El chorrito
Muchos años después de que unos bueyes araran por sí mismos el labrantío de Juan de Vargas, mientras Isidro -dicen que de Merlo- rezaba, o que una cabeza de carnero sirviera para descubrir al asesino de un sacerdote al transmutarse en la cabeza de su víctima, la Villa y Corte sigue siendo tierra de portentos y personas milagreras.
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