El proceso de creación de las democracias populares a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial fue, en realidad, una sovietización, si se nos permite el término, de un conjunto de Estados europeos, y que culminaría en el año 1948 con la toma por el poder en Praga por los comunistas vinculados al Kremlin. Checoslovaquia fue el último país en este proceso, ya que Polonia, Hungría, Rumania, Bulgaria y Albania, en procesos similares, pero de forma más rápida, ya habían caído en la órbita soviética, comprometiéndose claramente su independencia real. El caso yugoeslavo fue especial, como también lo sería el de la RDA. En cuatro años, después de la derrota nazi, los países señalados conformaron el bloque conocido como el de las democracias populares. El proceso que condujo a la implantación de este modelo político y social ha sido considerado por algún historiador como una media revolución, y una media conquista, algo bastante inaudito.