Se evidencian signos de que la más acendrada ortodoxia económica reaparece con fuerza. Las posiciones del gobierno alemán y del francés (con crecimientos anémicos y dificultades en la deuda pública, sobre todo en el segundo caso), por ejemplo, van en una línea disruptiva, en relación con las políticas económicas implementadas, con oscilaciones, desde 1945. Los mensajes se acumulan: se afirma que el gasto público galo es excesivo, que el Estado del Bienestar germánico es inviable, que todo conduce a una deuda pública inasumible, y que se deben atenuar las medidas tributarias. La narrativa se esparce en la Unión Europea, al tiempo que se sustenta la importancia de incrementar el gasto militar, hasta el 5% del PIB. Todos los países, con la excepción de España, se han declarado –al menos nominalmente– de acuerdo con esto, para agradar las peticiones de Donald Trump. Error mayúsculo.