Vivimos una situación de emergencia. En el terreno económico, la inflación está desballestando muchas costuras del tejido social, del propio tejido económico. Las guerras en Europa y en la franja de Gaza, con la tensión implementada en los precios de la energía, está contribuyendo de manera decisiva a que eso sea así. Observemos, muchas veces impotentes, un estado económico cuyas esquirlas sociales se están trasladando al propio estado de ánimo de la población y de los agentes económicos y sociales. Los datos económicos disponibles para Europa y para España, en términos generales, no son negativos: las cifras del mercado laboral, las de crecimiento económico o las de recaudación fiscal, son indicativas de que no nos encontramos, por el momento, en una fase de estanflación. Ni en un estado de apocalipsis económica, como determinados medios y analistas están divulgando. Sólo emerge, y no es poco, el alza de unos precios, cuyo abordaje se está trabajando desde la Unión Europea y desde el gobierno de España.