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Un crimen contra la paz y un error geopolítico


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La invasión de Ucrania está en marcha y con ella una nueva guerra en el corazón de Europa de incalculables consecuencias humanas y geopolíticas. Unos primeros días con una resistencia mayor de la esperada, labrada en la ya larga guerra del Donbás, que puede dificultar la estrategia de guerra relámpago ideada por Putin para acabar con su capacidad militar y cambiar al gobierno del presidente Zelensky por otro más afín a los intereses geoestratégicos rusos. La demostración de las inesperadas resistencia y solidaridad es que a las primeras de cambio Rusia acaba de anunciar que ha puesto en alerta sus capacidades de respuesta nuclear. Un crimen y además un error.

Se trata de un crimen contra la paz y una vulneración flagrante del derecho internacional, de los derechos básicos a la independencia y a la soberanía de un Estado independiente como Ucrania. Algo que no tiene ninguna excusa ni en el nacionalismo granruso ni en los incumplimientos de los compromisos de no ampliación de la OTAN al este y ni siquiera de los más recientes acuerdos de Minsk.

El Presidente Putin es el único culpable de la invasión y de la guerra actual, aunque la estrategia de la OTAN tenga tantos o más cadáveres en el armario y haga ya tiempo que ha actuado de forma irresponsable con la seguridad global en Europa. Nada nuevo, por otra parte. Una guerra reiteradamente anunciada, que a pesar de los informes y las amenazas no nos hemos querido creer hasta el estallido de las bombas y la crudeza de las imágenes de víctimas y de refugiados, como también nos ha ocurrido recientemente con el inicio de la pandemia. Otra crisis analógica en una época digital en que ya solo nos creemos nuestro propio relato y nos consideramos poco menos que inexpugnables en medio de la incertidumbre. El relato que antecede a la guerra y la propaganda que luego la alimenta, que nos ha dejado inermes para prevenir, dialogar y adoptar medidas para evitar el conflicto. Queda por saber si las duras sanciones adoptadas y la apertura de negociaciones entre agresor y agredido contribuirán ahora a pararla.

A todo esto, llama la atención la respuesta de Europa que había venido siendo tratada por parte de unos y de otros como menor de edad desde el inicio del conflicto, y que sin embargo ahora ha adoptado un paquete progresivo de contundentes medidas económicas, políticas e incluso de envío de de armamento a Ucrania por encima de lo que se consideraban sus posibilidades y también de sus actuales competencias en materia de seguridad. Lo mismo ha ocurrido con la masiva respuesta de la sociedad civil contra la guerra en primer lugar en la mayor parte de las capitales europeas, pero incluso en Bielorrusia y en Rusia sobreponiéndose al miedo y a la represión.

Una guerra que, al contrario de lo que parecían ser las intenciones últimas de la Rusia de Putin, ha extendido la sensación de desprotección en particular a los no alineados y que por tanto revitaliza en el norte de Europa a una OTAN, que en palabras de Macron se encontraba casi moribunda, y por extensión amplía la dinámica de bloques militares en el mundo.

Además, la invasión y la guerra en Ucrania puede significar también el final de la paz caliente y del actual orden internacional, monopolizado en los últimos años por los EEUU y por sus guerras e invasiones preventivas, avanzando los primeros pasos hacia un nuevo orden bipolar entre la OTAN y la alianza Chino-rusa, que a diferencia de la lógica de la guerra fría no representan bloques ideológicos sino bloques de poder entre la globalización de las corporaciones y la globalización de los Estados, dentro del mismo sistema capitalista. Una situación inestable de transición que sin la recuperación del respeto al derecho internacional y la recuperación del diálogo y de los acuerdos de limitación de armamentos nos empuja a la lógica de la fuerza y al abismo de la guerra nuclear.

 

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.


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