"Aunque nuestra teoría señale que es una importancia vital atribuir a los organismos centrales ciertos poderes de dirección, hoy dia confiados en su mayor parte a la iniciativa privada, ello no significa ni mucho menos un amplio dominio de la actividad económica. En lo que respecta a la propensión de consumir, el Estado se dirigirá a ejercer sobre ella una acción, a través de su política fiscal, mediante la determinación de la tasa de interés y tal vez también por otros medios. En cuanto al flujo de las inversiones, es poco probable que la influencia de la política bancaria sobre la tasa del interés baste para acelerar su valor óptimo. Asimismo, pensamos que una amplia socialización de las inversiones se revelará como el único medio de asegurar en lo posible el pleno empleo, lo que no quiere decir que haya que excluir los compromisos y todo género de fórmulas que permitan al Estado cooperar con la iniciativa privada. Pero fuera de esto, no se ve ninguna razón evidente que justifique un socialismo de Estado que abarque la mayor parte de la vida económica de la comunidad. El Estado no tiene interés de encargarse de la propiedad de los medios de producción. Si es capaz de determinar el volumen global de los recursos consagrados al incremento de estos medios, y de la tasa de interés de la remuneración asignada a sus poseedores, habrá realizado todo lo necesario. Las medidas de socialización pueden por lo demás ser aplicadas de una manera gradual y sin trastornar las tradiciones generales de la sociedad (...).