Siempre nos quedará París
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Editoriales
Gana Macron, el todavía presidente del centro derecha liberal europeísta, en la primera vuelta de las elecciones francesas, pero con una menor participación, aunque a diferencia de las encuestas supera a la ultraderecha de forma más nítida que en las anteriores presidenciales. La compleja gestión de la pandemia y los vientos de la guerra en Ucrania no parecen haberle pasado factura.
Pierde la ultraderecha, dividida entre Le Pen y Zemmour aunque se confirma como una amenaza muy seria para la segunda vuelta. La división entre una Francia abierta, europea y cosmopolita y otra con miedo al futuro y obsesionada por la pérdida de identidad. En el trasfondo el malestar provocado por el desempleo, la precariedad y la crisis agraria e industrial, a lo que se suma el deterioro de los servicios públicos, el auge del individualismo de la sociedad digital y la desconfianza y la desafección, en particular de los jóvenes, en relación a cualquier representación social y política. La crisis de lo público.
Mientras tanto, la izquierda de Melenchon se queda a solo dos puntos por detrás de la ultraderecha, rompiendo con los malos augurios y demostrando las grandes posibilidades de la unión de las izquierdas, aunque también los límites del personalismo.
Hay quienes ya se apresuran a decretar la defunción de los partidos tradicionales, aunque estos sigan muy presentes en el territorio, demostrándolo en cada una de las elecciones regionales y locales.
Pero, a diferencia de España, todos los partidos hasta la derecha tradicional proponen ahora que no se vote a la ultraderecha en la segunda vuelta. En Francia sí se mantiene y se consolida la estrategia del cordón sanitario.
Sin embargo, en España el PP, después de varios acuerdos de investidura en CCAA y municipios la última legislatura, con los que tampoco ha garantizado la estabilidad, pero que sí han significado una plataforma para la normalización de los programas machistas y xenófobos de la ultraderecha, la derecha del PP pacta el primer gobierno de coalición con la ultraderecha. Habrá quienes en un nuevo ejercicio de cinismo político lo equiparen a los acuerdos con Unidas Podemos y a los apoyos del nacionalismo y el independentismo. La diferencia es que ninguno de estos últimos reconoce otra soberanía que la de los ciudadanos ni se proponen ilegalizar a sus adversarios políticos como sí lo hace la ultraderecha. En Valladolid comienza la sesión de investidura del presidente de la Junta de Castilla y León con un acuerdo de gobierno que incluye, además del Presidente de las Cortes, una vicepresidencia sin cartera y tres consejeros. Aunque lo peor son las líneas y las acciones pactadas que incluyen retrocesos en materias tan sensibles como la memoria democrática, el retroceso en los derechos de las mujeres frente a la violencia machista, la libertad de enseñanza o la integración de los inmigrantes.
A todo esto, el nuevo presidente del PP, aunque no asista a la sesión de investidura del Sr Mañueco por razones de agenda, dice que no tiene ningún problema para hablar con Vox. La derecha española es diferente. Unos en Valladolid siguen normalizando a la ultraderecha mientras otros en París la aíslan y la combaten.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.
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