La pulsión negacionista de las derechas españolas
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Editoriales
"La derecha española es, sin lugar a dudas, la derecha más negacionista, solo comparable a la derecha americana trumpista y bolsonarista".
La sequía que no cesa es una de las demostraciones más evidentes de la aceleración del cambio climático, ahora ya lisa y llanamente como emergencia climática. Dentro de ésta y adelantada a su tiempo ha comenzado con la misma fuerza la temporada de los incendios devastadores en el norte de España y particularmente en Asturias. A pesar de todo ello, el gobierno andaluz de la derecha va a la contra de cualquier principio de precaución y de la mínima prudencia política.
Por una parte con la pretensión de legalizar el incremento de regadíos en el parque nacional de Doñana. Así, el futuro de Doñana se encuentra cada día en una situación de mayor nivel de riesgo, todo ello a pesar de que las lagunas y las marismas de Doñana se están secando. Por otro lado, la oposición conservadora en Asturias y en otras CCAA pone en duda que la cadena de incendios prematuros sea como efecto del cambio climático, del despoblamiento y de la mano del hombre, para atribuírselos en exclusiva a los problemas de la gestión del gobierno de los gobierno como el del Principado.
El Gobierno andaluz pretende aprobar por la vía de urgencia una norma en contra de la evidencia científica, vulnerando las competencias del Estado en los parques nacionales y mirando para otro lado ante las repetidas advertencias de la Comisión Europea. Todo ello para beneficiar a un grupo minoritario de infractores que lleva años expoliando el agua de manera ilegal y que por mucho que lo pretendan no representan al sector agrario andaluz al que el gobierno andaluz dice que van dirigidas las mencionadas medidas.
El gobierno del PP andaluz, de acuerdo con la ultraderecha, pretende seguir adelante con el proyecto de declarar la amnistía de los regadíos ilegales en el entorno del parque nacional. La medida podría llevar al parque nacional al borde de la extinción. Tampoco se vislumbra el interés electoral en un puñado de municipios a cambio de enajenarse el voto de la derecha moderada.
En definitiva, ni en uno ni en otro caso estamos ante nada nuevo: La pulsión de la derecha hacia el negacionismo continúa y no se reduce a los efectos del cambio climático, sino que se extiende a la reciente pandemia y a los determinantes de la salud pública como la precariedad sociolaboral, la contaminación y los estilos de vida como el tabaco y las adiciones.
Sin embargo, el coqueteo de la derecha con la negación de cualquier evidencia científica en materias como el cambio climático o la salud pública se reforzó con su posición ambivalente sobre las medidas de salud pública adoptadas frente a la extensión de la pandemia, para posicionarse a favor de una concepción egoísta de la libertad de consumo y de movimientos, en particular en la Comunidad de Madrid, tanto en el ámbito político como en el de la propia justicia y del Tribunal Constitucional. Un hecho sin parangón en Europa. La derecha española es, sin lugar a dudas, la derecha más negacionista, solo comparable a la derecha Americana trumpista y bolsonarista.
Es la misma derecha que cuestionó también las mínimas medidas de ahorro energético en el sector comercial promovidas por la Comisión Europea frente a las consecuencias de la guerra en Ucrania, aduciendo las motivaciones más disparatadas sobre una supuesta afectación del pequeño comercio y sobre el posible incremento de la inseguridad ciudadana en las calles, que finalmente no se produjeron.
Se trataba de un capítulo más de su negativa a la política de descarbonización de la Comisión Europea y una nueva muestra de su resistencia a las medidas de transición energética en favor del ahorro y las energías limpias.
Aunque la cosa tampoco ha quedado ahí, sino que la derecha ha mantenido una posición oportunista sobre los incendios recientes en la cornisa cantábrica como uno de los últimos capítulos del relato negacionista. Precedido también por la misma actitud imprudente en los incendios del verano pasado.
Sin embargo, nos encontramos ante un negacionismo selectivo, que por contra se convierte en profecía apocalíptica con respecto a la marcha de la economía. Precedida por el cuestionamiento de cualquier dato favorable de la realidad económica. La paradoja es, por tanto, la agitación del catastrofismo económico y sin embargo el negacionismo en todo lo demás. Sobre todo ante las verdaderas catástrofes y las políticas de emergencia en particular.
El problema de la derecha española, en la línea de la derecha trumpista, es que niega las verdaderas catástrofes y la prioridad de las políticas de emergencia, para inventarse una realidad alternativa construida en base a teorías de la conspiración, bulos y fake news del nacional populismo, frente a las que se presenta como única salvadora.
Por eso la decisión de Ferrovial, compañía ligada al desarrollismo franquista donde las haya, de cambiar su sede de España a los Países Bajos con el bulo de la inseguridad jurídica, no ha provocado en la derecha la mínima reacción patriótica que se esperaba.
Porque puestos a escoger entre la globalización capitalista y la defensa de la patria para la derecha ha prevalecido la cartera de valores. Y es que a la derecha patriótica nada le ha impedido defender la gran evasión fiscal de Ferrovial a los Países Bajos. Contra el gobierno rojo, cuanto peor mejor.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.