Corsarios y patentes de corso
Aunque los términos de corsario y pirata se suelen emplear de forma indistinta, en realidad no eran lo mismo. Ambos atacaban y obtenían botines de los barcos que apresaban, pero mientras el pirata actuaba por cuenta propia, el corsario lo hacía con una especie de licencia –patente de corso- que le otorgaba su monarca u otra autoridad que le permitía actuar con una serie de condiciones, por lo que era un instrumento a su servicio. Los corsarios podían hacer mucho daño al comercio de una potencia enemiga. El fenómeno del corso –término que procede del latín, “cursus”, carrera- fue muy importante, especialmente, en el Mediterráneo, entre los siglos XII y XVI. El corso fue practicado por casi todas las potencias, ya fueran musulmanas, ya cristianas. Con el descubrimiento de América el corso pasó al Océano Atlántico. Los principales corsarios de los siglos XVI y XVII fueron ingleses y holandeses, fenómeno que tiene relación con el deseo de sus gobiernos de romper el monopolio comercial castellano.
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