Niño Becerra, Lacalle, Rallo, son algunos de los economistas que llevan años anunciando cataclismos. No son los únicos nombres que están en esa tesitura. Su anuncio es, con algunas diferencias entre ellos, que la economía española y la economía mundial se encaminan sin remedio hacia el precipicio. Más aún: hacia el apocalipsis. El remedio, y esto es una deducción lógica, sería que se produjera un cambio de gobierno, en el caso español. Cada año, invariablemente, publican un libro en el que recogen, con nuevos bríos, el mensaje central que les unifica: el tremendismo económico. Mientras uno preconizaba, en el estallido de la pandemia, que la tasa de paro en España llegaría al 30% y que dos de cada tres pymes desaparecerían; otro aventuraba que una gravísima recesión va a llegar en pocos años. Si uno trata de adentrarse en sus trabajos, observa que buena parte de esas premoniciones se sustentan sobre intuiciones muy subjetivas e ideologizadas más que sobre sólidas bases empíricas.