunicamos, lo que afecta a que nuestro mensaje se comprenda o perciba de la manera que queremos.

  3. Son un instrumento punitivo. El incumplimiento de las normas ortográficas impide superar con éxito pruebas de acceso a diferentes cuerpos profesionales: EBAU, exámenes universitarios, fuerzas de seguridad del Estado, oposiciones a la Administración, etc.

Por tanto, una ortografía correcta es un requisito en muchos contextos si queremos que nos entiendan correctamente y sin ambigüedades. Es un código de comunicación social que se transmite principalmente a través del sistema educativo y los medios de comunicación escrita.

La importancia de la estandarización ortográfica

La lectura es siempre un acto de decodificación de un mensaje que se nos presenta por escrito. Las letras son, en primer lugar, una representación de los sonidos que pronunciamos. Por tanto, la norma ortográfica académica es una forma de codificar el habla.

Las normas ortográficas son un estándar convencional. La Asociación de Academias de la Lengua Española, en su Ortografía de 2010, consideró necesario regular el plano ortográfico porque “la letra escrita diluye y oculta la variación del sonido, las variaciones dialectales, diastráticas y diafásicas, e ideológicamente se construye como ese lugar de encuentro propio de la comunidad castellanohablante”.

Es decir, es más fácil crear un estándar común para la escritura de más de 500 millones de hispanohablantes que para su oralidad, porque a través de lo escrito se “disimulan” todas las posibles formas de hablar que son propias de cada región o país, grupo social o situación comunicativa.

El lenguaje coloquial escrito

Las normas ortográficas convencionales no son el único código posible para la lengua escrita. También podemos entender mensajes a pesar de sus errores ortográficos. Por redes sociales (WhatsApp, Twitter, Instagram…) empleamos abreviaturas, extranjerismos o vocabulario coloquial.

Incluso “perdonamos” que otros cometan faltas de ortografía si son personas cercanas (como familiares o amigos), si son jóvenes, si no han recibido una formación académica o si, simplemente, consideramos que el medio o el contenido del mensaje son informales.

Así, muchas otras formas de escritura informal son efectivamente incorrectas si aplicamos la norma académica (recordemos: es convencional). Pero no son errores en contextos en los que quienes escriben y leen pueden descifrarlas. En redes sociales, el incumplimiento de la norma ortográfica no suele afectar a la comunicación, ni implica siempre proyectar una mala imagen, y nunca se penaliza.

Shutterstock / Patrick Daxenbichler

Ni secundaria ni elitista

Esto no implica que la norma ortográfica tenga una importancia secundaria, ni se trata de menospreciarla como “elitista”. Hay que comprenderla como lo que es: un código más de comunicación, y fundamental en nuestra sociedad alfabetizada y letrada.

El alumnado de Primaria y Secundaria debe aprender a comunicarse en sociedad. Por ello, debemos enseñarle a manejar el código escrito que tendrá que aplicar en muchos ámbitos formales de su vida fuera del aula: en un examen, una instancia, una carta, un correo electrónico… Debe entender que en la vida hay contextos formales en los que tendrá que escribir siguiendo la norma ortográfica académica, y otras situaciones informales en las que no.

Eficacia comunicativa en ámbitos formales

No se trata de censurar por defecto las faltas de ortografía en el alumnado, sino de hacerle comprender que son errores en muchas situaciones habituales y cotidianas. Que no son solo una cuestión de imagen pública, sino también de eficacia comunicativa. Y que una mala competencia ortográfica va unida irremediablemente a una deficiente competencia de lectura y escritura en los ámbitos formales: entre ellos, los educativos.

La educación superior debe formar a su alumnado para comunicarse en entornos formales y especializados del mercado laboral y la vida adulta, y fomentar la lectura de textos adecuados. Especialmente en el caso de los futuros docentes que estudian el grado de Educación.

Los textos en la universidad

Pero no se trata de que trabajemos únicamente la comprensión de contenidos y temas. Debemos enseñar a detectar y analizar los rasgos lingüísticos de dichos textos y fomentar una actitud constructiva ante la lectura. Los errores ortográficos no deben reconocerse y corregirse desligados del texto, sino en el sentido general de una palabra, oración o párrafo. Las faltas de ortografía son incorrecciones en el uso, no por sí mismas.

El alumnado universitario ya ha memorizado durante años las normas ortográficas: démosles ahora un sentido. Solo practicando de forma reflexiva con la teoría se podrá orientar a los alumnos de Primaria y Secundaria para que hagan lo contrario: para que aprendan por descubrimiento la norma.

Esa puede ser la clave para trabajar la ortografía en los grados en Educación, de donde saldrán los responsables de que las generaciones futuras puedan seguir comunicándose correctamente en sociedad.


En la elaboración de este artículo ha participado Leticia Gándara, profesora de Lengua Española. The Conversation


Alberto Escalante Varona, Profesor sustituto. Departamento de Filologías Hispánica y Clásicas. Área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Universidad de La Rioja

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation

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